domingo, 24 de febrero de 2013

Carlos Lehder Rivas: un peculiar pionero del narcotráfico en Colombia


Carlos Lehder fue un capo del narcotráfico peculiar, con un perfil totalmente distinto al resto de sus compañeros del Cartel de Medellín.

Quizás una de las causas principales de esta diferencia fuera el hecho de haber  residido en los Estados Unidos durante su juventud, en plena efervescencia del movimiento contracultural hippie. Un mundo, totalmente distinto al que se respiraba por aquellos días en su país de origen, Colombia.

Carlos Lehder  era un visionario para unos, y un loco para otros. Admirador de personajes tan dispares como Adolf Hitler, o John Lennon, “bebió”, entre otros, de sus palabras  para confeccionar y plasmar su delirante ideología en el llamado Movimiento Latino Nacional, un partido político que él mismo creó y que luchaba contra la extradición de ciudadanos latinoamericanos a cárceles estadounidenses. 

Pionero en la distribución y transporte de cocaína, su poder económico fue tal, que llegó incluso a comprar  una isla en las Bahamas desde donde salía el 75% de la droga que se consumía en Estados Unidos.

Lehder fue el primer capo entre los capos  hasta que las ansias por conseguir, no solo poder económico sino también poder político, desataron una inusitada violencia  liderada por sus compañeros más peligrosos del cartel de Medellín, Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha “el Mexicano”,  lo que convirtió a Colombia durante los años 80 en un territorio sin ley.

Su nacimiento

Carlos Enrique Lehder Rivas nació en Armenia, una ciudad de medio millón de habitantes del Departamento del Quindío, Colombia, en septiembre de 1949.

Sus padres 

Era el hijo menor de Helena Rivas, perteneciente a una próspera familia de joyeros de la localidad de Manizales, y de Joseph Willheim Lehder, un ingeniero y constructor alemán que llegó a Armenia en los años 20 y creó el primer hotel de lujo de la zona llamado “La Pensión alemana”.

Allí, se llegaron a alojar numerosas personalidades colombianas ilustres así como muchos compatriotas suyos que visitaban la región.  Joseph también construyó diversas edificaciones emblemáticas que incluso sobrevivieron al tremendo terremoto ocurrido en 1999 y fue el responsable, además, de traer a la región en los años 40 los primeros ascensores alemanes por un  precio de 1.800 pesos cada uno.

Su infancia

Carlos Lehder vivió los primeros años de su vida junto a sus padres y hermanos en una hacienda junto al Aeropuerto de El Edén de Armenia donde muy probablemente comenzó su afición por la aviación, la cual, marcaría años después su destino.

Rumbo a los Estados Unidos

A los quince años, tras el divorcio de sus padres, Carlos se marchó a Estados Unidos con su madre donde vivió en varias ciudades como Detroit para establecerse definitivamente en Nueva York.

Lehder abandonaría pronto los estudios y se dedicó a negocios poco recomendables como el robo y el contrabando de coches. También comenzaría su afición a la lectura leyendo libros de Herman Hesse, Maquiavelo o Adolf Hitler, al cual admiraba y consideraba un incomprendido.

Un perfil distinto  

Sin duda, su marcha a Estados Unidos, hizo de Lehder un personaje diferente al perfil de sus futuros compañeros del Cartel de Medellín, del cual fue su principal precursor.

“Crecí en los barrios de  Nueva York, bajo la administración Nixon, en plena guerra del Vietnam; en un tiempo en el que John Lennon cantaba y expresaba, no solamente música sino también una filosofía y un modo de ver la vida. Era la época del movimiento hippie, la era de encontrarse a sí mismo, por tanto yo no era el típico colombiano de origen campesino sino un colombiano que creció en la cuna del imperialismo” declaró Lehder en una entrevista en el año 1984.

Su primer negocio

El contrabando y robo de vehículos fue el primer “negocio” de Lehder. Sus coches llegaban desde Estados Unidos a Medellín donde uno de sus hermanos poseía un próspero negocio dedicado a la venta de los mismos.  

Asimismo, en Estados Unidos tomó clases y culminó su afición por la aviación convirtiéndose en un piloto muy experto,  gran conocedor de la geografía de la costa este estadounidense y de sus rutas aéreas principales. Lehder utilizaría años más tarde sus conocimientos para enviar toneladas de  cocaína a Norteamérica.

