A finales del verano de 1257, el puerto noruego de Tönsberg fue testigo de una partida sin precedentes: la princesa Kristina Haakonsson, hija del poderoso rey Haakon IV, zarpaba hacia la lejana península ibérica para sellar una alianza política que uniría el frío norte con el corazón de Castilla. Su viaje no era una simple travesía, sino el inicio de una de las historias más fascinantes y melancólicas de la Edad Media española.
Un pacto de reinos y coronas
El origen de este viaje se remonta a 1256, cuando Alfonso X el Sabio, rey de Castilla, propuso un acuerdo matrimonial al monarca noruego. Alfonso ansiaba el título de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y necesitaba el apoyo nórdico para reforzar su candidatura y controlar rutas comerciales estratégicas como las de la ciudad imperial de Lübeck. Por su parte, Noruega buscaba expansión y presencia en la política europea.
Kristina partió con un séquito de más de cien personas, incluyendo al obispo Pedro de Hamar, y una dote tan espléndida de oro, plata y pieles que las sagas nórdicas afirmaron que jamás se había visto algo igual.
El Largo periplo por Europa
Tras cruzar el canal de la Mancha y ser recibida con honores por el rey Luis IX de Francia en París, la embajada nórdica entró en territorio de la Corona de Aragón, donde el mismo Jaime I el Conquistador les rindió pleitesía en Barcelona. Kristina pasó la Nochebuena de 1257 en el monasterio burgalés de Santa María la Real de Las Huelgas, antes de encontrarse finalmente con Alfonso X en Palencia en enero de 1258.
La elección del infante: Un marido para la princesa
Cuando se selló la alianza entre Castilla y Noruega en 1256, el rey Haakon IV puso como requisito indispensable que fuera su propia hija quien eligiera a su pretendiente entre los hermanos del rey Alfonso X el Sabio. Tras un largo viaje, Kristina llegó al fin a la corte en Valladolid en enero de 1258 para tomar su decisión.
La elección del infante Felipe como esposo por parte de la princesa Kristina de Noruega fue un proceso personal en el que ella descartó a otros candidatos basándose en sus personalidades y estilos de vida, cumpliendo así una condición impuesta por su padre, el rey Haakon IV.
Según las fuentes, los detalles de su elección fueron los siguientes:
- Fadrique: fue descartado por ser viudo, un gran aficionado a la caza y, especialmente, por haber intentado sublevarse previamente contra su hermano, el rey Alfonso.
- Enrique: no fue elegido debido a su obsesión por los caballos.
- Sancho: se le descartó por su carácter profundamente religioso.
- Jaime I de Aragón: aunque el suegro de Alfonso X intentó sumarse como un quinto candidato, la princesa y sus asesores lo rechazaron de inmediato.
Kristina finalmente se decantó por el más joven de los hermanos por las siguientes razones:
- Atractivo y presencia: se describe a Felipe como un hombre de buena presencia física.
- Formación intelectual: poseía una educación destacada, habiendo realizado estudios en la Sorbona de París.
- Intereses comunes: a pesar de haber sido arzobispo de Sevilla, Felipe carecía de vocación religiosa y prefería la caza con perros y halcones, una pasión que parecía encajar mejor con el entorno de la princesa.
La boda se celebró finalmente el 31 de marzo de 1258 en la Colegiata de Valladolid, tras lo cual la pareja se trasladó a Sevilla.
El choque cultural y el "calor del sur"
La pareja se instaló en Sevilla, una ciudad recién conquistada que aún conservaba su exótico aire musulmán. Sin embargo, la adaptación fue imposible para la princesa nórdica. Los castellanos habían adoptado la costumbre árabe de recluir a las esposas, y Kristina vivía encerrada en el palacio de Biorraguel.
Su apariencia física —sus 1,70 metros de altura, su piel blanquísima, sus cabellos rubios y ojos azules— causaba sensación y, a menudo, habladurías malintencionadas. Además del choque con los modales cortesanos y el idioma, el insoportable calor sevillano acabó por minar su salud.
El horrible calor de Sevilla fue uno de los factores determinantes que afectaron negativamente la salud de Kristina de Noruega, ya que la princesa nunca logró acostumbrarse a las temperaturas del sur de España.
Según las fuentes, este choque climático influyó en su bienestar de las siguientes maneras:
- Incapacidad de adaptación: su origen nórdico y su constitución física —piel muy blanca, cabellos rubios y ojos azules— hicieron que el clima extremo de Sevilla le resultara insoportable, lo que contribuyó a que no pudiera adaptarse a su nueva vida.
