domingo, 6 de abril de 2014

La Transición española diseñada por la CIA

Ni el Rey, ni Suárez,  fueron los principales artífices de la transición en España. Sólo fueron piezas de un plan muy bien diseñado y concebido en la CIA, por orden de Nixon. Ésta es una de las revelaciones del libro 'La CIA en España', publicado Alfredo Grimaldos.

La transición política española se diseñó en Langley (Virginia), en la sede central de la CIA. La fase final de esa compleja operación, que culmina con la restauración mo­nárquica en la persona de Juan Carlos I de Borbón. se comienza a fraguar en 1971, tras la visita del general Vernon Walters a España para entrevistarse con Franco.

La avanzada edad de Franco

La avanzada edad del dictador turba los sueños de Richard Nixon, cuyo insomnio pronto se va a agudizar mucho más, con el caso Watergate. Pero en ese momento una de las mayores preocupaciones del presidente norteamericano, dentro del área internacional, es tener bien contro­lado el proceso de sucesión en España cuando se produzca la muerte de Franco, fiel y subordinado aliado de Estados Unidos desde el comienzo de la guerra fría.

El origen de los servicios secretos españoles, SECED 

Walters, que poco después será nom­brado director adjunto de la CIA, comu­nica al entonces vicepresidente del Go­bierno, Luis Carrero Blanco, la necesidad de coordinar la actuación de los servicios de información norteamericanos y espa­ñoles para tener todo previsto ante el eventual fallecimiento del Caudillo. Y unos meses después los hombres del Ser­vicio Central de Documentación (SECED ), creado en marzo de 1972, bajo la dirección del teniente coronel José Ignacio San Martín, entran en acción.

El Rey Juan Carlos no fue el motor de la Transición 

Manuel Fernández Monzón viaja a Washington como enlace entre el orga­nismo dirigido por el futuro San Martín y los cerebros -norteamericanos, por supuesto- de la operación: "No es verdad todo lo que se ha dicho de la transición. Como eso de que el Rey fue el motor. Ni Suárez ni él fueron motores de nada, -continúa Fernández Monzón-, sólo piezas importantes de un plan muy bien diseñado y concebido al otro lado del Atlántico, que se tradujo en una serie de líneas de acción, en unas operacio­nes que desembocaron en la transición. Todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA, y ejecutado, en gran parte, por el SECED, con el conocimiento de Franco, de Carrero Manco y de po­cos más. Por ejemplo, cuando el listado Mayor del Ejército de Tierra elaboró la 'operación Diana'. no sabía para qué lo estaba haciendo. Era la planificación de una intervención militar en el caso de que en España se produjera un vacío de poder". 

Visita a Franco en El Pardo 

Todo empieza con la visita de Vermon Walters, embajador volante de Nixon al palacio de El Pardo, lo que el propio general norteamericano había calificado como "una misión con la que ninguna puede compararse". Según Walters, Richard Nixon "se daba cuenta de la importancia que España tenía para el nundo libre". Y ese interés por nuestro país le induce a enviarle a España con la "misión especial" de entrevistarse con Franco, "para hablar de los años futuros en los que el generalísimo ya no fuera jefe de Estado ".

La misión de Walters en El Pardo, en 1971, pretende apuntalar el franquismo para que se perpetúe con nuevas aparien­cias extemas cuando él muera. Nixon orde­na que Walters se entreviste a solas con Franco e intente averiguar qué medidas políticas y militares ha tomado el dictador en previsión de lo que pueda ocurrir tras su propia muerte. "Decir que estas ins­trucciones me estremecieron sería decir muy poco", escribe Walters.

Proceso de cambio hacia la democracia 

A continuación, Walters visita a Carre­ro Blanco y éste le pone en contacto con los responsables de su propio servicio de información, que pronto se constituirá oficialmente con el nombre de SECED. San Martín será el primer jefe de este organismo. Walters le explica al almirante que los norteamericanos quieren llevar a cabo una serie de "líneas de acción" concretas para garantizar que, efecti­vamente, no va a suceder nada impre­visto en el proceso de cambio hacia la democracia. Y él le contesta que, para el planeamiento y la concreción de esas líneas de acción, los servicios de infor­mación de Estados Unidos tienen que entenderse con los hombres que van a integrar el SECED.

La Operación Lucero: orden en la calle 

Carrero encarga a los miembros de este grupo, que posteriormente se va am­pliando, trabajar en coordinación con los servicios de información norteamericanos y desarrollar las líneas de acción diseña­das en Langley. para tener controlada la situación cuando muera Franco. Eso se traduce, en primer lugar, en la 'operación Lucero', que se desarrolla en el SECED. En ella se adopta una serie de medidas en­caminadas a que, cuando muera Franco, durante su funeral y los días posteriores, la situación en las calles también quede atada y bien atada.

Operación Diana: contra el vacío de poder

La segunda de las operaciones diseña­das se denomina Operación Diana y la planifica el Estado Mayor del Ejército, con el propó­sito de prever las actuaciones necesarias en caso de que se produzca un vacío de poder. Una maniobra de este tipo se concibe con arreglo a la hipótesis más probable de la acción enemiga. 

Operación Alborada: el rey Don Juan Carlos y sus pasos a seguir

En la tercera operación diseñada bajo el auspicio de la CIA se determina pormenorizadamente lo que Juan Carlos de Borbón tiene que hacer durante las seis primeras semanas de su reinado. Esta última se comienza a elaborar en La Zarzuela, cuando Jacobo Cano ocupa el puesto de secretario general de la Casa del entonces príncipe heredero. Tras su muerte en accidente de tráfico, le sucede en el cargo el general Armada. Él es quien concluye la operación, que ha pasado a la historia con dos nombres: en la Casa Real la bautizan como "operación Alborada" y en el SECED es conocida como "operación Tránsito". 

Su propósito es que el Rey de­signado por Franco sepa lo que tiene que hacer en todo momento. Por ejemplo, que en los funerales de los Jerónimos debe estrecharle la mano con más efusividad al presidente de la República Alemana que a Giscard D'Estaing, primer ministro francés o que tiene que ser frío y distante con Pinochet... Todo esta diseñado al detalle. 

La ley de Reforma política de Adolfo Suárez

Durante el primer Gobierno de la monarquía, Suárez defiende la Ley de la Reforma Política en las Cortes, desde la Secretaría General del Movi­miento. Ya sólo falta convencer a los más reacios al cambio. Y eso se consigue, muy fácilmente, con el archivo Juno, el archivo que ha elaborado el SECED, bautizado con el nombre del personaje mitológico de las dos caras. Un archivo verdadera­mente curioso y eficaz. El capitán Juan Peñaranda Algar es quien se encarga de mantenerlo actualizado. En él no figura nada inventado, ni imaginado, ni ningún análisis, sólo datos de las diez mil personas punteras de este país, de todas las profesiones. 

El Archivo Jano

La finalidad del archivo es ir acumulando dossieres de cada uno de ellos, de lo que van haciendo y diciendo a diario en su vida pública y privada. Al cabo de unos años de trabajo, la fuerza de Juno es demoledora, y de ello serán conscientes la inmensa mayoría de los miembros de las últimas Corles franquis­tas. 

Andrés Cassinello, jefe del SECED después de San Martín y Valverde, se encar­ga de convencer a los duros de mollera. A José Antonio Girón, por ejemplo, se le per­mite que haga su papel de ultra pero con cuidado, tras recordarle sus trapi­cheos en el Palacio de Congresos de Torremolinos. Y la Ley de la Reforma Política sale adelante. La Transición española comenzaba.

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