jueves, 10 de octubre de 2013

Wernher Von Braun: un científico entre dos bandos

"Mi nombre es Magnus von Braun. Mi hermano inventó la V-2. Queremos rendirnos." Esta fue la frase que le espetó el jo­ven Magnus a un soldado de la 44º Divisón de Infantería americana al que se acercó en bicicleta el 2 de ma­yo de 1945 en una localidad de los Alpes bávaros.
 
Los estadounidenses tenían a su hermano mayor Wernher en la lista negra de los científicos alemanes a los que querían interro­gar y pronto le trasladaron a un lu­gar en la zona americana para evitar que pudiese caer en manos sovíéticas, algo que el propio Von Braun temía.
 
La operación Paperclip
 
El gobierno americano se movió con rapidez y en apenas un mes después, el secretario de Estado Cordell Hull aprobaba que se le llevase a él y a siete miembros de su equipo a Estados Unidos dentro de la Operación Paperclip, destinada a sacar de Alemania a científicos valiosos para los intereses americanos. Antes de que acabara el año, todos estaban ya en la base de Fort Bliss, en Texas, continuando su trabajo con los co­hetes y formando a personal técni­co americano.
 
El sueño americano

Así se inició la carrera americana de Wernher von Braun, quien sería muy bien tratado -en 1955 obtuvo la ciudadanía americana- y alcanza­ría cargos de inusitada importancia, teniendo en cuenta que había sido un temible enemigo como artífice de las bombas que habían matado a miles de ciudadanos aliados.
 
Precursor de los cohetes Saturno
 
Tras diri­gir la creación de los primeros misiles balísticos para su país de adopción, se convirtió en el decisivo impulsor del programa espacial estadouni­dense en su calidad de director del Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA, donde supervisó la construcción de los cohetes Saturno, que llevarían a las naves del Progra­ma Apolo al espacio y a la Luna.
 
Hoy se le considera con justicia como el padre del programa espacial ameri­cano y casi un héroe. Murió en Virgi­nia con 65 años habiendo obtenido multitud de honores y medallas. Con su "fichaje" los americanos demos­traron que una política pragmática y magnánima era la mejor manera de ganar no sólo la guerra, sino tam­bién la posguerra.


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