Su primera detención

A Lehder le fue muy bien con su “negocio” de coches hasta 1974, cuando contaba con 24 años fue detenido y enviado a la Prisión de Danbury en Connectticut acusado de conducir un coche robado y estar en posesión de un cantidad considerable de marihuana lista para su distribución a pequeña escala.

"Yo era un hippie; fumaba, como es lógico; era un aventurero pero no era ningún traficante. En esa cárcel éramos encadenados como perros.  Era terrible ver a más de 500 colombianos presos por el imperialismo, gente que nunca había estado allí, que llegaba ilusionada con conseguir trabajo, o que alguien los había mandado con droga ".


El negocio de la cocaína

Fue allí, en la cárcel donde entabló relación con otros reclusos, algunos de ellos fueron fundamentales para el devenir de su carrera delictiva. Especial fue su relación con su compañero de celda, el estadounidense George Jung – personaje llevado a la gran pantalla por Johnny Deep en la película ‘Blow’-. Jung era un traficante de marihuana con el que diseñaría un plan innovador para introducirse en el incipiente negocio del tráfico de cocaína. Tras cumplir una condena de 20 meses, Lehder fue deportado a Colombia.

El ocaso de la marihuana

En aquellos días y desde mediados de los 60, el tráfico de marihuana con destino a Estados Unidos se hacía cada vez mayor. Traficantes como George Jung arribaban a zonas costeras del Caribe que, a menudo, eran asaltadas por criminales que habitaban aquellas áreas. Esto conllevaría un cambio de rumbo en el negocio; ya no sería pilotos norteamericanos los que iban a buscar la carga, serían los propios latinoamericanos quienes deberían ingeniárselas para llevar el producto a su destino.

El tráfico de marihuana fue próspero durante más de una década hasta que comenzó a ser habitual el cultivo doméstico y, sobre todo, cuando una droga mucho más rentable hizo acto de aparición: la cocaína.

El cartel de Medellín

Carlos Lehder se inició en el narcotráfico a gran escala justo en plena transición del tráfico de marihuana al de cocaína. Esta “evolución” multiplicó los beneficios de aquellos, que como él, se iniciaron en este nuevo y lucrativo negocio.

En ese momento, en Colombia comenzaron a surgir estructuras mafiosas formadas por personajes que abandonaron otras actividades delictivas o, incluso, negocios totalmente lícitos para dedicarse exclusivamente al tráfico de cocaína. Una de estas estructuras  u organizaciones mafiosas más representativas era el cartel de Medellín fundado por Pablo Escobar, los hermanos Ochoa y Gonzalo Rodriguez Gacha “El Mexicano”, con quienes Lehder haría negocios en repetidas ocasiones.

Estos personajes fueron conocidos popularmente en las calles de Medellín como “Los mágicos”, calificativo para definir a aquellos que, de la noche a la mañana, amasaron una enorme fortuna cambiando una vida humilde por otra llena de lujo y poder.

Algunos analistas han asegurado que, entre 1978 y 1982, más de 100 toneladas de cocaína entraron en Estados Unidos y más de un 80% provenía del cartel de Medellín.

El problema de la distribución

Fue el propio cartel de Medellín quien industrializó el negocio controlando la producción y su fabricación. Sin embargo, la distribución se estaba convirtiendo en un problema ya que apenas se podía cubrir un tercio de la demanda. Se enviaba a gente con cocaína en sus estómagos, en maletas de doble fondo pero estas argucias conllevaban mucho riesgo. Era urgente buscar otras maneras de llevar la cocaína de una forma más efectiva y masiva.

El problema de la distribución fue solucionado por Lehder, que, pese a que los demás narcos colombianos le tenían como un personaje estrafalario con ideas delirantes, siempre le estuvieron agradecidos por subsanar este problema y, en consecuencia, reportarles pingües beneficios.  En ese momento, el Cartel de Medellín comenzó a ser una verdadera máquina de hacer dinero.

Norman’s Kay: la isla de la cocaína

Lehder, tras coordinar múltiples envíos en maletas de doble fondo con su socio y compañero de prisión George Jung y vender varias aeronaves a unos traficantes de marihuana colombianos, reunió el dinero suficiente para adquirir un pequeño islote en las Bahamas llamado Norman’ Kay que debe su nombre a un pirata inglés del siglo XVI y sirvió de refugio, primero a traficantes de ron, luego de marihuana y finalmente, con la llegada de Lehder, de cocaína.

