El conflicto en el cercano Oriente, que opone al Estado de Israel con los pueblos árabes vecinos y, de manera muy singular, con el pueblo palestino, es una de las realidades geopolíticas más complejas del planeta. Para comprender este enfrentamiento, no basta con analizar las crisis recientes; es indispensable realizar un análisis histórico y político riguroso que se remonte a las raíces mismas de los movimientos nacionales que chocaron en la región a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Este artículo ofrece una reconstrucción exhaustiva del sionismo, analizando su origen, su evolución histórica bajo el dominio otomano y británico, el impacto transformador de la Shoá, el proceso de partición en las Naciones Unidas y la posterior declaración de independencia de Israel en 1948, con sus consecuentes ramificaciones humanas y territoriales.
1. El origen del Sionismo: entre el sentimiento religioso y la necesidad política
La nostalgia de Sión y el exilio
Durante casi dos mil años de diáspora, iniciada tras la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 d. C., el pueblo judío mantuvo una conexión cultural y religiosa ininterrumpida con su patria histórica, Eretz Israel (la Tierra de Israel). La idea del retorno a Sión (el nombre bíblico de la colina sobre la cual se erigía el templo de Salomón en Jerusalén) permaneció en el centro de la liturgia y la identidad judías.
Tradicionalmente, la dispersión y la opresión del exilio se vivían bajo una clave de esperanza mesiánica pasiva; los judíos debían orar y esperar la redención divina para el restablecimiento del reino de David. Sin embargo, la interacción con la cultura política europea decimonónica —caracterizada por el auge de los nacionalismos románticos— catalizó una transformación radical: el paso de la espera pasiva a la búsqueda activa de la autoemancipación por medios terrenales y políticos.
El nacimiento del Sionismo político: Pinsker y Herzl
A finales del siglo XIX, la precaria situación de las comunidades judías en Europa oriental —azotadas por sangrientos pogromos en el Imperio Ruso a partir de 1881— y el fracaso del ideal de asimilación e integración en Europa occidental convencieron a varios pensadores de que la hostilidad antijudía era un problema estructural insoluble en la diáspora.
En 1882, el médico de Odesa Leon Pinsker publicó una obra fundacional titulada Autoemancipación. Pinsker argumentó que los judíos siempre serían vistos como intrusos mientras vivieran dispersos dependiendo de la tolerancia ajena, por lo que la única solución definitiva al antisemitismo era la reagrupación en un territorio nacional independiente. Tras sus planteamientos, comenzaron a surgir las primeras asociaciones de los Amigos de Sión (Jibat Sión), integradas por jóvenes idealistas que promovieron las primeras colonias agrícolas en la provincia otomana de Palestina.
No obstante, fue Theodor Herzl quien estructuró políticamente este movimiento de alcance internacional. Conmovido por el virulento antisemitismo desatado en París tras el "caso Dreyfus" en 1894, Herzl escribió en 1896 su obra cumbre, El Estado judío (Der Judenstaat). En ella, formuló una tesis racional y pragmática: el antisemitismo era un problema nacional que requería una solución diplomática internacional. Herzl propuso solicitar a las potencias mundiales la soberanía sobre un territorio legalmente protegido donde los judíos pudieran autogobernarse y constituir una mayoría demográfica.
Para operativizar su proyecto, Herzl definió un esquema organizativo preciso en El Estado judío:
- La Sociedad de los Judíos (The Society of Jews): encargada de sentar las bases políticas, científicas y culturales del futuro Estado.
- La Compañía Judía (The Jewish Company o Jewish Colonial Trust): concebida como la estructura financiera para liquidar los intereses de los judíos que emigraban y proveer los fondos de colonización.
En 1897, Herzl convocó el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza. En esta asamblea, delegados de diversas partes del mundo fundaron la Organización Sionista Mundial y adoptaron el Programa de Basilea, cuyo objetivo central era "establecer un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina asegurado por el derecho público". Asimismo, se creó el Fondo Nacional Judío (Keren Kayemeth le-Israel), destinado a la adquisición de tierras inalienables en Palestina para el asentamiento de los colonos.
2. La evolución histórica: tensiones ideológicas y el impacto del mandato británico
El choque de visiones dentro del movimiento
El sionismo nunca fue una ideología monolítica; en su seno convivieron corrientes profundamente divergentes sobre el método y los fines del proyecto nacional:
- Sionismo cultural: Encabezado por Ahad Ha'am (Asher Ginzberg), esta corriente daba prioridad a la revitalización del idioma hebreo moderno y a la creación de un centro espiritual y cultural judío en Palestina, postergando la urgencia de la soberanía política estatal si esta no iba acompañada de una profunda renovación ética y nacional.
