El Enigma de la carabela San Lesmes: ¿Descubrieron los Españoles Australia y Nueva Zelanda en el Siglo XVI?
La historiografía tradicional del Océano Pacífico ha mantenido durante siglos un relato lineal y anglosajón. Según esta versión oficial, el descubrimiento de las grandes masas continentales de Oceanía, específicamente Australia y Nueva Zelanda, fue obra de navegantes británicos y franceses del siglo XVIII, con la emblemática figura del Capitán James Cook y su navío Endeavour como los protagonistas indiscutibles. No obstante, un creciente y sólido cuerpo de investigaciones históricas, arqueológicas y antropológicas sugiere que este mapa del mundo fue dibujado mucho antes de lo que admiten los libros.
En el centro de esta fascinante hipótesis se encuentra una carabela española que desapareció en la inmensidad del mar en el siglo XVI: la San Lesmes. Su odisea plantea un escenario donde marinos ibéricos realizaron el descubrimiento de estas tierras más de dos siglos antes de que las potencias del norte de Europa reclamaran la soberanía de la región.
1. La expedición de García Jofre de Loaysa: un sueño imperial
La historia comienza el 24 de julio de 1525, cuando una imponente flota de siete naves y aproximadamente 450 hombres zarpó del puerto de La Coruña, en España. Esta misión, ordenada por el Emperador Carlos V, tenía un objetivo estratégico y económico vital: consolidar el control español sobre las Islas Molucas (el archipiélago de la especiería), ricas en clavo de olor y nuez moscada, tras la histórica gesta de Magallanes y Elcano.
Esta expedición no era una empresa menor, pues contaba con mentes brillantes y veteranos de la mar:
- Juan Sebastián Elcano: El primer hombre en circunnavegar el globo, quien participaba como piloto mayor.
- Andrés de Urdaneta: Un joven que, años después, se convertiría en el cosmógrafo más importante de su tiempo al descubrir el "tornaviaje" a través del Pacífico.
A pesar del talento y los recursos invertidos, la travesía de Loaysa se convertiría en una de las más accidentadas, calamitosas y trágicas de la era de los descubrimientos, marcada por infortunios constantes y la muerte de sus principales líderes.
2. El Descubrimiento del "Mar de Hoces" y el Cabo de Hornos
Antes de su misteriosa desaparición, la San Lesmes ya había dejado una huella indeleble en la geografía mundial. En 1526, mientras la flota intentaba cruzar el peligroso Estrecho de Magallanes —un laberinto de canales considerado uno de los parajes más inhóspitos del planeta—, se desató un vendaval feroz.
La carabela, comandada por el capitán Francisco de Hoces, fue empujada por la tormenta hacia el sur, separándose del resto de las naves. En este desvío forzoso, De Hoces avistó el final abrupto del continente americano y la unión de las aguas del Atlántico y el Pacífico. Al observar el mar abierto hacia el sur, el capitán declaró que "allí estaba el término de la tierra".
Con este hallazgo, los españoles descubrieron el paso que hoy conocemos como Cabo de Hornos, décadas antes de que los navegantes holandeses llegaran a la zona. Este pasaje fue bautizado originalmente como el Mar de Hoces en honor a su descubridor.
3. La tormenta y la desaparición en el Pacífico
Tras lograr reunirse brevemente con los barcos supervivientes de la flota de Loaysa, una nueva y pavorosa tempestad en las aguas del Pacífico desmembró la expedición de forma definitiva en 1526. La dispersión fue total:
- La nave capitana logró alcanzar las Molucas, aunque en el trayecto fallecieron líderes como Elcano debido al escorbuto.
- Otras embarcaciones terminaron recalando en las costas de México.
- La carabela San Lesmes se extravió para siempre de los registros oficiales de la Corona Española.
A partir de este punto, el destino de la nave y sus tripulantes se sumerge en el terreno de la hipótesis y la leyenda, alimentado por hallazgos que sugieren una supervivencia épica.
4. La hipótesis de Oceanía: Nueva Zelanda y Australia
Investigadores e historiadores de renombre, como Roger Hervé y Anne Salmond, defienden una teoría fascinante: la San Lesmes no fue tragada de inmediato por el océano, sino que sus tripulantes, expertos navegantes, siguieron un rumbo noroeste que los llevó directamente al corazón de la Polinesia y Oceanía.
La Conexión con Tahití
Existen evidencias que sugieren que la tripulación pudo ponerse a salvo inicialmente en la Polinesia Central. Cerca de la isla de Tahití, se han documentado hallazgos de restos materiales que podrían pertenecer a la carabela del siglo XVI, incluyendo cañones antiguos de hierro y una cruz de gran tamaño, elementos ajenos a la cultura nativa antes del contacto europeo oficial.
El Enigma de Nueva Zelanda
La hipótesis sostiene que la San Lesmes alcanzó las costas de Nueva Zelanda. Como prueba de este contacto temprano, se han señalado asombrosas similitudes culturales y arquitectónicas:
- Arquitectura Tradicional: Se ha observado que ciertas estructuras maoríes utilizadas para el almacenamiento de alimentos guardan un parecido extraordinario con los hórreos gallegos, las construcciones típicas de la región de donde zarpó la expedición (La Coruña).