La compra del islote era un sueño que Lehder fue fraguando desde sus tiempos en la cárcel y planeaba usarlo como punto intermedio para el transporte de cocaína hacia el norte. 10.000 dólares por kilo era la comisión que Lehder cobraba a sus amigos del Cartel de Medellín por contratar sus servicios de forma habitual.

Al poco de adquirir la islote comenzó a presionar a sus multimillonarios vecinos para que se marcharan ofreciendo ofertas millonarias por sus propiedades hasta que consiguió finalmente hacerse con el control de total de Norman’s Kay.

Allí, en las Bahamas entra en contacto con Robert Vesco, conocido estafador buscado por la justicia norteamericana, el cual, le pone en contacto con miembros destacados del gobierno de Bahamas que le permiten, en connivencia con el propio presidente, Linden O. Pindling, realizar las acciones de embarque y desembarque de cocaína sin ningún tipo de problemas.

El fin de Norman’s Kay

Durante este tiempo, Lehder fue un personaje admirado entre los propios narcotraficantes colombianos. Todos querían enviar su mercancía a través de él y siempre hubo un sentimiento de agradecimiento por haber encontrado una forma de ampliar el negocio.

Sin embargo, un entramado de este calibre no podía pasar desapercibido mucho tiempo y en 1982 la isla fue abandonada tras varias operaciones de la Administración Norteamericana para la Lucha Antinarcóticos (DEA). Carlos Lehder nunca llegó a ser capturado.

A modo de despedida, el 10 de julio de 1982, Lehder desde una avioneta bombardeó Nassau, la capital de Bahamas, con panfletos que decían: “DEA go home” (DEA vete a casa). Algunos de estos panfletos llevaban adheridos billetes de 100 dólares.

Regreso a Armenia

Hasta finales de los años 70, la ciudad natal de Lehder, Armenia, perteneciente al departamento del Quindío, era una sociedad muy rural que vivía directa o indirectamente del cultivo del café, el cual, era la máxima expresión de la economía de la región.

Sin embargo, esta sociedad tradicional estructurada en base a la industria cafetera, fue rota con el retorno de Carlos Lehder que aceleró la transición a la modernidad de la tradicional sociedad del Quindío.

Como pertenecía a una familia conocida y respetada en la región le fue muy fácil introducirse en cualquier sector de la sociedad e incluso, en un principio, la clase dirigente del Quindío le avaló creyendo que iba a aportar desarrollo y progreso a la región. Y así fue parcialmente.

Lehder se presenta en sociedad


Lehder entró en conflictos con miembros del Cartel de Medellín poco antes de ser apresado
Lehder, retornó  a Armenia tras su deportación desde Estados Unidos a finales de 1978, y pronto se dio a conocer cuando regaló al gobierno del Quindío un avión  que pronto levantó todo tipo de suspicacias. Aunque en esos momentos se empezaba a conocer entre la sociedad colombiana los beneficios del incipiente e ilícito negocio de la cocaína, nadie llegaba a sospechar sus dimensiones y las fatales consecuencias que tuvo para Colombia.

Pese a todo, el gobierno aceptó en primera instancia el regalo de Lehder pero pronto se dieron cuenta de los elevados costes que conllevaba el mantenimiento del avión y de su tripulación por lo que, un año después, fue puesto a la venta tras ser matriculado y legalizado.

Todos los rumores apuntan a que fue el propio Lehder quien compró la aeronave con todas las licencias en regla para poder volar a cualquier parte del país sin levantar mayores sospechas. Se dice que con la venta del avión, el gobierno del Quindío construyó buena parte de un hospital para personas sin recursos.

De la bonanza cafetera a la bonanza de la cocaína

Pronto fue habitual contemplar sus avionetas por el cielo del Quindío sobrevolando sus fértiles tierras en busca de los terrenos más óptimos para sus inversiones, la mayor parte de carácter turístico, como fue el caso de la “Posada Alemana” un homenaje a su padre que décadas atrás creó la “Pensión Alemana”.