- Sionismo territorialista: Tras el Sexto Congreso Sionista en 1903, donde se debatió la propuesta británica de establecer un hogar judío en África oriental (Uganda), surgió la corriente liderada por Israel Zangwill, dispuesta a aceptar la soberanía en cualquier porción del globo ("sionismo sin Sión"), opción que fue rechazada por la mayoría de los delegados de Europa del Este, fieles al principio histórico del retorno a la tierra de los antepasados.
- Sionismo laborista o socialista: Liderado por figuras como David Ben-Gurión y Berl Katznelson, consideraba que la construcción del Estado debía realizarse mediante la forja de una sociedad igualitaria y de producción colectiva en Palestina. Se nutrió del pensamiento de Aaron David Gordon, quien promovió la idea de la "conquista del trabajo" (Kibbush Avodah). Gordon sostenía que el trabajo productivo de la tierra ancestral redimía tanto al suelo como al propio pionero judío, rechazando la explotación de mano de obra indígena. Bajo esta influencia, los inmigrantes de la Segunda Aliyá (1904-1914) fundaron los primeros kibutzim (granjas agrícolas comunitarias colectivas) y revitalizaron el hebreo como lengua hablada.
- Sionismo revisionista: Fundado por Vladimir Jabotinsky en la década de 1920, se oponía a las posturas pragmáticas y gradualistas del laborismo. Jabotinsky propugnaba la instauración inmediata de un Estado judío en ambas márgenes del río Jordán, argumentando que la colonización judía solo podría consolidarse mediante una "Muralla de Hierro" de fuerza armada que disuadiera la inevitable resistencia de la población árabe local.
La Diplomacia Imperial y la Declaración Balfour
Antes de la Primera Guerra Mundial, la población judía en Palestina era una pequeña minoría en comparación con la población árabe autóctona. Sin embargo, la conflagración mundial y el inminente desmoronamiento del Imperio Otomano abrieron la puerta a un cambio geopolítico decisivo en la región.
Gran Bretaña, que consideraba la zona costera de Siria y Palestina como un enclave vital para proteger el Canal de Suez y la ruta comercial hacia la India, llevó a cabo negociaciones paralelas con diversos actores. Por un lado, alentó la revuelta árabe contra el poder otomano en 1915 a través de la correspondencia entre Sir Henry McMahon y el jerife de La Meca, Husayn ibn Alí, prometiendo el apoyo al establecimiento de un gran reino árabe independiente. Por otro lado, pactó en secreto con Francia el reparto de influencias en la región (el acuerdo Sykes-Picot de 1916).
El 2 de noviembre de 1917, el Secretario de Relaciones Exteriores británico, Lord Arthur Balfour, dirigió una carta a Lord Rothschild expresando la simpatía del gobierno de Su Majestad hacia "el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío". Este hito diplomático, conocido como la Declaración Balfour, fue ratificado en 1922 por la Sociedad de Naciones, que otorgó a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina con el encargo expreso de implementar dicha declaración y reconocer la conexión histórica del pueblo judío con el territorio.
Tensiones intercomunales durante el mandato
Bajo el Mandato británico, el aumento sostenido de la inmigración judía —especialmente en la década de 1930 con la huida de decenas de miles de judíos tras el ascenso de Adolf Hitler en Alemania— y la compra sistemática de tierras por parte de la Agencia Judía exacerbaron los temores de la población árabe local. Los árabes palestinos denunciaron la Declaración Balfour como ilegítima, señalando que disponía de un territorio habitado por una mayoría árabe histórica.
La acumulación de tensiones originó graves estallidos de violencia intercomunitaria, destacando los disturbios de 1929 y, de manera muy especial, la gran Rebelión Árabe de 1936-1939. Para sofocar la rebelión, las autoridades británicas contaron con la colaboración de las milicias judías, como la Haganah, entrenadas en tácticas de contrainsurgencia.
En 1937, la Comisión Real presidida por Lord Peel concluyó que las aspiraciones árabes y judías eran irreconciliables y propuso por primera vez la partición del territorio en dos estados independientes. Ante el rechazo árabe y la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña optó por pacificar la hostilidad árabe emitiendo el Libro Blanco de 1939. Este documento limitó drásticamente la inmigración judía y la adquisición de tierras, lo que dejó a innumerables judíos europeos sin refugio en el momento más oscuro de la persecución nazi.
3. La Shoá como punto de inflexión moral y la urgencia del estado
El exterminio de seis millones de judíos europeos a manos de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (Shoá o Holocausto) transformó por completo el debate sobre el sionismo. El genocidio industrializado demostró de manera atroz la vulnerabilidad de las minorías judías en la diáspora cuando carecían de una soberanía política capaz de garantizar su seguridad y protección existencial.
