La figura de Diego Peláez representa uno de los capítulos más fascinantes y, a la vez, sombríos de la historia medieval de Galicia. Obispo de la sede de Iria-Compostela entre los años 1071 y 1088, fue el verdadero impulsor de la gran basílica románica que hoy admiramos, aunque su legado quedó empañado por intrigas políticas que lo llevaron de la gloria del episcopado a la oscuridad de las mazmorras y el exilio.
Orígenes y ascenso al poder episcopal
Diego Peláez procedía de una familia de la nobleza, destacando por su generosidad y linaje en una época de profundas transformaciones eclesiásticas. Su nombramiento como obispo ocurrió en el año 1071, y aunque algunas crónicas posteriores intentaron atribuirlo a Sancho II de Castilla, las investigaciones históricas modernas sugieren que fue elevado a la sede por el rey García de Galicia.
A continuación, se detallan los puntos clave sobre esta relación según las fuentes:
- Elevación a la sede episcopal: Diego Peláez fue nombrado obispo de la sede de Iria-Compostela en el año 1071. Mientras que la Historia Compostelana —escrita décadas después— afirma que fue el rey Sancho II quien lo elevó al cargo, los historiadores modernos sostienen que es mucho más probable que el nombramiento fuera realizado por el rey García.
- Contexto de la independencia gallega: Peláez ascendió al poder durante el breve periodo de independencia del Reino de Galicia bajo el mando de García (1065–1071). Se le considera, junto con el obispo Gonzalo de Mondoñedo, como uno de los prelados elevados a sus sedes por la autoridad de García antes de su derrota y posterior encarcelamiento.
- Vínculos con la corte de García: El hecho de que Peláez conociera profundamente la historia del rey García y las razones de su encierro en el castillo de Luna sugiere una conexión estrecha con el monarca depuesto. Esta vinculación con el "bando gallego" de García pudo haber sembrado las semillas de la desconfianza posterior con Alfonso VI.
- Consecuencias políticas: A pesar de haber mantenido inicialmente buenas relaciones con Alfonso VI tras la unificación de los reinos, el ascenso de Peláez bajo el patrocinio de García marcó su carrera. Las acusaciones posteriores de traición, se asientan sobre la base de esta lealtad original a la corte de García.
El gran arquitecto de la Cristiandad
El hecho más trascendental del pontificado de Diego Peláez fue la concepción e inicio de la construcción de la catedral de Santiago de Compostela. Bajo su dirección, el proyecto fue diseñado con una escala europea, acorde con la creciente corriente de peregrinos que llegaban de tierras lejanas al sepulcro del Apóstol.
En el año 1075, coincidiendo con un gran concilio en Santiago tras una exitosa campaña de Alfonso VI en Granada, se dio el impulso definitivo a las obras. Peláez contrató a maestros canteros de gran prestigio, como Bernardo el Viejo y Roberto, cuyos nombres sugieren un origen galo y una conexión directa con la escuela arquitectónica de centros como Sainte-Foy de Conques.
Para facilitar la expansión de la basílica, el obispo firmó en 1077 la famosa Concordia de Antealtares con el abad Fagildo, un acuerdo que permitió desplazar las dependencias monásticas para dar cabida a la nueva girola y las capillas de la catedral. Su impronta es tan profunda que el plano original diseñado bajo su mando fue respetado incluso por su sucesor, Diego Gelmírez, y por el propio Maestro Mateo décadas después.
Las relaciones entre Peláez y Diego Gelmírez
La relación entre Diego Peláez y su sucesor Diego Gelmírez fue compleja y evolucionó desde un vínculo de patronazgo y servicio familiar hasta una tensa rivalidad política marcada por la sucesión en la sede de Santiago de Compostela.
Diego Gelmírez comenzó su carrera bajo la sombra y el amparo de Diego Peláez.
- Vínculo familiar: El padre de Gelmírez, el caballero Gelmirio, servía a Peláez como alcaide y gobernador de las Torres del Oeste en Catoira y del señorío de la iglesia de Santiago.