Esta hacienda estaba situada en un terreno utilizado antes para competiciones de motos y surgió para suplir a aquel hotel creado por su padre que fue cerrado durante la Segunda Guerra Mundial cuando los inmigrantes japoneses, italianos y alemanes fueron multados e, incluso, algunos detenidos a causa del apoyo de Colombia a los aliados.

La prosperidad traída por Lehder al departamento del Quindío gracias a sus negocios legales e ilegales, logró cambiar  radicalmente la economía regional. Terrenos cuyo coste era de 300.000 pesos pasaron a costar a principios de los 80 en torno a un millón o más.

La generación perdida

Con las diversas inversiones en la zona, Lehder blanqueaba el dinero de la cocaína y, a su vez, se convertía en el mayor creador de empleo de la región después del estado. De hecho, para sus negocios lícitos e ilícitos contrata a gente joven sin estudios que cobraban sueldos millonarios para la época, algo que comenzó a molestar a ciertos sectores de la sociedad del Quindío.

Muchos acusaron a Lehder de haber destruido a toda una generación de jóvenes arrastrándoles al dinero fácil conseguido sin esfuerzo alguno y de degradar  moralmente incluso a la sociedad.

A estas acusaciones, respondía de forma ambigua: “Nosotros sabemos que lo que es inmoral para la oligarquía es moral para el pueblo y viceversa”.
 

El consumo de cocaína, el lujo, las fiestas y John Lennon

En el año 1980, Dave Chapman asesina a John Lennon, lo que fue un duro golpe para Lehder al que admiraba. Por ello, decide crear una enorme estatua en bronce con su imagen  realizada por el artista Rodrigo Arenas Betancourt. Además de sus estrafalarias y exageradas ocurrencias, Lehder  promovía y asistía asiduamente a impresionantes fiestas donde se dejaba agasajar por sus acólitos y por todos aquellos que intentaban solicitar su favor.  El consumo y abuso de cocaína, la misma con la que él mismo traficaba, comenzó a ser una constante en su vida. 

Lehder continuaba con sus proyectos en el Quindío especialmente en la Posada Alemana.  Bajo la mirada de la estatua de Lennon se ampliaba con nuevas dependencias como la discoteca Lennon donde grandes fotografías mostraban fotos de su  ídolo desde que era un niño hasta su muerte. La discoteca era una de las más innovadoras del momento de toda América.

El Movimiento Cívico Latino Nacional

En 1982 llegó al poder Belisario Betancourt quien declaró una amnistía fiscal a la que Lehder se adhirió inmediatamente legalizando así una buena parte de su fortuna y entrando en política con el Movimiento Cívico Nacional como también hicieron algunos de sus “compañeros” del Cartel de Medellín como Pablo Escobar. Las clases dirigentes contemplaban anonadadas a la enorme popularidad de estos personajes que, de la noche a la mañana, consiguieron amasar no solo una inmensa fortuna sino también poder político.

El Movimiento Cívico Latino Nacional, con el cual obtuvo representación parlamentaria en algunos departamentos, se definía como antiimperialista, anticomunista, anticolonialista, antifascista, antijudío  pero al mismo tiempo nacionalista (defendía la idea de unos Estados Unidos de Latinoamérica), ecologista, indigenista, bolivariano, católico, partidario de la legalización de las drogas y como no podía ser de otra manera, contrario a la extradición de ciudadanos colombianos a los Estados Unidos. “Un latino no debe ser juzgado por una raza diferente…”, subrayaba Lehder en una entrevista años después de su entrada en prisión.

Para explicar su movimiento político declaró en una ocasión: "Yo he venido a enseñar el nacionalismo puro, progresista y popular. Sé que no soy el más llamado a hacer estos planteamientos, pero Dios ha puesto en mis manos recursos económicos y la ideología, la vitalidad y la salud para ser uno más en el Movimiento Latino Nacional". "Sí esta oligarquía monárquica", agregó, "le teme a Adolfo (Hitler), pues entonces tocará disfrazarse de Adolfo (Hitler), pero nosotros no nos vamos a dejar vender más al imperialismo y de aquí no va a salir ningún colombiano más".

El partido Movimiento Cívico Latino Nacional consiguió más de diez mil simpatizantes. Su popularidad se acrecentaba en parte gracias a su poder económico con el que conseguía explotar su imagen de benefactor  invirtiendo grandes cantidades de dinero en las clases más desfavorecidas.

Sin embargo está doble cara de Lehder pronto saldría a la luz así como la procedencia de su inmensa fortuna. 

