La historiografía tradicional suele presentar el reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón como un bloque monolítico volcado hacia la unidad religiosa y la exclusión de lo no cristiano. Sin embargo, los documentos históricos revelan una realidad mucho más compleja y fascinante: durante casi dos décadas, el corazón financiero, administrativo y científico del proyecto de los Reyes Católicos latió gracias a una élite de colaboradores hebreos.
Esta "corte judía", lejos de ser un grupo marginal, ocupó los puestos de mayor confianza en la corona, desafiando incluso las leyes restrictivas de las Partidas de Alfonso X que prohibían a los judíos ejercer oficios públicos con mando sobre cristianos.
El motor de la Reconquista: Abraham Senior y la Santa Hermandad
El personaje más influyente de esta élite fue, sin duda, Abraham Senior (o Seneor). Como Rabino Mayor de Castilla, Senior no solo era el líder espiritual y legal de su comunidad, sino que se convirtió en el Factor General y principal tesorero de la Santa Hermandad.
La Santa Hermandad, creada en 1476, fue la primera fuerza de orden público nacional y un instrumento clave para someter a la nobleza levantisca. Su mantenimiento exigía un flujo de capital constante y una organización logística impecable que Senior dirigió con maestría. Además, su papel fue determinante en la Guerra de Granada, donde gestionó los caudales necesarios para mantener un ejército en campaña durante diez años. La confianza de la Reina en él era tal que, tras el decreto de expulsión en 1492, los propios monarcas actuaron como padrinos en su bautismo, momento en el que adoptó el nombre de Abraham Coronel.
Isaac Abravanel: El financiero de la Corona y de la Mesta
Junto a Senior destaca la figura de Yusé (Isaac) Abrabanel, un genio de las finanzas internacionales que ya había servido en la corte de Portugal antes de recalar en Castilla. En noviembre de 1488, a instancias directas de los Reyes Católicos, Abravanel fue designado recaudador mayor del Servicio de Ganados.
Este cargo le otorgaba el control sobre una de las fuentes de ingresos más estables del reino: los impuestos derivados de la Mesta y el comercio de lana. Abravanel no solo aportó su capital personal a través de préstamos directos a la Corona para financiar las etapas finales de la toma de Granada, sino que utilizó su red de contactos comerciales en Europa para facilitar la logística militar. A diferencia de Senior, Abravanel prefirió el difícil camino del exilio en 1492 antes que renunciar a su fe, a pesar de los intentos de los Reyes por retenerlo en su servicio.
El Círculo Íntimo: Secretarios, Médicos e Ingenieros
La influencia judía se extendía hasta el dormitorio y el despacho privado de la Reina. Los tres secretarios particulares de Isabel eran de origen judío o conversos: Lope de Conchillos, Miguel Pérez de Almazán y el célebre Fernando del Pulgar, quien además ejercía como consejero y cronista oficial. Estos hombres redactaban las cédulas reales y gestionaban la correspondencia más sensible de la monarquía.
En el ámbito científico y de la salud, la dependencia era absoluta:
- Medicina: La reina Isabel confió su salud al médico judío Lorenzo Badoç en momentos críticos en los que buscaba asegurar una sucesión masculina. Por su parte, el rey Fernando tenía como "físico" personal al rabí Jaco Aben Nunnes.
- Ingeniería: El maestre Abraham de los Escudos actuaba como el principal ingeniero de los monarcas, aplicando conocimientos técnicos que serían vitales en los asedios militares de la época.
- Logística Militar: Samuel Abolafia se encargó del suministro directo de las tropas en el frente de Granada, asegurando que el ejército no careciera de víveres en terreno enemigo.
La Paradoja de 1492: El fin de una era y el daño económico
El Decreto de Granada (31 de marzo de 1492) supuso un trauma no solo humano, sino administrativo. Se estima que en España vivían unos 100,000 judíos en aquel momento. El edicto sorprendió a muchos, pues los Reyes estaban rodeados de consejeros hebreos hasta el último minuto.
Las fuentes sugieren que la motivación no fue el racismo —Ferdinand mismo tenía ascendencia judía por línea materna— sino la presión de la Inquisición para evitar que el contacto con los judíos impulsara a los conversos a "judaizar". No obstante, el impacto económico fue severo: la Hacienda Real perdió a sus mejores contribuyentes y a los administradores que habían diseñado el sistema de rentas del reino.
A pesar de la expulsión, el legado de esta "corte judía" persistió a través de los cristianos nuevos. El sistema administrativo y financiero creado por Senior y Abravanel sentó las bases de la burocracia moderna que permitiría a España gestionar, poco después, los inmensos recursos del Nuevo Mundo. La historia de la "corte judía" es el testimonio de un tiempo donde el pragmatismo político y el talento intelectual se impusieron, por un breve y brillante periodo, sobre la intolerancia religiosa el antisemitismo.
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