Las otras colonias españolas olvidadas en África y Asia: el imperio invisible más allá de América y Filipinas
Cuando la historiografía tradicional repasa la expansión ultramarina de la Corona española, la atención suele centrarse casi en su totalidad en el virreinato de Nueva España, el virreinato del Perú y el archipiélago de las Filipinas. Sin embargo, la huella geopolítica, comercial y militar hispana se extendió por rincones de África, Asia y Oceanía que la memoria colectiva ha terminado por borrar casi por completo. Desde diminutas islas en el golfo de Guinea hasta fortalezas en el norte de Taiwán, pasando por protectorados efímeros en el Sudeste Asiático, intentos de compra de puertos en el mar Rojo y archipiélagos olvidados en el Pacífico, España intentó tejer una red de enclaves estratégicos y comerciales de dimensiones globales.
Muchos de estos territorios no surgieron como grandes proyectos de poblamiento, sino como puestos de abastecimiento náutico, bases para la trata de esclavos, factorías madereras o simples avanzadillas defensivas para proteger rutas comerciales vitales. Tras el Tratado de Tordesillas de 1494 y el posterior Tratado de Zaragoza de 1529 —que fijó la línea de influencia en el hemisferio oriental a 297,5 leguas al este de las islas Molucas—, la diplomacia y las armas españolas intentaron posicionarse en mercados exóticos desafiando a potencias rivales como Portugal, Holanda, Gran Bretaña y Francia.
1. El Golfo de Guinea: De la cesión diplomática a los enclaves del cacao y la madera
El Tratado de El Pardo (1778) y la quimera del tráfico atlántico
La presencia española en el África ecuatorial se formalizó a finales del siglo XVIII a través del Tratado de El Pardo (1778) firmado entre las coronas de España y Portugal. A cambio de la renuncia a ciertos territorios disputados en el sur del actual Brasil, la emperatriz María I de Portugal cedió a Carlos III de España los derechos soberanos sobre las islas de Fernando Poo (actual Bioko) y Annobón, así como el derecho a comerciar en el litoral continental comprendido entre el cabo Formoso y el cabo López. El objetivo primario de la Corona española era disponer de bases propias en África para abastecerse directamente de mano de obra esclava sin depender de los costosos "asientos" o contratos con compañías extranjeras.
Sin embargo, las primeras expediciones de toma de posesión, como la comandada por el conde de Argelejos en 1778, resultaron ruinosas debido a la virulencia de las fiebres tropicales y las enfermedades endémicas, lo que provocó que la administración peninsular abandonase prácticamente el territorio durante décadas.
La ocupación efectiva y los marinos olvidados: Juan José de Lerena
Durante la primera mitad del siglo XIX, la inacción española permitió que Gran Bretaña ocupara de facto Fernando Poo, fundando en 1827 la localidad de Port Clarence (actual Malabo) bajo el pretexto de establecer un tribunal internacional contra la trata clandestina de esclavos. La pasividad de Madrid llegó a tal extremo que en 1841 el ministro de Estado español, Antonio González, llegó a presentar un proyecto de ley en las Cortes para vender la isla de Fernando Poo a los británicos por 60.000 libras esterlinas. Solo un enorme clamor popular y la indignación patriótica frenaron la transacción en el último momento.
Para restablecer la soberanía perdida, el gobierno envió en 1843 al capitán de navío Juan José de Lerena al mando del bergantín Nervión. Lerena realizó una brillante y desconocida campaña diplomática: desembarcó en Fernando Poo, expulsó formalmente a la superintendencia británica, proclamó a Isabel II y obtuvo la jura de fidelidad de los jefes locales bubis. No contento con ello, Lerena navegó hacia el sur e incorporó oficialmente a la monarquía española las islas de Corisco, Elobey Chico y Elobey Grande, así como la isla de Annobón y el litoral continental de Río Muni.
De la colonia de plantación al modelo autonómico
A lo largo de los siglos XIX y XX, Guinea Española se transformó en un complejo entramado de explotación agrícola centrado en el cacao y el café de altísima calidad. La falta de población local suficiente en Bioko dio lugar a la importación masiva de braceros nigerianos y krumanes de Liberia bajo contratos de trabajo semi-forzado. Tras la Conferencia de Berlín (1884-1885) y el posterior Tratado de París de 1900, las colosales pretensiones territoriales españolas sobre más de 300.000 km² en el continente africano quedaron reducidas a un modesto rectángulo selvático de unos 26.000 km² (Río Muni). En 1958, el franquismo elevó los territorios guineanos a la categoría de provincias españolas de ultramar, dotando a sus habitantes de DNI español, antes de conceder la independencia a la República de Guinea Ecuatorial en 1968.
2. La Formosa española (1626-1642): La fortaleza del norte de Taiwán
El choque geoeconómico con la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales
En el primer tercio del siglo XVII, las rutas comerciales entre las Islas Filipinas y la China de la dinastía Ming se vieron gravemente amenazadas por la expansión militar de los holandeses, organizados en torno a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) y la Compañía de las Indias Occidentales (WIC). En 1624, los holandeses se establecieron en el sur de la isla de Formosa (actual Taiwán), construyendo Fort Zeelandia (Tainan) para interceptar los galeones españoles que navegaban entre Manila y los puertos chinos.
