miércoles, 11 de septiembre de 2013

Gibraltar: la roca de la discordia

Un tratado de paz del siglo XVIII concedió al Reino Unido la propiedad de Gibraltar, la última colonia europea.

Con sólo seis kilómetros cuadrados y 29.000 habitantes, Gibraltar es una rara avis de la geopolítica. El origen de esta anomalía his­tórica se remonta a la guerra de Sucesión, cuando luchaban por el trono español Felipe V de Borbón, con el apoyo de la Corona de Castilla y Francia, y el archiduque Carlos III de Habsburgo, reconoci­do por la Corona de Aragón y apoyado por Austria, Inglaterra y Holanda. 

La repoblación de Gibraltar

El 4 de agosto de 1704, una escuadra angloholandesa conquistó Gibraltar en nombre de Carlos III. Dos días más tarde, los ha­bitantes abandonaron la plaza para no jurar leal­tad al pretendiente austríaco. Así nació la locali­dad de San Roque. Gibraltar se repobló entonces con genoveses, malteses, portugueses y judíos.

El Tratado de Utrecht 

Carlos III perdió la guerra, pero los ingleses se quedaron en Gibraltar. Por la paz de Utrecht de 1713, Felipe V les cedió "la plena y entera pro­piedad de la ciudad y castillo de Gibraltar junto con su puerto y sin jurisdicción alguna terri­torial y sin comunicación alguna abierta con el país vecino". Los ingleses, por su parte, acepta­ban que no podían "dar, vender o enajenar" Gi­braltar sin ofrecérselo antes a España.

La ilegal ampliación del Peñón 

En estas condiciones radica el carácter único de Gibraltar. Primero, España no cedió la jurisdicción territorial ni marítima, sólo la propiedad de la ciudad, castillo, puerto y fortalezas. Segundo, Rei­no Unido no puede ceder Gibraltar a nadie ni si quiera a sus habitantes. La autonomía concedida a éstos, vista como una violación del tratado, es la clave de la reclamación española. Además, con el tiempo, Reino Unido ha ido ampliando los limites del peñón: ocupó trozos de la zona neutral y apro­vechó la Guerra Civil para construir un aeropuerto sobre aguas territoriales españolas.

Intentos de recuperación

Desde 1714, Gibraltar fue un peón fundamental del Imperio británico, y más aun tras la apertura en 1869 del canal de Suez. Los intentos de Espa­ña de recuperarlo con asedios y ataques fracasa­ron. En 1960, el régimen de Franco llevó el caso al Comité descolonizador de la ONU, a lo que las autoridades británicas respondieron en 1967 convocando un referéndum y concediendo la autonomía interna dos años más tarde.

El error de Franco  

Franco cometió entonces el error de cerrar la verja que separaba Gibraltar del resto de la Península, lo que dejó a miles de españoles sin su trabajo en el peñón y propició el alejamiento de los "llanitos", la población gibraltareña, hasta entonces muy ligados por razones familiares y sentimentales a España. 

El sentimiento de rechazo se hizo paten­te en el referendum de 2001 sobre el preacuerdo de cosoberanía pactado entre Londres y Madrid: el 99% de los votantes dijo "no". 



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