La historia de la expansión hispánica en el Pacífico guarda capítulos que parecen sacados de una novela de aventuras, pero que la historiografía oficial ha tendido a "escamotear" o ignorar. Uno de los más fascinantes es la presencia española en la actual isla de Taiwán, conocida entonces como Isla Hermosa o Formosa, donde la Marina española mantuvo una colonia estratégica durante quince años, tres meses y trece días.
El desafío estratégico: España contra Holanda en el Mar de China
A principios del siglo XVII, la situación de España en Filipinas era crítica debido al desgaste continuo provocado por los ataques de piratas y la presión de las potencias protestantes, especialmente los holandeses. En 1624, tras fracasar en su intento de tomar Manila, los holandeses se establecieron en la banda occidental de Formosa, construyendo el fuerte Zelandia con el objetivo de bloquear el comercio español con China y Japón.
El gobernador de Filipinas, Fernando de Silva, hombre de gran visión estratégica, comprendió que este asentamiento amenazaba con arruinar económicamente al archipiélago filipino. Las noticias que llegaban desde Macao eran alarmantes: el enemigo ya controlaba el flujo de seda y plata, utilizando cohechos y amenazas contra los mandarines chinos. Ante esta amenaza, Silva decidió que España debía establecer su propia base en el norte de Formosa para romper el monopolio holandés.
La fundación de San Salvador y el Puerto de los Españoles (1626)
La expedición se preparó bajo el mayor de los secretos. El 5 de mayo de 1626, una flotilla de doce champanes escoltada por dos galeras partió de Cagayán al mando del Sargento Mayor Antonio Carreño de Valdés, acompañado por el piloto Pedro de Vera y el padre Bartolomé Martínez.
Tras costear el perfil oriental de la isla, el 11 de mayo de 1626 entraron en la bahía de Santiago (denominada hoy Santiau por derivación fonética del nombre español). Allí descubrieron un puerto magnífico y fundaron la ciudad de San Salvador y el Puerto de los Españoles en la isla de Todos los Santos. La toma de posesión fue bendecida por la Iglesia, marcando el inicio de una civilización que intentó atraerse a las tribus locales, como los Carvaran-Gilan.
Auge y esplendor: el "dólar mexicano" y la evangelización
Bajo el impulso del gobernador Silva y su sucesor, Juan Niño de Tavora, el enclave se convirtió en una avanzadilla comercial y cultural fundamental. En mayo de 1629 se finalizó la construcción del Fuerte de Santo Domingo, una estructura cuadrangular de ladrillo y mampostería con muros de dos metros de grosor que protegía el puerto.
Los resultados económicos fueron espectaculares:
- Moneda Global: Las monedas de plata maciza españolas (el real de a ocho o "dólar mexicano") se convirtieron en la moneda oficial de la costa china para el comercio de sedas, porcelanas y joyas.
- Población: Para 1630, ya residían en la zona más de 400 personas, incluyendo familias trasladadas desde Luzón.
- Misiones: Se fundaron pueblos bajo bases patriarcales y catorce misioneros se internaron en la cuenca del río Tamsui para evangelizar a tribus que tenían la costumbre de "cortar la cabeza al oponente". Esta labor dejó mártires, como los padres Luis Muro y Francisco de Santo Domingo, asesinados en 1633.
La traición de la desidia: el fin de la Formosa española
El declive de la colonia no se debió a la fuerza del enemigo, sino a la negligencia y estrechez de miras del gobernador de Filipinas, Sebastián Hurtado de Corcuera. A partir de 1639, Corcuera dejó morir el asentamiento al cesar el envío de socorros, vituallas y hombres, ignorando los informes de espionaje que advertían de un ataque holandés inminente.
En agosto de 1642, aprovechando la debilidad española, los holandeses iniciaron el asedio final. A pesar de una defensa heroica liderada por el gobernador y apoyada por indios pampangos y flecheros nativos, la superioridad artillera enemiga destrozó las murallas. Tras cinco días de combate, los españoles se rindieron con honores, aunque los holandeses no cumplieron las condiciones: los pampangos fueron vendidos como esclavos y los españoles retenidos en condiciones lamentables antes de ser devueltos a Manila en "mugrientos champanes".
La huella hispana en Taiwán
Aunque la alegría holandesa duró poco (fueron expulsados en 1661 por el pirata Koxinga), la huella de España en Taiwán permanece viva siglos después. El Fuerte de Santo Domingo, restaurado por los holandeses tras la conquista, se conserva hoy en excelente estado como testimonio de aquella gesta.
Nombres geográficos y muros olvidados en la frondosa cuenca del Taipe recuerdan que, durante tres lustros, la Marina española hizo de la "Isla Hermosa" un baluarte de su imperio en el Lejano Oriente.
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