La presencia de la Monarquía Hispánica en Norteamérica no se limitó a los desiertos del Suroeste o los pantanos de Florida; la soberanía española se extendió hasta las gélidas tierras de Alaska , marcando el límite más septentrional de un imperio que fue el primero en abarcar cinco continentes. Durante el siglo XVIII, ante el avance de los exploradores rusos desde Siberia, España desplegó una serie de expediciones estratégicas y científicas para cartografiar, defender y reclamar el dominio de la costa del Pacífico Noroeste, consolidando lo que se conoció como el " Lago Español ". Recreación de las expediciones marítimas españolas llegando a las extremas costas del Lejano Norte. El legado de los 250 topónimos españoles Uno de los vestigios más asombrosos y desconocidos de esta gesta es la permanencia de más de 250 nombres geográficos en español que aún figuran en el mapa oficial de Alaska. Ciudades y puertos como Valdez y Córdoba representan hoy los topónimos en ...
A mediados del siglo XVII, Madrid no solo era el corazón político de un imperio global donde nunca se ponía el sol, sino también, según los testimonios de la época, el epicentro de una pesadilla higiénica sin parangón en Europa. Mientras los galeones traían oro de las Indias y los corrales de comedias vibraban con los versos de Lope de Vega, las calles de la Villa y Corte exhalaban un hedor que horrorizaba a diplomáticos y viajeros extranjeros por igual. Ilustración de la Villa y Corte de Madrid, un centro imperial con graves deficiencias de saneamiento. I. El hedor de un Imperio: una ciudad sin alcantarillado A mediados del siglo XVII, Madrid era una urbe que crecía de forma caótica para albergar a una Corte cada vez más numerosa. Sin embargo, este crecimiento no fue acompañado de infraestructuras básicas. La higiene brillaba por su ausencia . El piso de las calles El estado de las vías públicas era deplorable. Hasta bien entrad...