El principio del fin

En Colombia, en aquellos días, el ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla acusaba a varios movimientos de financiarse con capital procedente de negocios ilegales y de introducir en sus filas a personajes de dudosa reputación como era el caso de Pablo Escobar que llegó a ser diputado suplente.

En el Quindío fue la iglesia quien denunció ese dinero ilícito y a la figura de Lehder como principal culpable de “comprar conciencias con su riqueza”. Estas acusaciones fueron confirmadas poco después cuando una noticia sobre Lehder salió a la luz y confirmó su doble vida.

El semanario “El Meridiano del Quindío” se hace eco de una noticia publicada en una revista francesa que afirmaba que Carlos Lehder, era dueño de Cayo Norman “La Isla de la Cocaína”. Pronto, los grandes diarios colombianos como “El Espectador” publicaron la noticia, la cual causó una gran sensación en todo el país.

El gobierno anunció inmediatamente que estudiaría su extradición. Lehder, por su parte, comenzó a publicar costos anuncios en los principales diarios de Colombia donde criticaba la extradición de ciudadanos colombianos a Estados Unidos.  Tanto Lehder como sus compañeros del Cartel de Medellín fueron señalados como extraditables y fue así como se autodenominaron.

En septiembre de 1983 la corte de justicia falla a favor de la extradición de Lehder a Estados Unidos acusado de doce cargos por tráfico y distribución de cocaína en Estados Unidos. Ante esta situación decide huir.

Lehder en la clandestinidad

Pronto, la clandestinidad pasa factura a Lehder que pierde parte de su inmensa fortuna y pasa a trabajar para sus antiguos compañeros del Cartel de Medellín administrando algunas de sus plantaciones de coca. 


 Lehder visitado en prisión por dos de sus hijas, Diana y Mª del Mar, en la Navidad 2011
Durante meses su paradero fue una incógnita hasta que en Enero de 1984 unos periodistas conciertan una entrevista con Lehder en Airapua, un recóndito lugar de los Llanos Orientales, en plena selva. Vivía como un guerrillero y se había dejado barba para pasar desapercibido.

Mientras tanto,  Pablo Escobar, uno de los líderes principales del Cartel de Medellín mantenía un enfrentamiento con el Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla que le acusaba de ser un narcotraficante. Su asesinato causó conmoción en Colombia. Este suceso fue el detonante y el inicio del proceso de  extradición, además de la busca y captura del resto de  integrantes del Cartel de Medellín además del propio Lehder. El país entero comienza a darse cuenta de la enorme influencia del narcotráfico en todos los sectores de la sociedad.

En 1985 comenzaron a ser extraditados  algunos miembros relacionados con el blanqueo de dinero mientras que el cerco a Lehder se intensifica. Su paradero era un misterio para las autoridades: algunas fuentes le situaban en México, Perú, Brasil e incluso en Cuba. Lehder se aprovechaba de estas suposiciones desorientando a las fuerzas de seguridad con engaños como hacer que un doble suyo se pasease por las calles de su Armenia natal para dar esperanzas a la multitud de seguidores que aún tenía en la región.

Se estrecha el cerco: pérdida de poder

El cerco a Lehder provocó que en varias ocasiones estuviera a punto de ser detenido por lo que optó salir del país y refugiarse en Nicaragua donde pagó a la guerrilla sandinista para garantizar su protección.

Poco tiempo después, retornó incomprensiblemente a Colombia. Se desconocen las razones por las que asumió ese riesgo. Algunas teorías le acusan de un exceso de confianza pero lo cierto es que en abril de 1985, Carlos Lehder Rivas fue localizado en su hacienda de Airapua logrando escapar en el último instante y viéndose obligado a abandonar 1.600.000 dólares en efectivo.

Se estrecha el cerco. Su paradero ya no sería un misterio cuando un mes después aparecen unas fotos suyas en un diario colombiano bajo un escueto titular: “Lehder en la guerrilla.” Pronto se descubrió que Lehder combatía en las montañas del Cauca al sudeste de Colombia bajo el nombre de  “Rambo González”. Días más tarde, Lehder concedería una entrevista para la televisión donde diría una frase que pasó a la historia: La cocaína es la bomba atómica de América Latina contra el imperialismo norteamericano”.

