domingo, 6 de abril de 2014

Jonestown y el Templo del Pueblo: el mayor suicidio colectivo de la historia

En noviembre de 1978, el congresista estadounidense Leo Ryan dirigió una pequeña expedición a Guyana para llegar hasta el fondo de unas alarmantes acusaciones sobre violaciones de derechos humanos de las que había oído hablar y que estaban relacionadas con la secta llamada Templo del Pueblo y con su líder, el «reverendo» Jim Jones. 

Después de haber inspeccionado el campamento que la secta había instalado en medio de la jungla, Ryan estaba a punto de regresar a Estados Unidos, acompañado de dieciséis miembros desilusionados del Templo del Pueblo, cuando un grupo de fieles de Jones abrieron fuego contra él cuando abordaba un avión el 18 de noviembre. Ryan y algunos de los periodistas que viajaban con él murieron a causa de los disparos.


La última morada del Templo del pueblo 

Mientras tanto, los novecientos seguidores de Jones, incluidos doscientos setenta niños, ingirieron cianuro de potasio y tranquilizantes mezclados en un ponche de frutas. Las autoridades estadounidenses decretaron que había sido un suicidio masivo. Otros no estaban tan seguros.

La secta Templo del Pueblo llegó a su última morada en Guyana, América del Sur, impulsada por Jim Jones, su carismárico líder. La cinta grabada de aquellos últimos minutos sugiere que, una vez que Jones anunció la muerte del congresista, la única salida que le quedaba a la comunidad era un rechazo colectivo de una vida ignominiosa y sojuzgada bajo el sistema capitalista y una tranquila aceptación de la muerte. ¿O no?

Un solo hombre convence a 900 personas

Las especulaciones se centraron en cómo un solo hombre pudo haber convencido a novecientas personas para que se quitasen la vida. Es posible que los seguidores de Jones hayan sido, principalmente, personas extraviadas que buscasen, un liderazgo fuerte, que ingiriesen voluntariamente todas las drogas que Jones les suministraba, pero ¿cómo es posible que las autoridades estadounidenses no supiesen lo que estaba ocurriendo allí? ¿Por qué no hicieron algo para impedir la masacre? ¿Había comunidades similares en otros lugares? 

Muertes misteriosas

Muchos teóricos señalan que Leo Ryan era uno de los críticos más acérrimos de la CÍA en el Congreso. La enmienda Hughes-Ryan habría obligado a la CÍA a recortar drásticamente sus gastos y a informar previamente al Congreso acerca de sus operaciones encubiertas.

Con la muerte de Ryan, la enmienda jamás fue aprobada. A la debacle de Jonestown le siguieron otras muertes misteriosas, como los asesinatos en San Francisco del mayor George Moscone y el supervisor Harvey Milk. Ambos estaban investigando los fondos del Templo del Pueblo y fueron acribillados a balazos por Dan White, un novicio de la secta.

Diversas y disparatadas hipotesis 

El doctor Peter Beter, otro veterano profesional de la teoría dé las conspiraciones, declaró que la masacre de Guyana era consecuencia de la destrucción de un cohete soviético, y que Jim Jones era, en realidad, un judío que sobrevivió a la catástrofe y fue trasladado en avión a Israel para que se recuperase (pero fue lanzado desde el avión en vuelo). 

En su libro Was Jonestown a CÍA Experiment?, Michael Meiers sugiere que el doctor Laurence Layton, un ex jefe de la División de Guerra Biológica y Química del ejército de Estados Unidos, cultivó el virus del SIDA para ser probado y diseminado como parte de un experimento de la CÍA en Jonestown, Guyana. 

La única prueba

La única prueba fehaciente del suicidio colectivo es una cinta de audio —considerada auténtica por la mayoría— en la que puede oírse a Jim Jones discutiendo con su esposa, Christine Miller, acerca del deterioro de la situación y, poco después, pidiendo a gritos la «medicación».

La Masacre de Jonestown ha sido sin lugar a dudas uno de los episodios más terroríficos del siglo XX y será recordado durante mucho tiempo. La pregunta siempre estará ahí, ¿cómo se manipula las mentes de centenares de personas a la vez? 

1 comentario:

  1. En el libro: Las claves ocultas del poder mundial de los periodistas españoles, José Lesta y Miguel Medrero, se habla de este tema; en el capitulo las sectas de la CIA.

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