- Deterioro físico y enfermedad: el calor, sumado al aislamiento que sufría (vivía recluida en el palacio de Biorraguel siguiendo las costumbres de la época) y al hecho de no entender el castellano ni los hábitos cortesanos, acabó por minar su salud.
- Desenlace fatal: esta falta de adaptación al entorno sevillano provocó que la princesa enfermara y muriera prematuramente en 1262, con apenas 27 o 28 años, solo cuatro años después de su boda con el infante Felipe.
El misterio de su muerte y el hallazgo del sepulcro
Aunque tradicionalmente se ha dicho que murió de "melancolía" o depresión por la soledad, los indicios hallados en su tumba en 1958 sugieren que la causa médica más probable de su fallecimiento fue una meningitis.
Además de la teoría de la meningitis, los historiadores y las leyendas han barajado otras dos causas principales para la muerte prematura de Kristina de Noruega en 1262:
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Melancolía y depresión: Es la hipótesis más extendida tradicionalmente. Se sospecha que la princesa sucumbió a una profunda tristeza provocada por la soledad en un entorno tan extraño para ella. Esta melancolía se vio agravada por varios factores:
- La incapacidad de adaptarse al clima, especialmente al "horrible calor" de Sevilla.
- El aislamiento que sufría debido a la costumbre de recluir a las esposas, viviendo encerrada en el palacio de Biorraguel.
- La barrera del idioma y el choque con los modales y hábitos de la corte castellana, que eran muy diferentes a los nórdicos.
- La frustración por no haber dejado descendencia después de cuatro años de matrimonio, lo que truncó la alianza política que motivó su viaje.
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Envenenamiento: Existe una teoría que apunta a un asesinato por envenenamiento orquestado por la reina Violante de Aragón, esposa de Alfonso X el Sabio. Según esta leyenda, la reina se habría vengado de Kristina por el supuesto interés amoroso del rey hacia la princesa nórdica, especialmente en un momento en que se creía que Violante no podía darle herederos. No obstante, esta hipótesis carece de rigor histórico, ya que se ha demostrado que para esa fecha la reina Violante ya tenía cuatro hijos.
El mayor indicio sobre su final apareció en 1958, cuando un albañil encontró su sepulcro en la colegiata de San Cosme y San Damián, en Covarrubias (Burgos). Dentro del ataúd yacía un cuerpo casi incorrupto con ricos ropajes, joyas y un papel con una receta contra el mal de oído, síntoma común de la meningitis, que hoy se considera la causa más probable de su muerte.
La última voluntad de Kristina de Noruega
La construcción de una capilla dedicada a san Olav en la localidad de Covarrubias (Burgos) responde al cumplimiento de un deseo personal de la princesa Kristina de Noruega y a una promesa realizada por su esposo, el infante Felipe de Castilla, en el siglo XIII.
Los motivos y detalles principales de esta construcción son los siguientes:
- Última voluntad de Kristina: Tras abandonar su hogar, familia y amigos en Noruega para sellar una alianza política en Castilla, la princesa solo pidió a cambio que se erigiera una capilla en honor a san Olav, antiguo rey y mártir noruego.
- Vínculo con san Olav: Olav Haraldsson fue un monarca noruego (que curiosamente también realizó ataques en la península ibérica en el siglo XI) que, tras su muerte, fue canonizado y se convirtió en el santo patrón de Noruega. Para Kristina, la capilla representaba un vínculo espiritual y emocional con su tierra de origen.
- Una promesa de siete siglos: Aunque el infante Felipe prometió construirla, Kristina falleció prematuramente en 1262 sin ver cumplido su deseo. El proyecto permaneció en el olvido hasta que, tras el hallazgo del sepulcro de la princesa en 1958, se impulsó la creación de la Fundación Kristina de Noruega.
- Finalización en 2011: El sueño de la princesa finalmente se hizo realidad siete siglos después de su muerte, cuando la capilla de San Olav fue terminada e inaugurada en el año 2011 en un valle cercano a Covarrubias.
Moderna Capilla de San Olav en Covarrubias, finalizada en 2011 en cumplimiento a su última voluntad.
Hoy en día, esta capilla simboliza el primer vínculo histórico entre España y Noruega, además de ser un lugar de peregrinación y recuerdo de la trágica historia de la "princesa vikinga" enterrada en tierras burgalesas.
Por otro lado, tras la muerte prematura de Kristina en 1262, la relación entre ambos reinos no dio los frutos esperados por Alfonso. La alianza se truncó al no haber descendencia y Alfonso nunca logró coronarse emperador, ya que el título fue otorgado a Ricardo de Cornualles.
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