Como respuesta estratégica, el gobernador general de Filipinas ordenó en 1626 el envío de una expedición militar al mando de Antonio Carreño Valdés. Los españoles desembarcaron en el norte de Formosa y fundaron la ciudad de Santísima Trinidad en el puerto de Keelung, erigiendo el imponente Fuerte de San Salvador.
Fortines en la selva y misiones dominicas
Durante dieciséis años, la presencia española en Taiwán se consolidó con la fundación del asentamiento de San Salvador y la ocupación de Tamsui, donde se construyó el Fuerte de Santo Domingo. Misioneros dominicos y franciscanos se adentraron en las zonas tribales del interior para evangelizar a los aborígenes formosanos y compilar los primeros diccionarios en sus lenguas vernáculas.
Sin embargo, el aislamiento geográfico, el clima sofocante, las fiebres y la falta de refuerzos procedentes de Manila debilitaron progresivamente a la guarnición española. En 1640, la crisis de la Unión Ibérica y los recortes presupuestarios obligaron al gobierno colonial a retirar parte de las tropas de Formosa. Aprovechando esta vulnerabilidad, una poderosa flota holandesa sitió la fortaleza de San Salvador en 1642. Tras una heroica pero insostenible resistencia, la guarnición española capituló con honores de guerra, poniendo fin a la efímera aventura de la Corona en las costas del Mar de China Oriental.
3. La Guerra de Castilla (1578) y las incursiones en Borneo y el Sudeste Asiático
El Imperio de Brunéi bajo la soberanía de Felipe II
Uno de los episodios más exóticos y menos divulgados de la historiografía colonial ocurrió en la primavera de 1578, cuando el gobernador español de Filipinas, Francisco de Sande, organizó la conocida como "Guerra de Castilla" contra el Sultanato de Brunéi. Brunéi constituía en ese momento un próspero imperio marítimo que dominaba la totalidad de la isla de Borneo y el archipiélago de Joló, extendiendo el islam y disputando la influencia mercantil en la región de Visayas.
Sande lideró personalmente una escuadra de 40 embarcaciones y más de 400 soldados españoles acompañados de auxiliares indígenas. Tras derrotar a la flota del sultán Saiful Rijal en un encarnizado combate naval, las tropas españolas tomaron al asalto la capital, Kota Batu, y ocuparon las tierras de Brunéi en nombre de Felipe II.
Incursiones en Camboya y la expedición a Cochinchina (1857-1862)
Aunque la epidemia de cólera y diarrea forzó a las tropas a evacuar la capital de Brunéi a los pocos meses, la influencia hispana en la región de Insulindia se mantuvo durante generaciones mediante pactos de vasallaje con los sultanes de Sooloo y Mindanao.
Siglos más tarde, en el siglo XIX, el sudeste asiático volvió a ser escenario de las armas españolas. En 1857, tras la ejecución de varios misioneros católicos y del obispo dominico José María Díaz Sanjurjo por orden del emperador Tu Duc, una fuerza conjunta de tropas españolas (procedentes de las guarniciones de Filipinas) y francesas desembarcó en Cochinchina (el actual Vietnam). Bajo el mando del coronel Carlos Palanca, las tropas hispanas participaron en la toma de Da Nang y Saigón. La intervención culminó en el Tratado de Saigón de 1862, mediante el cual España obtuvo indemnizaciones de guerra y libertad religiosa para sus misiones, aunque fue Francia la que terminó anexionándose la región para estructurar la Indochina francesa.
4. Paraísos e islas olvidadas de Oceanía: Las Carolinas, Marianas, Palaos y Vanuatu
Del dominio del Pacífico al "lote colonial" de 1899
Durante los siglos XVI y XVII, el océano Pacífico fue conocido internacionalmente como el "Lago Español" debido al monopolio de navegación establecido por la ruta del Galeón de Manila entre Acapulco y Filipinas. A lo largo de esta inmensa ruta oceánica, los navegantes españoles descubrieron y reclamaron la soberanía sobre miles de atolones e islas.
- Islas Marianas y Guam: Descubiertas por Fernando de Magallanes en 1521 e incorporadas formalmente en 1565, las Marianas tomaron su nombre en honor a la reina consorte Mariana de Austria. Guam se convirtió en la principal escala náutica del Pacífico. En junio de 1898, el crucero estadounidense USS Charleston capturó Guam sin encontrar apenas resistencia defensiva, despojando a España de su principal enclave mariano.
