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Apaches, Comanches y españoles: pactos, guerras y el origen de la frontera norte

Mucho antes de que el cine de Hollywood mitificara la "conquista del Oeste", las enseñas hispanas ya ondeaban sobre las praderas, pantanos y bosques de los actuales Estados Unidos, habiendo combatido o pactado con casi todas las legendarias tribus indias como los apaches, comanches, cherokees, navajos y sioux . Durante más de tres siglos (1513-1821), España exploró y defendió un territorio inmenso que se extendía desde el Río Grande hasta las gélidas costas de Alaska, forjando una relación compleja de luces y sombras con los nativos que dista mucho de la narrativa tradicional anglosajona. Representación histórica del primer encuentro entre las expediciones hispanas y las tribus de las Grandes Praderas. 1. Hernando de Soto: los cherokees En mayo de 1539, Hernando de Soto desembarcó en la bahía de Tampa (Espíritu Santo) con una fuerza sin precedentes: 9 navíos, cientos de caballos y una piara de cerdos que serviría como despensa móvil. A diferenc...

Manuel Rodríguez Paseiro: el gallego que fundó El Aaiún por 500 pesetas

Fotografía histórica del Destacamento militar de Cabo Juby en el Sahara español

Antiguo destacamento militar de Cabo Juby, escenario de los primeros años de Manuel Rodríguez Paseiro en el Sahara.

La ciudad de El Aiún, capital del Sahara, la fundó un gallego, Manuel Rodríguez Paseiro, y costó 500 pesetas. El 'Caíd Manolo', como era conocido, fue un personaje popular entre las tribus nómadas saharauis, incluidos los tuaregs.


Destacamento militar de Cabo Juby (actual Tarfaya)

Manuel Rodríguez Paseiro, mecánico de profesión y natural de La Coruña, llegó al Sahara como soldado de reemplazo en los años 30 destinado al Destacamento Militar de Cabo Juby (actual Tarfaya). En aquellos días, los españoles no podían salir fuera de aquel cuartel aislado en medio del desierto debido a las facciones rebeldes que pululaban por la zona.


Entre los saharauis

Sin embargo, a Manolo no le gustaba estar siempre recluido en el cuartel y tenía una peligrosa diversión: salir vestido de saharaui y mezclarse con los lugareños escondiendo su identidad como soldado del ejército español.

Gracias a su tez morena y a su don de lenguas —aprendió rápidamente la hassanía, dialecto derivado del árabe— pudo pasar inadvertido entre los nativos.

Tribus nómadas del Sahara con las que convivió el Caíd Manolo

Nómadas del desierto, el entorno en el que Manuel Rodríguez logró integrarse asombrosamente.

Antiguo acuartelamiento del ejército español en El Aaiún, capital del Sahara

Acuartelamiento español en El Aaiún, un punto neurálgico en la historia militar de la región.


El nacimiento del “Caíd Manolo”

Pero Manolo era muy juerguista y mujeriego, y una noche estando con una mujer saharaui, esta, al descubrir su miembro viril no circuncidado como era la costumbre musulmana, comenzó a gritar:

"¡Un cristiano, un cristiano!".

Los gritos alertaron a los miembros de una tribu nómada local que lo apresaron y lo llevaron ante su líder, el Caíd Salah, que le acuso de ser un espía y le amenazó con cortarle la cabeza y mandársela al coronel español que mandaba el cuartel de Cabo Juby. Manolo suplicó al Caíd Salah y le confesó que se había escapado del cuartel sin permiso. Finalmente el líder tribal anuló su sentencia y poco a poco comenzaron a entablar amistad.

Un buen día se presentaron ante el fuerte militar el Caíd Salah y miembros de la tribu preguntando por el 'Caíd Manolo'. El cuerpo de guardia, estupefacto, no sabían quien podía ser ese 'Caíd Manolo", pero pronto se percataron y avisaron al soldado Manolo que, arrestado, estaba en la cocina del cuartel pelando patatas. Meses atrás había sido ascendido a sargento pero su constante indisciplina le causaron su degradación.

Mapa de la región del Sahara Occidental y sus principales asentamientos

Mapa del Sahara Occidental, territorio donde se fraguó la leyenda del gallego Manuel Rodríguez Paseiro.

Puesto militar histórico en la ciudad de El Aaiún, Sahara

Vista de un antiguo puesto militar español en los alrededores de El Aaiún.


