A comienzos del presente siglo existía una enorme expectación, en todo el mundo, en torno a la inminente llegada al Polo Norte de algún explorador temerario.
Los hombres amantes de la aventura se habían ido aproximando gradualmente a ese punto situado a escasos cien kilómetros del polo geográfico. Cada año lograba alguien alcanzar un punto más septentrional, una vez rebasado el Círculo Polar Ártico, línea imaginaria que pasa por Alaska, Islandia, el norte de Escandinavia y Siberia. Se especulaba en los centros científicos acerca de cuándo sucedería la proeza.
La conquista del Polo Norte
Y fue entonces cuando se extendió por todas partes la noticia de que el estadounidense Robert E. Peary afirmaba haber llegado al Polo Norte el 6 de abril de 1909.
Pero las polémicas surgieron desde el principio: un hombre, también estadounidense, apareció entonces para negar la hazaña de Peary. Declaró que a él tendrían que reconocerle el gran mérito de haber llegado antes que nadie a la meta.
El fraude de Frederick A. Cook
Su nombre era Frederick A. Cook. Los expertos dudaron de sus palabras, a pesar de que el individuo había realizado ya importantes exploraciones muy al norte, más allá del Círculo Polar Ártico. Consideraron que no aportaba a su reclamación pruebas suficientes que demostrasen haber llegado antes que nadie al Polo Norte.
Cook murió algún tiempo después en la cárcel, cuando purgaba una condena por fraude cometido en los servicios postales. Con su salida de la escena se acabaron las discusiones entre sus partidarios, que eran muchos, y los de su rival, que eran más y muy influyentes en la política.
Las amistades influyentes de Peary
Entre los grandes amigos de Peary se contaba la 'National Geographic Society', que había patrocinado su expedición.
Ante las continuas dudas, la sociedad pidió al explorador polar británico Wally Herbert que organizara un viaje para investigar y tratar de reproducir los pasos dados por el explorador. La gente comenzaba a dudar seriamente de Peary.
La investigación de Wally Herbert
El informe presentado por Herbert tardaría años en ver la luz. Finalmente fue publicado en septiembre de 1988, causando un gran revuelo, coincidiendo con el centenario de la 'National Geographic Society'.
Tres años antes, en su libro The Noose of Laurels: The Discovery of the North, ya había adelantado sus conclusiones:
Peary se habría quedado a unos cien kilómetros del Polo Norte.
Contradicciones y errores
Herbert encontró numerosas contradicciones al analizar el diario de Peary y otros documentos conservados en el Archivo Nacional de Estados Unidos.
Por su parte, el astrónomo Dennis Rawlins también cuestionó la hazaña en su obra Peary at the North Pole: Fact or Fiction? (1973).
¿Por fin el Polo?
Rawlins afirmaba que Peary jamás realizó observaciones astronómicas fiables para determinar su posición.
Herbert añadió datos aún más inquietantes:
- No hay registros durante 30 horas clave
- Solo aparece una hoja con la frase:
“¡Por fin, el Polo!”
Además, cuando Matthew Henson intentó felicitarle, Peary evitó el contacto visual y se cubrió los ojos.
Un comportamiento extraño para alguien que acababa de lograr la mayor hazaña de su vida.
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Las mentiras de Peary
Herbert y Rawlins coincidieron en algo:
Peary se equivocó en unos 100 km.
Además:
- Afirmó recorrer 235 km en 8 días (ida y vuelta)
- No registró datos meteorológicos ni astronómicos
- Ocultó documentos clave
Rawlins descubrió que, según el sextante, aún le faltaban 196 km para llegar al Polo.
Decidió regresar… y mentir.
Un almirante sin serlo
Tras la muerte de Peary, su amigo Isaiah Brown descubrió la verdad en sus documentos… pero decidió ocultarla.
Matthew Henson, su fiel acompañante, nunca reveló lo ocurrido. Su lealtad hacia Peary fue absoluta desde que trabajó con él en Nicaragua en 1885.
Roald Amundsen: el verdadero héroe
El honor de haber sido el verdadero pionero polar podría corresponder al noruego Roald Amundsen.
- Primer navegante del paso del Noroeste (1903)
- Primer hombre en llegar al Polo Sur (1911)
Murió en 1928 durante una misión de rescate del dirigible Italia, financiado por Benito Mussolini.
El dirigible se estrelló sobre el hielo y varios tripulantes desaparecieron para siempre. El hidroavión Latham-47, en el que viajaba Amundsen, también se perdió sin dejar rastro.
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Bibliografía
- Herbert, Wally — The Noose of Laurels: The Discovery of the North
- Rawlins, Dennis — Peary at the North Pole: Fact or Fiction?
- Archivos Nacionales de Estados Unidos
- National Geographic Society
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