El año 1492 suele recordarse por la llegada de Cristobal Colón a América, pero la historia oculta un pilar fundamental sin el cual esa hazaña no habría sido posible: la contribución de los judíos españoles a la ciencia náutica. Antes de que se decretara su expulsión, estas comunidades no solo eran maestros de la economía, sino también los cerebros detrás de la cartografía y la astronomía aplicada que guiaron a los navegantes por océanos desconocidos.
Maestros de las estrellas y el tiempo: los astrolabios de Isaac Nafucí
Mucho antes del Descubrimiento, la Corona de Aragón fomentó un clima científico comparable al de Alfonso X el Sabio. En este entorno, los judíos españoles se convirtieron en los mejores constructores de instrumentos náuticos.
Uno de los casos más fascinantes es el de Isaac Nafucí (o Niffocí), un judío de Mallorca a quien el rey Pedro IV el Ceremonioso encargó en 1359 la construcción de relojes y astrolabios. Tal fue la maestría de Nafucí que el monarca le otorgó el título de rabino de la isla de Mallorca como recompensa por su labor técnica. Otros sabios, como Bellshom Efraim y Vidal Ferrer, también destacaron en la creación de estos instrumentos, esenciales para orientarse en alta mar mediante la observación de los astros.
La escuela de Mallorca y el atlas catalán de Abraham Cresques
La Cartografía Mallorquina es reconocida como una de las más brillantes y fidedignas de la Edad Media. En el centro de esta revolución se encuentran Abraham Cresques y su hijo Jafudá Cresques.
Abraham Cresques, miembro de una familia judía asentada en Palma por generaciones, fue el autor del legendario Atlas Catalán de 1375. Este mapa no era solo una obra de arte decorativa; era una herramienta utilitaria que incorporaba innovaciones como la traza de los 32 rumbos de los vientos y una abundante toponimia. Por su labor, Abraham recibió el rango de "familia real", lo que le eximía de llevar la "rueda" que identificaba obligatoriamente a los judíos en su vestimenta.
Tras la muerte de su padre, Jafudá Cresques continuó con la tradición cartográfica. Tras convertirse al cristianismo con el nombre de Jaume Ribes, fue llamado a Portugal en 1420 por el infante Enrique el Navegante. Su presencia en la famosa Escuela de Sagres fue determinante para la expansión marítima portuguesa, trasladando el saber judío español al corazón de los nuevos descubrimientos atlánticos.
Abraham Zacut: el guía de Colón y Vasco de Gama
El eslabón definitivo entre la ciencia medieval y la navegación oceánica moderna fue el salmantino Abraham Zacut. Nacido en 1452, Zacut desarrolló la obra de mayor aporte científico para la náutica de su tiempo: el Almanach Perpetuum.
Este almanaque contenía tablas astronómicas que permitieron a los navegantes, por primera vez, hallar la latitud mediante la altura meridiana del Sol de forma práctica. Su influencia fue tan vasta que modificó por completo la historia naval española y de Portugal:
- Cristóbal Colón consultó un ejemplar de Zacut para predecir con éxito un eclipse de Luna en 1504.
- Vasco de Gama recibió consejos directos de Zacut y utilizó un astrolabio de cobre construido por él en su expedición a la India.
- Fernández de Enciso fundamentó las tablas de su Suma de Geografía (primer tratado náutico en español) en la obra del sabio judío.
Un destino marcado por la estrategia
Aunque la expulsión de 1492 fue un hecho doloroso, algunos historiadores sugieren que fue una decisión motivada por la necesidad del Estado de "tener las espaldas tranquilas" ante la inminente proyección atlántica de España. Irónicamente, el mismo año en que los judíos abandonaban Sefarad, los libros y mapas nacidos de su intelecto se convertían en la guía indispensable para que Europa aprendiera a navegar y conquistara el Nuevo Mundo.
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