Los origenes del Conflicto Árabe-Israelí: Del Imperio Otomano a la Guerra de 1948
Las Islas Canarias, conocidas desde la antigüedad como las Islas Afortunadas o los Campos Elíseos, han sido objeto de fascinación para cosmógrafos y poetas. Sin embargo, tras el mito se esconde una realidad de resistencia feroz y una cultura indígena única que se enfrentó al avance de las potencias europeas. Esta reconstrucción se basa estrictamente en la crónica de 1632 de Fray Juan de Abreu Galindo, analizando la vida de los antiguos canarios y los eventos bélicos que transformaron el archipiélago.
Una obra esencial para comprender la conquista y evolución del archipiélago.
Ver en AmazonAntes de la llegada de los conquistadores, las islas estaban habitadas por pueblos de diversas características, aunque con raíces comunes. Según las crónicas, los primeros pobladores procedían de la Mauritania africana.
Una de las historias más impactantes recogidas por Abreu Galindo sugiere que estos pobladores fueron rebeldes africanos exiliados por los romanos. Para evitar que contaran su historia o se amotinaran, les cortaron las lenguas antes de abandonarlos en las islas con ganado para su sustento. Esta teoría se ve reforzada por la particular pronunciación de los isleños, quienes hablaban "hiriendo con la lengua en el paladar", de forma similar a los tartamudos.
Gran Canaria: Poseía la estructura más sofisticada. La sociedad se dividía en nobles (Achimencey), escuderos (Cichiciquico) y villanos o siervos (Achicaxna). Los nobles se distinguían por el corte de su cabello y barba, un honor que solo podía conceder el Faycán, la autoridad religiosa.
Lanzarote y Fuerteventura: Sus habitantes eran llamados mahoreros, debido al calzado de piel de cabra llamado "maho". Eran conocidos por ser gente caritativa, alegre y expertos saltadores.
El Hierro: Los habitantes, llamados Bimbaches, eran de naturaleza pacífica y triste. Adoraban a dos deidades: Eraoranhan (el hombre) y Moneiba (la mujer).
La Palma: Conocidos como Benahoaritas, daban un papel predominante a la mujer en la guerra.
El caballero normando Jean de Bethencourt inició la expedición atraído por la fama de las islas. Su primer éxito fue en Lanzarote, donde el rey Guadarfia se rindió tras ver la efectividad de las ballestas. Bethencourt luego sometió Fuerteventura en 1405, aprovechando las profecías de dos mujeres visionarias, Tibiabin y Tamonante, que instaron a los reyes locales a no resistirse.
Esta isla, bautizada como "Grande" por la resistencia de sus naturales, fue el escenario de batallas legendarias.
Juan Rejón y el Real de las Palmas: En 1477, Rejón fundó el asentamiento que daría origen a la capital actual tras seguir el consejo de una mujer canaria que le indicó el mejor sitio para acampar.
La Batalla de Guiniguada: Fue el primer gran choque. Allí, el guerrero Adargoma, famoso por su fuerza prodigiosa capaz de derribar palmas de una pedrada, fue capturado tras ser herido en un muslo.
La Rendición de Ansite: El fin llegó en 1483. Ante la inminente derrota, muchos canarios prefirieron el suicidio ritual, lanzándose al vacío al grito de "Atis Tirma" (llamada a Dios) antes que entregarse.
Alonso Fernández de Lugo llegó a La Palma en 1492. Logró pactar con casi todos los bandos, excepto con el indómito Tanausú, quien defendía el reino de Aceró (La Caldera de Taburiente). Lugo solo pudo vencerle mediante una traición, capturándolo durante una falsa negociación de paz. Tanausú, cautivo, se dejó morir de hambre en el barco que lo llevaba a España a postrarse ante los Reyes Católicos.
Tenerife fue la última en caer en 1496. La Matanza de Acentejo supuso una derrota humillante para los españoles, donde más de 600 soldados murieron bajo las piedras y dardos de los guanches en un paso estrecho. Sin embargo, la superioridad militar europea y las enfermedades finalmente doblegaron a los menceyatos tinerfeños.
La mítica octava isla, llamada Aprositus por Ptolomeo. Abreu Galindo recoge testimonios de marineros que aseguraban haber desembarcado en este paraíso de brumas que desaparecía al intentar regresar.
En El Hierro, el Garoé era un árbol sagrado que destilaba agua de la niebla, llenando tanques de piedra que permitían la supervivencia en una isla sin fuentes naturales.
En Gran Canaria, debido a la superpoblación y hambrunas, se ordenó matar a todas las niñas recién nacidas, excepto al primer parto. Esta ley terminó cuando una peste redujo drásticamente la población.
La historia de las islas es tan fascinante como dura. Si quieres profundizar en sus mitos, batallas y cultura, estos libros son imprescindibles.
La naturaleza volcánica de las islas fue interpretada con temor por los conquistadores. Incluso Cristóbal Colón registró en su diario de navegación en agosto de 1492 una erupción en Tenerife de camino a América. El Teide era visto como la "Isla del Infierno" por sus emanaciones de azufre. En La Palma, la montaña de Tacande se "derritió" en tiempos antiguos, sepultando los valles más fértiles.
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