martes, 5 de marzo de 2013

Los primeros camellos vivían en el Ártico adaptados al frío

El antepasado del animal más emblemático del Sahara surgió hace millones de años en las cercanías del Polo Norte. Más tarde, sus descendientes emigraron de las zonas árticas próximas a Canadá hacia el desierto africano.

Científicos liderados por Natalia Rybczynski, paleontóloga del Museo de Ciencias Naturales de Canadá descubrieron en la Isla de Ellesmere, en Nunavut – el territorio más al norte de Canadá -treinta fragmentos fosilizados de la tibia de un camello gigante, hoy extinto.

Los resultados del estudio de estos fósiles, publicado online en la revista Nature Communications, ofrecen unos resultados sorprendentes. 
 
Los camellos originarios de América del Norte

Según este estudio, se confirma que los antepasados de los camellos actuales son originarios de América del Norte, donde aparecieron hace unos 45 millones de años.

“Este descubrimiento es importante porque es el primer indicio de que los camellos vivieron en la región ártica”, afirma Rybczynski. “Los ancestros de los camellos actuales vivían en esta zona en un radio de 1.200 Km y estaban totalmente adaptados a la vida en los bosques que circundaban el Círculo Polar Ártico.”

Otra función de las jorobas

La paleontóloga va más allá al especular que “tal vez algunas de las particularidades que vemos en los camellos modernos, como sus pies anchos y planos, sus ojos grandes y sus protuberancias de grasa se derivan de su adaptación anterior al hábitat polar”. Es decir, aunque es difícil de creer, los camellos que deambulaban por los bosques boreales canadienses desarrollaron las jorobas para protegerse del frío y no del calor o de la falta de agua.

Periodo de calentamiento en La Tierra

Los fragmentos fosilizados tienen solo una antigüedad mínima de 3,4 millones de años. Por aquel entonces, la Tierra pasaba un periodo de calentamiento con una subida media de 2 o 3 grados Celsius. El Ártico es menos frío con temperaturas más altas que las actuales lo que permitió que en esos momentos los antepasados viajasen aún más al norte.

Análisis definitivos

La identificación de los fósiles no se hizo esperar. El análisis anatómico detecto que los fragmentos pertenecían a una tibia de un “artiodáctilo” (mamífero ungulado que incluyen animales como cerdos, vacas y camellos). Cuando alinearon los fragmentos gracias a las técnicas digitales 3D, se observó que el tamaño de los huesos pertenecía a una especie de camello primigenio.

Para confirmar esta hipótesis, se realizó un análisis químico de las proteínas contenidas en los restos de colágeno presentes en los fósiles. Las comparaciones del colágeno con 37 especies de mamíferos modernos y otro fósil de camello localizado en el territorio canadiense del Yukón llegaron a la conclusión de que el animal en cuestión estaba más cerca de los dromedarios (camellos de una joroba) y el fósil del Yukón que se cree que pertenece al Paracamelus o camello gigante.

“Nuestro trabajo demuestra que el Paracamelus vivió en América del Norte durante millones de años”, dijo Rybczynski. “La hipótesis más simple es que es fue en esta zona donde esta especie se originó”.

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