La revelación de los campos de la muerte tras la liberación en 1945 conmovió profundamente a la opinión pública internacional y generó un poderoso imperativo moral hacia la causa sionista. Decenas de miles de sobrevivientes apátridas hacinados en campos de personas desplazadas en Europa rehusaban regresar a sus antiguos hogares y ansiaban emigrar a Palestina. La firme negativa del gobierno laborista británico de Clement Attlee a levantar las restricciones migratorias del Libro Blanco de 1939 desencadenó incidentes dramáticos, como el del barco Exodus 1947, cuyos pasajeros sobrevivientes de la Shoá fueron devueltos a Europa por las fuerzas británicas, despertando una inmensa simpatía internacional.
Simultáneamente, la comunidad judía en Palestina (Yishuv) se radicalizó. Las organizaciones armadas clandestinas emprendieron una campaña de insurgencia armada y atentados contra las fuerzas de ocupación británicas, destacando la voladura del Hotel King David en 1946 por parte del Irgún, liderado por Menachem Begin. Exhausto militar y económicamente tras la guerra, el gobierno británico decidió renunciar a su mandato y devolver la espinosa cuestión de Palestina a la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) en febrero de 1947.
4. La partición de la ONU y la Fundación del Estado de Israel en 1948
La Resolución 181 (II)
Para examinar la situación, la ONU constituyó la Comisión Especial para Palestina (UNSCOP). El informe de la mayoría de esta comisión recomendó la partición del territorio del mandato en dos estados independientes, uno árabe y otro judío, integrados en una unión económica, disponiendo que Jerusalén quedara bajo un régimen de administración fiduciaria internacional.
El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181 (II) que recomendaba formalmente el plan de partición por una mayoría abrumadora de 33 votos contra 13 (con 10 abstenciones), contando con el voto favorable tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética, en un inusual consenso al inicio de la Guerra Fría.
Los representantes del pueblo judío, liderados por la Agencia Judía, aceptaron el plan de partición valorando la legitimidad internacional que otorgaba al nacimiento de un Estado judío, a pesar de que el territorio asignado (un 54% de la tierra fértil) era menor que el anhelado. Por su parte, la representación árabe de Palestina y la Liga Árabe rechazaron de plano la partición, argumentando que violaba los principios de autodeterminación de la mayoría de la población autóctona, iniciando de inmediato enfrentamientos armados intercomunales que sumieron al territorio en una guerra civil de facto.
Proclamación de Independencia y la Guerra de 1948
El 14 de mayo de 1948, pocas horas antes de la expiración oficial del mandato británico y la partida del último Alto Comisionado, Sir Alan Cunningham, el Consejo de Administración Nacional (Minhelet Haam) proclamó unilateralmente en Tel Aviv la independencia del Estado de Israel. David Ben-Gurión leyó la Declaración de Independencia, la cual apelaba tanto al derecho histórico y natural del pueblo judío a establecerse en su tierra ancestral como a la legitimidad formal otorgada por la Resolución 181 de la ONU.
Al día siguiente, el 15 de mayo de 1948, las fuerzas militares de cinco estados árabes vecinos (Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak) invadieron el naciente Estado con el fin declarado de abortar su creación. Aunque inicialmente superadas en armamento pesado y aviación, las fuerzas unificadas judías —integradas en las recién creadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) o Tzahal— lograron resistir y prevalecer. El suministro clandestino de armamento proveniente de Checoslovaquia, bajo el auspicio indirecto de la Unión Soviética, resultó de vital importancia estratégica para el bando israelí.
Entre febrero y julio de 1949, Israel firmó armisticios bilaterales en la isla de Rodas con Egipto, Transjordania, Siria y Líbano. La victoria militar consolidó la existencia del Estado de Israel, pero alteró radicalmente el mapa de la partición original de la ONU:
- Israel pasó a controlar el 78% del territorio bajo el mandato, incluyendo toda Galilea, el desierto del Néguev y una vía de acceso a Jerusalén Occidental.
- Cisjordania (el West Bank) y Jerusalén Oriental quedaron bajo control de Transjordania (reino que posteriormente se anexionó formalmente el territorio), mientras que la Franja de Gaza fue administrada por Egipto.
- El proyectado Estado árabe palestino quedó abortado, y los territorios que debían constituirlo fueron anexados o administrados por los estados árabes vecinos sin que se realizara ningún intento de establecer una entidad palestina independiente en ese período.
5. Legitimidad, fracturas y desarrollo contemporáneo
La Disputa por la Legitimidad y la Nakba
La creación del Estado de Israel consolidó la renovación de la soberanía nacional judía, pero coincidió con la tragedia del pueblo palestino, conocida por los árabes como la Nakba (la catástrofe). La guerra de 1948 provocó el desplazamiento forzado y el éxodo masivo de entre 600.000 y 750.000 árabes palestinos que abandonaron sus hogares convirtiéndose en refugiados sin posibilidad de retorno en los países limítrofes.
