Septiembre negro en Jordania: la matanza palestina
El 7 de diciembre de 1941, un ataque efectuado por la aviación japonesa destruyó la escuadra norteamericana del Pacífico en Pearl Harbor.
La facilidad con la que se logró el éxito hizo surgir una duda inquietante: ¿habría dejado Roosevelt deliberadamente el camino libre a los japoneses para vencer la resistencia de la opinión pública estadounidense a entrar en la guerra?
Después de la invasión de Polonia en 1939, 1940 fue un año de guerras relámpago en Europa occidental. Pero en 1941 el conflicto se transformó en una auténtica guerra mundial.
Ante la resistencia de Gran Bretaña, Hitler cambió de estrategia. En marzo envió al Afrika Korps del general Rommel a África, invadió Yugoslavia y Grecia en abril y lanzó la operación Barbarroja el 22 de junio contra la Unión Soviética.
Paralelamente, Estados Unidos comenzó a implicarse cada vez más, apoyando a Gran Bretaña mediante la ley de préstamo y arriendo. El 14 de agosto de 1941, Churchill y Roosevelt firmaron la Carta del Atlántico.
El ataque japonés a Pearl Harbor terminó por globalizar definitivamente el conflicto, dando lugar a la Gran Alianza entre Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética frente a las potencias del Eje.
A las 7:55 de la mañana, en la tranquilidad de un domingo, la base de Pearl Harbor, situada en la isla de Oahu, fue sorprendida por un ataque devastador.
Un total de 183 aviones japoneses iniciaron el bombardeo.
El pánico sustituyó a la incredulidad. Los acorazados, cruceros y destructores comenzaron a arder o a hundirse bajo las bombas y torpedos. La aviación quedó atrapada en tierra, incapaz de reaccionar.
A las 08:45, una segunda oleada de 170 aviones intensificó el ataque.
El balance fue devastador:
2.403 muertos
1.178 heridos
18 buques fuera de combate
159 aviones destruidos
Japón logró uno de los ataques sorpresa más efectivos de la historia.
El ataque fue diseñado por el almirante Isoroku Yamamoto, quien ideó una operación extremadamente arriesgada: atacar a más de 5.500 kilómetros de Japón la base más protegida del Pacífico.
El éxito se debió a la meticulosa preparación, la inteligencia militar y también a la negligencia estadounidense.
En Pearl Harbor, el general Short y el almirante Kimmel habían sido advertidos de una posible ofensiva japonesa.
Sin embargo, no creían que Pearl Harbor fuera el objetivo.
Cometieron varios errores graves:
No mantuvieron la vigilancia por radar
No modificaron las rutinas militares
La flota seguía concentrándose los fines de semana
No compartían información entre ellos
En Washington, la situación no era mejor.
Estados Unidos había descifrado códigos japoneses y sabía que algo se preparaba, pero los servicios de inteligencia no colaboraban entre sí.
Además, subestimaban a Japón, creyendo que no se atrevería a atacar directamente.
Incluso cuando el general Marshall recibió aviso de un ataque inminente una hora y media antes, no alertó a Pearl Harbor.
Tras la guerra, surgieron sospechas.
Algunos sectores acusaron a Roosevelt de haber permitido el ataque para forzar la entrada de Estados Unidos en la guerra.
Según esta teoría, Pearl Harbor habría sido utilizado como cebo para cambiar la opinión pública.
En realidad, Roosevelt ya apoyaba a Gran Bretaña, pero su prioridad era Europa.
Intentó ganar tiempo sin provocar un conflicto directo con Japón.
Por su parte, Japón buscaba expandirse en Asia sin intervención estadounidense. Firmó el pacto tripartito con Alemania e Italia y avanzó en China y el sudeste asiático.
Cuando Japón ocupó el sur de Indochina en 1941, Estados Unidos respondió cortando el suministro de petróleo.
Ambos países intentaban evitar una guerra abierta, pero la tensión era insostenible.
Japón decidió actuar primero, utilizando el factor sorpresa.
Pearl Harbor fue un éxito táctico, pero provocó la entrada de Estados Unidos en la guerra, lo que a largo plazo selló el destino del conflicto.
En 1904, Japón atacó por sorpresa a la flota rusa en Port Arthur, iniciando la guerra ruso-japonesa.
Este ataque permitió a Japón imponerse y marcar un precedente histórico.
En 1898, Estados Unidos utilizó la explosión del acorazado Maine en La Habana como pretexto para declarar la guerra a España.
Este hecho provocó el fin del imperio colonial español y consolidó el poder estadounidense.
Aún hoy existen dudas sobre si la pasividad estadounidense en Pearl Harbor fue intencionada.
Si así fuera, surge una pregunta inquietante:
¿Hasta qué punto estaba Roosevelt dispuesto a provocar un ataque para superar el aislacionismo y llevar a su país a la guerra?
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