- Educación: Gelmírez se educó en la escuela catedralicia de Santiago y fue Peláez quien lo introdujo en la vida clerical, convirtiéndolo en su "familiar".
La supuesta traición y el complot normando
La estabilidad de Diego Peláez se quebró debido a su implicación en las complejas luchas de poder de la nobleza gallega. Fue acusado de traición bajo cargos de intentar entregar el Reino de Galicia a Guillermo el Conquistador, rey de los ingleses y normandos, arrebatándoselo así a Alfonso VI. Se cree que Peláez buscaba con este movimiento frenar la creciente influencia de la Orden de Cluny en el Camino de Santiago, la cual contaba con el apoyo incondicional del monarca castellano. Otras fuentes vinculan su caída con la revuelta de la familia Ovéquiz en Lugo y su apoyo al depuesto rey García.
La caída de Peláez en 1088, tras ser acusado de traición por Alfonso VI, marcó un punto de inflexión.
- Ascenso de Gelmírez: Mientras Peláez terminaba en prisión y posteriormente en el exilio, la desgracia de su mentor no arrastró a Gelmírez. Al contrario, este se fortaleció durante la crisis, sirviendo como notario y canciller del conde Raimundo de Borgoña y administrando la sede vacante en varias ocasiones antes de ser nombrado obispo en el año 1100.
- Sucesión conflictiva: Gelmírez sucedió a Peláez en una etapa descrita por las crónicas como de "discordia" para la diócesis.
Hechos y sucesos: La caída en Husillos
En 1088, la hostilidad de Alfonso VI culminó en una acción drástica. El rey ordenó traer a Diego Peláez encadenado ante el Concilio de Husillos, cerca de Palencia. Allí, bajo una presión extrema y temiendo por su vida, el obispo se confesó indigno y entregó su anillo y báculo al legado papal Ricardo. A pesar de esta renuncia forzada, Peláez fue devuelto a prisión, donde permaneció varios años.
Este suceso generó un conflicto diplomático con Roma. El papa Urbano II desautorizó la actuación de su legado por haber permitido la deposición de un obispo sin el consentimiento explícito de la Santa Sede, llegando incluso a ordenar su restitución. Aunque el papa finalmente aprobó la deposición años más tarde, mantuvo para Peláez el honor episcopal, permitiéndole ejercer como obispo si otra diócesis lo elegía, lo que confirmaba que sus delitos eran políticos y no religiosos.
Exilio en Aragón y consecuencias de sus actos
Tras recuperar su libertad, Diego Peláez se refugió en las cortes de Navarra y Aragón, donde fue recibido con honores por el rey Pedro I. Durante su exilio, continuó titulándose como "obispo de Santiago", lo que supuso una sombra constante para su sucesor, Diego Gelmírez.
Incluso después de que Gelmírez asumiera el cargo, la figura de Peláez seguía representando una amenaza real:
- El título en disputa: Durante su exilio en Aragón, Peláez nunca renunció a sus pretensiones de regresar y continuó titulándose "obispo de Santiago" (episcopus sancti Iacobi), contando con el reconocimiento del rey Pedro I de Aragón.
- Miedo al secuestro: En 1101, cuando Gelmírez debía viajar a Roma para ser consagrado, no se le permitió cruzar el reino de Aragón por temor a que Peláez y sus parientes lo capturaran. Las fuentes se refieren explícitamente a los partidarios de Peláez como "enemigos" de Gelmírez en ese periodo.
Las consecuencias de la caída de Peláez fueron ambivalentes. Por un lado, la Historia Compostelana, escrita bajo el mandato de Gelmírez, intentó borrar o minimizar sus logros arquitectónicos para engrandecer la figura del primer arzobispo. Sin embargo, la Guía del Peregrino (Códice Calixtino) lo reconoce explícitamente como el obispo bajo cuyo mandato comenzó la obra admirable de la basílica.
Diego Peláez murió en el exilio hacia principios del siglo XII, dejando tras de sí los cimientos de la que se convertiría en una de las catedrales más importantes de la cristiandad, demostrando que, a pesar de su derrota política, su visión arquitectónica fue indestructible.
Comentarios
Publicar un comentario