A nivel jurídico interno, la aprobación en Israel de la Ley de Propiedad Absentista en 1950 consolidó la expropiación y transferencia al Estado de las tierras de los árabes desplazados, permitiendo el asentamiento de cientos de miles de nuevos inmigrantes judíos en las propiedades abandonadas.
Desde la perspectiva israelí, la legitimidad de su existencia como Estado soberano se asienta en sólidos pilares normativos e históricos:
- La continuidad ininterrumpida de su conexión cultural y física con la tierra de Israel durante milenios.
- La imperiosa necesidad moral y humanitaria de un refugio nacional seguro tras la Shoá y siglos de persecución en la diáspora.
- El reconocimiento formal de de jure por las Naciones Unidas y la admisión de Israel como miembro pleno de la ONU el 11 de mayo de 1949.
La Cuestión Constitucional: Las Leyes Básicas
A diferencia de otros estados modernos nacidos tras procesos de descolonización, Israel no se dotó de una constitución escrita cerrada tras su primera Asamblea Constituyente (Knesset) elegida en enero de 1949. El Primer Ministro David Ben-Gurión y su partido, el socialdemócrata Mapai, se opusieron a una constitución rígida, argumentando que el Estado se hallaba en un constante proceso de transformación demográfica y que una constitución escrita podría imponer restricciones severas a la acción de gobierno en momentos de emergencia nacional.
Para solucionar el debate, la Knesset adoptó la "Resolución Harari" en 1950, la cual estableció que la constitución del país se iría construyendo de manera gradual, capítulo a capítulo, mediante la aprobación de Leyes Básicas (Jukei lesod) dictadas por el parlamento. Hasta la fecha, se han aprobado once Leyes Básicas que rigen la estructura del poder público (Knesset, Gobierno, Presidencia, Sistema Judicial) y la protección de los derechos fundamentales (como la Ley de Dignidad Humana y Libertad de 1992).
Complejidad Social y Fracturas Internas
El rápido crecimiento demográfico de Israel en sus primeras décadas se debió a la aplicación de la Ley del Retorno aprobada en 1950, la cual otorgó a todo judío del mundo el derecho a inmigrar y obtener la ciudadanía automáticamente. Sin embargo, la absorción de más de un millón de nuevos inmigrantes en condiciones difíciles generó importantes líneas de fractura social:
- La Fractura Étnica entre Askenazíes y Sefardíes: Durante las primeras tres décadas, el control político, institucional y económico del Estado estuvo monopolizado por una élite de origen centroeuropeo (askenazíes), cuya cultura política se fraguó en los movimientos socialistas de entreguerras. Por el contrario, los judíos provenientes de países árabes del norte de África y Oriente Medio (sefardíes u orientales) sufrieron importantes disparidades socioeconómicas, siendo relegados a barrios periféricos y experimentando graves problemas de inserción que estallaron en brotes de conflictividad social, como el movimiento de las "Panteras Negras" en 1971. Esta fractura étnica tuvo un hondo calado político que facilitó la derrota electoral histórica del Partido Laborista en 1977 ante el partido derechista Likud, liderado por Menachem Begin, apoyado masivamente por el voto de los judíos orientales.
- La Situación de la Minoría Árabe: Los árabes que permanecieron en territorio israelí tras 1948 (aproximadamente el 20% de la población actual) obtuvieron formalmente el derecho al voto, pero permanecieron bajo jurisdicción militar hasta 1966. A pesar de los retos de discriminación y seguridad, hoy en día son ciudadanos que forman sus propios partidos políticos, tienen representación en la Knesset y educación en su propia lengua, conviviendo con la población judía en ciudades mixtas como Haifa, Acre o Nazaret.
El Israel Contemporáneo y sus Contribuciones al Mundo
A pesar de las constantes amenazas existenciales y las restricciones geopolíticas de su entorno, el Estado de Israel ha logrado consolidarse como un polo dinámico de desarrollo científico, tecnológico y social.
Conocido globalmente como la Start-Up Nation, Israel ostenta una tasa de inversión en I+D superior al 5% de su PIB. Ha sido el origen de notables disrupciones tecnológicas y de ingeniería —como el riego por goteo, la cápsula endoscópica, el USB o plataformas avanzadas de ciberseguridad— así como un centro internacional de vanguardia en biotecnología, neurociencias e inteligencia artificial a través de instituciones académicas de prestigio como el Instituto Weizmann de Ciencias, el Technion de Haifa y la Universidad Hebrea de Jerusalén.
A ver cuando una segunda parte o tercera a las siguientes guerras.
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