domingo, 2 de junio de 2013

El testamento de Salvador Dalí y la gran decepción de la Generalitat de Catalunya

En el testamento de Dalí se cedía todo al estado español, lo que provocó la indignación de las autoridades catalanas.

El 30 de enero de 1989, el notario José María Foncillas de la comarca de La Bisbal comunica al ministro de cultura español, Jorge Semprún, el contenido del testamento de Salvador Dalí.

En sus últimas voluntades, el artista instituye “heredero universal y libre de todo sus bienes, derechos y creaciones artísticas al estado español”. El testamento, firmado el 20 de septiembre de 1982, es el último de los ocho testamentos que redactó el pintor en sus últimos 35 años de vida.

Presiones y manipulación

Ante este hecho, las instituciones catalanas, que confiaban recibir un buena parte del legado del artista, se sorprendieron desagradablemente y este hecho “borró” a  Dalí de la lista de “artistas catalanes” que conforman el imaginario nacionalista.

Jordi Pujol, en aquellos días Presidente de la Generalitat, declaró al respecto: “Nos sentimos engañados, pero no sabemos por quién”. Con estas palabras, Pujol trataba sutilmente de dar credibilidad a las múltiples y curiosas teorías - muchas de ellas difundidas por el nacionalismo catalán -,  acerca de posibles presiones y manipulación en la redacción del testamento que Salvador Dalí firmó en una de las salas del castillo de Púbol, sin que se encontrasen presentes sus más íntimos colaboradores.

El nacionalismo catalán defraudado

El portavoz de Esquerra Republicana en el Parlament, Josep Lluís Carod-Rovira, llegó a menospreciar al pintor catalán asegurando que en su grupo no se había producido ninguna "sorpresa exagerada" por la decisión de Dalí de destinar su legado al Estado español. "Dalí fue siempre fiel al dólar. La exención de impuestos que le proporcionó el Ministerio de Hacienda junto con el marquesado de Púbol hicieron de él un magnífico español. Naturalmente todo ello al margen de su significación artística".

La irritación de la Generalitat intentó ser apaciguada en parte por el Ministro de Cultura socialista, Jorge Semprún, al declarar que fuera la Fundación Gala-Dalí (de la que forman parte de la Generalitat y el Ayuntamiento de Figueres) la responsable del asesoramiento y parte de la gestión del patrimonio artístico del genial pintor español.

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