Lehder comenzó a perder influencia en su región natal.  Su figura se fue difuminando en el Quindío. Ya no llegaba el dinero y comenzó la disolución del MovimientoLatino Nacional aunque intentaría volver a las urnas en 1986 con poco éxito.  En aquellos días, el símbolo de su poder, la Posada Alemana fue incendiada y la estatua de Lennon robada. Jamás se supo de su paradero.

Problemas con Pablo Escobar  y el Cartel de Medellín

Lehder comienza a tener problemas con sus socios del Cartel de Medellín, aquellos a los que hizo ganar mucho dinero desde Cayo Norman y que posteriormente le protegieron y dieron trabajo cuando era buscado por las autoridades. Se dice que tuvo enfrentamientos con algunos sectores del cartel cuando entró en el negocio del Crack. Lehder había acordado con ellos que solo se dedicaría al negocio de la cocaína. 

Otras fuentes aseguran que su pésimo estado por el abuso de drogas y ser el hombre más perseguido de Colombia debido a su solicitud de extradición  le harían cometer algún error y atraer a informantes y policías que causasen problemas a su organización. Asimismo, comenzaría un enfrentamiento con los capos del Cartel como Pablo Escobar. El detonante parece ser el asesinato de  un guardaespaldas de Escobar durante una fiesta a manos de un Lehder borracho y drogado.

Este cúmulo de incidentes provocaría su definitivo distanciamiento con el Cartel de Medellín y un enfrentamiento directo con uno de sus líderes, Pablo Escobar.

La captura: “Me ofenden a cada rato y quieren que fume marihuana”.

A principios de 1987,  Lehder tras hacer unos negocios de poca monta en Medellín decide esconderse en una hacienda cercana a la ciudad con un grupo de jóvenes e inexpertos guardaespaldas que más bien eran sus compañeros de juergas. Se desconoce por qué Lehder había despedido a sus antiguos guardaespaldas para andar con un grupo de jóvenes menores de 25 años.

La hacienda situada en Berracal (Guame – Antioquia) fue desde la llegada de Lehder y sus hombres una ruidosa fiesta continua con música, mujeres y drogas. Hasta  la noche del 3 de febrero de 1987 cuando el vigilante de la hacienda hastiado del continuo ruido y las constantes provocaciones de los hombres de Lehder llamó a la policía. El vigilante declaró a la policía: “Me ofenden a cada rato y quieren que fume marihuana”.

A la mañana siguiente, un grupo de policías montó un operativo creyendo que era una banda de traficantes poco importantes pero para su sorpresa fueron recibidos a tiros. Los policías respondieron con gran virulencia provocando la desordenada huida de los guardaespaldas que quedaron en pie. En poco tiempo fueron detenidos uno a uno. Mientras tanto,  un pequeño grupo de policías penetró en la casa y en el segundo piso hallaron a un hombre de 37 años que se entregó sin oponer resistencia. Inmediatamente comprobaron su pasaporte que llevaba encima incomprensiblemente. Era Carlos Lehder Rivas, el hombre más buscado en Colombia.

Pocos creyeron que su detención fuera una mera casualidad. Muchos, incluido Lehder como declararía años después, sospechaban que fue Pablo Escobar quien filtro su situación de manera muy sutil.

El juicio y la cárcel

La extradición fue inmediata. En Florida se montó un dispositivo de seguridad nunca antes visto para la celebración del juicio. Los fiscales apodarían  a Lehder durante el mismo, “el Henry Ford de la cocaína. En mayo de 1988, tras un proceso de siete meses,  la jueza dictó una sentencia ejemplar: 135 años de cárcel.
 

En 1991, tras la entrada del ejército norteamericano dos años antes en Panamá para capturar al dictador Manuel Antonio Noriega, testificó en su contra confirmando su relación con el Cartel de Medellín, lo que  le redujo la pena a 55 años.
Tres años después, Lehder escribió una carta de reclamación al juzgado federal del distrito de Jacksonville quejándose de por qué el gobierno no había cumplido el acuerdo de trasladarle a una prisión en Alemania (poseía la doble nacionalidad) de donde podría conseguir la libertad en pocos años  en poco años. Pero el juez no accedió.

En 2007, Lehder rompe un silencio de 15 años para pedir su libertad alegando haber cumplido dos tercios de su condena. Al día de hoy aún sigue en prisión.

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