Iglesia y Segunda República en España: anticlericalismo, quema de conventos y ruptura con el Vaticano
La Iglesia no ve con malos ojos la llegada de la República, pero sucesos como la quema de conventos ante la pasividad de las autoridades y el decreto formal de libertad de culto provocan la reacción del Vaticano.
La cuestión religiosa está pendiente en España desde los albores del liberalismo. La abolición del Estado feudal implica, entre otras muchas cosas, terminar con los privilegios de la Iglesia y cercenar su influencia política. Mendizábal emprendió en 1835 la desamortización eclesiástica más importante desde la de 1820. Posteriormente Madoz, en 1855, e Isabel II, en 1865 —en un intento desesperado de acercar a su causa a los liberales— pusieron de nuevo en venta los bienes del clero.
La religión en las constituciones precedentes
Sin embargo, la religión no sólo se manifestaba en la vida cotidiana española como en pocos países europeos, sino que todas las Constituciones proclamadas durante el siglo XIX, incluidas las más progresistas, declaraban la confesionalidad del Estado.
El artículo 12 de la Constitución de 1812 proclama que «la religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única y verdadera. La nación la protege por las leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra».
En plena Guerra Carlista, que es también una contienda religiosa, la Constitución de 1837 dice en su artículo 11 que «la nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la religión católica que profesan los españoles». Por último, el texto de 1869, surgido de la Gloriosa Revolución, introduce la libertad religiosa, aunque reconoce el carácter católico de España. Sólo el proyecto constitucional de la Primera República, que no vio la luz, separaba Iglesia y Estado.
La Segunda República: modernidad contra tradición
La Segunda República pretende certificar la victoria definitiva de la modernidad frente a la tradición, representada por la monarquía, la aristocracia y la Iglesia.
Los reformistas, radicales y socialistas insisten desde el primer momento en que no se trata de una persecución religiosa, sino de establecer de una vez por todas la aconfesionalidad del Estado.
La expansión del laicismo y el anticlericalismo
La Iglesia, a juicio de la izquierda, representa uno de los pilares más tradicionales de España. El laicismo se extiende entre clases medias, proletariado urbano e intelectuales.
Paul Preston interpreta el anticlericalismo como una reacción social, mientras que Murillo Ferrol considera que la estrategia republicana fortaleció a sus adversarios.
Salvador de Madariaga señala que el anticlericalismo constante proporcionó argumentos a los sectores más conservadores, aunque reconoce que las medidas secularizadoras eran coherentes.
Reformas que irritaron a la Iglesia
Desde el inicio, el Gobierno provisional adopta medidas clave:
- Estatuto Jurídico (5 de abril): libertad religiosa
- Separación Iglesia-Estado
- Relaciones iniciales con el Vaticano
- Creación de Acción Nacional (luego Acción Popular)
El Vaticano insta a respetar el nuevo poder, pero la tensión crece.
Mayo de 1931: quema de iglesias y conventos
El 11 de mayo de 1931 marca el punto de ruptura.
Conventos e iglesias arden en Madrid y otras ciudades ante la pasividad del Gobierno.
El cardenal Pedro Segura había advertido previamente del conflicto.
La tensión social se extiende por toda España.
Medidas laicistas y reacción del Vaticano
Se decretan:
- Libertad de culto
- Educación religiosa voluntaria
- Retirada de crucifijos
- Disolución de cuerpos eclesiásticos
El Vaticano reacciona rechazando al nuevo embajador y se agrava el conflicto.
Regulación constitucional y expulsión de los jesuitas
El artículo 26 establece:
- Fin de financiación pública a la Iglesia
- Disolución de órdenes religiosas como los jesuitas
- Nacionalización de bienes
El artículo 27 garantiza libertad de culto.
Estas medidas provocan dimisiones dentro del gobierno.
Radicalización y camino hacia la Guerra Civil
Se empieza a hablar de “cruzada”.
La Iglesia adopta una postura cada vez más firme contra la República.
Con la llegada de la derecha, algunas medidas se suavizan, pero el conflicto ya es irreversible.
Tras el inicio de la Guerra Civil, la Iglesia apoya al bando sublevado.
El cardenal Gomá lo resume: «España y la anti España, la religión y el ateísmo».
Conclusión
El conflicto entre Iglesia y Segunda República fue clave en la polarización política y social de España.
Las reformas laicistas, la reacción del clero y los acontecimientos de 1931 marcaron un punto de no retorno hacia la Guerra Civil.
Bibliografía
Preston, Paul. La Guerra Civil Española
Madariaga, Salvador de. España
Murillo Ferrol, Francisco
Constituciones españolas del siglo XIX y XX
Hemeroteca ABC y El Debate
Archivos históricos de la Segunda República
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