- Islas Carolinas y Palaos: Bautizadas en honor al rey Carlos II, las Carolinas integraban más de 500 islas divididas en distritos como Yap y Ponapé. Tras la pérdida de Filipinas en la guerra de 1898 frente a Estados Unidos, el gobierno de Francisco Silvela consideró inviable la defensa y mantenimiento de estos pequeños archipiélagos dispersos. Mediante el Tratado Germano-Español del 30 de junio de 1899, España vendió formalmente las islas Carolinas, las Marianas del Norte y las Palaos al Imperio Alemán por la suma de 25 millones de pesetas (equivalentes a 17 millones de marcos alemanes).
- Vanuatu y la utopía de Nueva Jerusalem: En 1606, el navegante portugués al servicio de la Corona española, Pedro Fernández de Quirós, avistó el archipiélago de Vanuatu y bautizó la isla principal como Austrialia del Espíritu Santo, intentando fundar una colonia utópica religiosa llamada "Nueva Jerusalem".
5. Misiones secretas y proyectos frustrados: El puerto español en el Mar Rojo
La propuesta de Sinibaldo de Mas y las incursiones en el Cuerno de África
A mediados del siglo XIX, la inminente apertura del canal de Suez (1869) transformó drásticamente la geopolítica marítima mundial, convirtiendo el mar Rojo y el golfo de Adén en la arteria comercial más estratégica del planeta para conectar Europa con las posesiones orientales de Filipinas. Consciente de la vulnerabilidad de los barcos españoles que debían repostar en puertos bajo control británico o francés, el diplomático y erudito español Sinibaldo de Mas propuso confidencialmente al gobierno en 1834 la adquisición de una franja costera en las inmediaciones de Adén.
En 1863, el marino Buenaventura Mas y Calzada y el cónsul español en Alejandría, Alvino Mencarini, retomaron las gestiones secretas con el jefe tribal Alí Tabat para comprar un puerto con una legua de territorio circundante en las costas de Arabia. El proyecto recomendaba mantener el mayor sigilo para evitar la abierta oposición diplomática de la Corona británica.
Las gestiones de Pedro Carrera en Bender Miraya y Eritrea
En 1883, bajo el reinado de Alfonso XII, el Ministerio de Estado envió en comisión secreta al diplomático Pedro Carrera con el encargo expreso de "dar los pasos necesarios para la adquisición de un territorio en las proximidades de Cheik-Said o en la costa de Somalia". El secretario de la Real Sociedad Geográfica de Madrid, Martín Ferreiro, aconsejó oficialmente fijar la bandera española en el puerto de Bender Miraya (Bender Cassim), situado cerca del estratégico Cabo Guardafuí.
Sin embargo, ante el temor a provocar un conflicto internacional, Carrera desvió sus negociaciones hacia la costa de la actual Eritrea, donde llegó a firmar la opción de compra de varios terrenos costeros. A pesar de los informes favorables de la Armada, la inestabilidad política interna en Madrid —marcada por continuas crisis ministeriales— y las presiones combinadas del gobierno egipcio y la diplomacia británica forzaron la cancelación definitiva del proyecto. España perdió así la oportunidad histórica de contar con una estación de carbón y una base naval propia en la ruta del canal de Suez.
Preguntas Frecuentes sobre las colonias olvidadas
¿Por qué España vendió las islas Carolinas y Palaos a Alemania en 1899?
Tras la derrota militar en la guerra hispano-estadounidense de 1898 y la pérdida de Filipinas, Puerto Rico y Cuba, la Corona española carecía de fuerzas navales para defender archipiélagos aislados en el Pacífico. Ante la imposibilidad logística de gobernarlos y protegerlos, el gobierno de Francisco Silvela firmó el tratado de venta con el Imperio Alemán por 25 millones de pesetas en 1899.
¿Qué fue la "Guerra de Castilla" en Asia?
Fue una expedición militar ejecutada en 1578 por el gobernador español de Filipinas, Francisco de Sande, contra el Sultanato de Brunéi en la isla de Borneo. Las fuerzas españolas tomaron la capital, Kota Batu, y ocuparon temporalmente el sultanato para frenar la expansión del islam en el archipiélago filipino.
¿Llegó España a tener presencia en el norte de Taiwán?
Sí. Entre 1626 y 1642, España mantuvo dos fortalezas principales en el norte de la isla de Formosa (Taiwán): el Fuerte de San Salvador en Keelung y el Fuerte de Santo Domingo en Tamsui, con el objetivo de contrarrestar el avance comercial holandés.
El legado fragmentado de un imperio global
La reconstrucción de la historia de estas posesiones olvidadas en África, Asia y Oceanía demuestra que la expansión ultramarina de la Monarquía Hispánica fue un proceso inmensamente más complejo y heterogéneo que la simple administración del Nuevo Mundo. A través de factorías comerciales, tratados diplomáticos frustrados y guarniciones militares extremas, los navegantes y diplomáticos españoles intentaron garantizar la presencia de la bandera de España en todas las latitudes del globo.
Aunque la mayoría de estos enclaves terminaron desapareciendo por acuerdos de venta, tratados internacionales o el simple abandono institucional, su estudio revela las ambiciones geopolíticas de un imperio que, durante más de cuatro siglos, intentó conectar comercial y culturalmente los cinco continentes.
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