- Genética y Fenotipo: Los relatos mencionan la presencia de rasgos físicos inusuales en ciertas poblaciones nativas tras el contacto con estos navegantes.
El naufragio en Warnambool y la exploración de Australia
Se cree que, tras su paso por Nueva Zelanda, la carabela continuó navegando hacia el oeste hasta alcanzar la costa meridional de Australia. La teoría más aceptada sitúa el naufragio final en las dunas de Warnambool, en el actual estado de Victoria, cerca de Melbourne.
Sin embargo, los supervivientes habrían demostrado una pericia técnica excepcional: lejos de rendirse, se plantea que utilizaron los restos de la San Lesmes y madera local para construir una nueva embarcación. Con esta nave menor, habrían recorrido y mapeado meticulosamente toda la costa este australiana hasta llegar al Cabo York. Fue probablemente en este punto extremo del norte donde fueron capturados por una expedición portuguesa al mando de Gomes de Sequeira, lo que explicaría cómo los conocimientos geográficos españoles terminaron circulando por otras cortes europeas.
5. El Testimonio Maorí: Los "Hombres Pálidos" y el "Barco del Aire"
Uno de los pilares más inquietantes y hermosos de esta teoría reside en la tradición oral maorí. El cronista Mohi Turei rescató un relato ancestral que describe un encuentro ocurrido mucho antes de la llegada de James Cook, específicamente durante las noches de Tangaroa, en la fecha conocida como Whatitiri Papaa.
Los pescadores locales relataron la aparición de un barco inmenso tripulado por extraños a los que llamaron "hombres pálidos". La descripción es sumamente detallada para ser una invención: se hablaba de hombres rubios, pelirrojos, pálidos y albinos. Esta diversidad física encajaba a la perfección con las tripulaciones de las naves españolas de la época, que solían reclutar marinos de diversas regiones de Europa.
La leyenda añade un componente místico que sugiere la incomprensión tecnológica de los nativos: afirmaban que el barco parecía "remar en el aire" o elevarse sobre las olas antes de desaparecer definitivamente entre las nubes. Mohi Turei señaló que este fenómeno fue presenciado en repetidas ocasiones en el mismo lugar, lo que sugiere una estancia prolongada o varios avistamientos de la nave.
6. Los mapas de Dieppe: la prueba cartográfica
Si los españoles llegaron a Australia y Nueva Zelanda en 1526, ¿por qué no hay mapas oficiales de la época que lo demuestren? La respuesta está en el espionaje y el secreto de estado.
La prueba técnica más contundente son los Mapas de la Escuela de Dieppe, producidos en Francia a mediados del siglo XVI. Mapas como la Carta del Delfín (1530-1536) muestran con una precisión asombrosa los contornos de la costa este de Australia, un territorio que oficialmente "no existía" para los europeos de entonces.
Se postula que estos mapas fueron elaborados gracias a la información filtrada o capturada de los náufragos españoles por parte de los portugueses. Un dato revelador es que Joseph Banks, el botánico que acompañó a James Cook en 1770, poseía copias de estos mapas de Dieppe, lo que sugiere que la expedición británica no navegaba hacia lo desconocido, sino que buscaba confirmar tierras que ya habían sido avistadas siglos atrás por la Corona Española.
7. El Pacífico como el "Lago Español"
Para comprender la magnitud de este descubrimiento, hay que recordar que durante los siglos XVI y XVII, la hegemonía de la Monarquía Hispánica en estas aguas fue absoluta, hasta el punto de que el océano fue apodado el "Lago Español" o el "Gran Lago Español".
Navegantes posteriores continuaron la labor de exploración en la zona:
- Luis Váez de Torres: En 1606, demostró la insularidad de Nueva Guinea y navegó por el estrecho que hoy lleva su nombre (Estrecho de Torres), avistando las costas del norte de Australia.
- Pedro Fernández de Quirós: Exploró la región y descubrió las islas de Vanuatu, siempre bajo la bandera española.
¿Por qué se mantuvo en secreto?
El celo de las autoridades españolas por proteger sus hallazgos fue extremo. Para evitar que potencias enemigas como Inglaterra o Francia establecieran bases de ataque en rutas estratégicas, muchos diarios de navegación, cartas náuticas y mapas fueron clasificados como secretos y permanecieron ocultos o inéditos en los archivos reales durante siglos.
El drama y el misterio de la carabela San Lesmes representan mucho más que un naufragio trágico; son el testimonio de una era de audacia sin límites. Aunque la historiografía anglosajona ha preferido omitir estos nombres, las evidencias sugieren que los marinos españoles, empujados por el viento y la ambición de un imperio, fueron los primeros europeos en contemplar las costas de la Terra Australis Incognita.
La huella de estos hombres pálidos en las leyendas maoríes y la precisión de los mapas de Dieppe son cicatrices de una historia que aún espera ser reconocida plenamente.
Comentarios
Publicar un comentario