Una nueva ciudad en el desierto

La gran amistad y popularidad que tenía con los saharauis y especialmente con el Caíd Salah llamó la atención del Coronel del Destacamento Militar de Cabo Juby, que le mandó llamar para que le hablara de su amistad con el Caíd y de cómo podía hacer para que estas tribus fueran aliadas de los españoles.

Manolo le respondió que lo que más desean es tener una ciudad ya que desde que la mítica ciudad santa de Smara desapareció bajo las arenas del desierto no tenían ninguna ciudad. No es que les gustase disponer de una ciudad para vivir, ya que ellos eran nómadas, pero sí un lugar donde reunirse para comerciar, negociar, celebrar fiestas o consensuar matrimonios.


La construcción de El Aaiún

El coronel, siguiendo los consejos del soldado, ordenó a este que buscase un lugar con agua para construir un zoco alrededor. Manolo se puso manos a la obra y acompañado del hijo del Caíd Salah, Mohamed, y de su fiel compañero de aventuras, el tuareg Mulay.

Buscaron agua hasta encontrar el viejo cauce de La Sequía El Hamra, un lugar perfecto para excavar un pozo. Cuando lo terminaron, se decretó una norma: todo aquel que quisiera darle de beber al ganado deberá traer piedras y dedicar una día completo a construir la ciudad. Manolo ponía de su bolsillo el té y el azucar (los saharauis tenían la costumbre de reunirse por la noche en el campamento para beber té y hablar durante horas).

Cuando se terminó de construir el zoco, asistió a su inauguración el Capitán General de Canarias que le preguntó a Manolo:

¿Cuánto ha costado todo esto?

Manolo respondió entregándole un papel:

“Por el té y el azúcar de la construcción de la ciudad de El Aaiún: 500 pesetas.”

Fachada del histórico Hotel Parador en El Aaiún

El emblemático Hotel Parador de El Aaiún, símbolo del asentamiento y desarrollo de la nueva ciudad saharaui.

Vista de la mítica ciudad santa de Smara en el desierto del Sahara

Ruinas y edificaciones de Smara, la mítica ciudad santa que fascinó tanto a exploradores como al propio Caíd Manolo.


El hallazgo de Smara

Pero no fue solo la fundación de El Aiún la única proeza de este gallego. Años más tarde, el 'Caíd Manolo' iba por el desierto cuando se tropezó con un moribundo. Le preguntó qué hacía allí, tan lejos de todo, y el hombre le indicó que estaba buscando la ciudad santa de Smara. Manolo lo cuidó durante unos días e intentó disuadirle de su empeño en vano. Visto que no conseguía que cambiase de opinión le regaló su mejor camello, agua y alimentos para que continuara su búsqueda.

Tiempo después ese hombre apareció en Agadir asegurando que había encontrado la ciudad de santa Smara y que había escrito un poema que había guardado en una botella en el interior de la mezquita. A los pocos meses murió y todos le tomaron por loco.

Sin embargo, Manolo sí dio credibilidad a aquel hombre al que auxilió tiempo atrás y se limitó a preguntar en qué zona había dicho que se encontraba la ciudad. Acompañado por sus fieles Mohamed Salah y el tuareg Mulay exploró la región hasta encontrar la mezquita y la botella con el poema en su interior de Videchauge, que era el nombre del viajero francés.

El legado olvidado

Smara es en la actualidad la segunda ciudad más importante del Sahara después de su capital, El Aiún, donde la huella de Manuel Rodríguez Paseiro ha desaparecido completamente.

Su historia permanece como una de las más sorprendentes del Sahara español: la de un gallego que, con ingenio, valentía y 500 pesetas, fundó una ciudad en el desierto.

Bibliografía

  • Crónicas del Sahara español

  • Testimonios históricos sobre El Aaiún

  • Relatos tradicionales saharauis

Comentarios

  1. ¿Cuánto es al cambio? Esas 500 pesetas, con la inflación... Mis cálculos lo ponen entre 1.105€ y 16.579€... que por una ciudad, es una ganga, sí...

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  2. O sea, que la fundación de esa ciudad sólo le costó 3 euros. Más o menos, lo que cuesta una cerveza

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. 500 pts de la epoca, no te confundas y mires el precio de hoy

      Eliminar

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