El linaje de los Churruchaos: nobleza, rebeldía y sangre en el Reino de Galicia medieval
El linaje de los Churruchaos (originalmente conocidos como los Torrechanos o Torrechaos) constituyó una de las ramas más influyentes, levantiscas y determinantes de la nobleza altomedieval del Reino de Galicia. Pertenecientes a la ilustre casa de los Suárez de Deza y estrechamente emparentados con los señores de Camba y Rodeiro, esta estirpe de infanzones y caballeros protagonizó durante los siglos XIV y XV la confrontación más cruenta registrada en el noroeste peninsular entre la nobleza laica y el poder teocrático de la Mitra Compostelana.
Su trayectoria histórica está jalonada por dos hitos de violencia política que marcaron el devenir de Galicia: la matanza de A Rocha Forte de 1320, donde el arzobispo francés Fray Berenguel de Landoire ejecutó a traición al Adelantado Mayor Alfonso Suárez de Deza, y la posterior consumación de la venganza familiar en 1366, cuando Fernán Pérez Churruchao y Gonzalo Gómez Gallinato asesinaron al arzobispo Don Suero Gómez de Toledo en las inmediaciones de la Catedral de Santiago bajo el reinado de Pedro I el Cruel.
1. Orígenes y heráldica: de los Torrechanos a los Churruchaos
La etimología del sobrenombre: ¿Apellido o apodo de linaje?
En la documentación medieval gallega y en las crónicas cancillerescas castellanas, el término Churruchao no surgió como un patronímico o apellido formal de sangre, sino como un sobrenombre toponímico-heráldico aplicado originariamente a los caballeros de la estirpe de los Deza y los Suárez. A lo largo de los manuscritos de los siglos XIV al XVI, el vocablo experimenta notables variaciones gráficas y dialectales: Torrechano, Torrechao, Turrichao, Turrichau, Corruchao, Curruchao, Churrichau y finalmente la forma popularizada Churruchao.
El erudito renacentista Licenciado Molina, en su célebre obra Descripción del Reino de Galicia, desentraña con precisión filológica y heráldica el génesis de este apelativo:
«Los Dezas y Xuarez son los Torrechanos, que de antes así se llamaban, los cuales fueron los que mataron a un Arzobispo de Santiago a la puerta de la iglesia estando el Rey Don Pedro dentro de la misma iglesia del Apóstol y después acá perdieron este nombre de Torrechanos y son agora los que dicen Dezas ó Xuarez. Tienen su suelo en la ciudad de Santiago, traen una torre por armas, de aquí Torrechanos ó Torrechaos, chao, suelo, vulgo Churruchaos...»
El blasón familiar representaba con orgullo una torre almenada sobre una llanura o suelo despejado (chao). La combinación de la raíz latina turris (torre) y la voz gallega chao (terreno llano o suelo) dio lugar a Torre-chao («los de la torre en el llano»), término que en boca del pueblo santiagués derivó fonéticamente en el apelativo Churruchao.
El solar señorial en el corazón de Compostela
A diferencia de otros clanes aristocráticos gallegos cuyo poder radicaba exclusivamente en fortalezas rurales y montes agrestes, los Churruchaos poseían una position hegemónica en el tejido urbano de Santiago de Compostela. Su casa principal y palacio señorial se erigía en el propio recinto de la ciudad, emplazado frente a frente con la fachada occidental de la basílica jacobea, en el espacio geográfico que siglos más tarde ocuparía el emblemático Palacio de Raxoi en la Plaza del Obradoiro (así como solares vinculados donde se levantó el Seminario de Confesores). Esta cercanía física con el centro del señorío episcopal escenificaba el desafío constante de los caballeros laicos hacia los prelados que pretendían gobernar la ciudad como señores feudales absolutos.
2. El escenario geográfico y político: la tierra de Deza y la alianza con Camba
La comarca de Deza: cuna de caballeros indómitos
Para comprender la fuerza militar del linaje es imprescindible situarse en la histórica Tierra de Deza, una encrucijada estratégica situada en el corazón geográfico de Galicia, bañada por los ríos Ulla y Deza. Desde el siglo XII, durante el mandato del célebre arzobispo Diego Gelmírez, los señores de Deza habían demostrado una belicosidad inquebrantable. Las crónicas de la época ya denominaban a sus mesnadas como «Los Tigres de Deza», destacando figuras como Pedro Arias y su hijo Arias Pérez, quienes lideraron ligas nobiliarias y hermandades contra los intereses hegemónicos del clero y la alta nobleza leonesa.
El entronque con la Casa de Camba y Rodeiro
El linaje de los Suárez de Deza cimentó su hegemonía material mediante alianzas matrimoniales con las casas más ricas del interior gallego. Destacó de manera primordial la unión con la Casa de Camba y Rodeiro, linaje radicado en el legendario e inexpugnable baluarte de Castro-Candaz (en las inmediaciones de Chantada).
El máximo exponente de esta alianza fue don Alfonso Suárez de Deza y Camba, calificado unánimemente en los anales históricos como el «mayor Infanzón de Galicia y el mayor de este linaje». Don Alfonso contrajo matrimonio con doña Mayor Vázquez, señora de los valles y jurisdicciones de Camba y Rodeiro (mencionada también en otros documentos nobiliarios como doña Teresa Turrichao y Camba o Teresa Yáñez de Deza). A través de esta alianza, los dominios de los Churruchaos articularon una tupida red de fortalezas estratégicas que cercaban las comunicaciones de la sede compostelana:
- El Castillo de Deza: Cabeza señorial del territorio de los Camba y Rodeiro.
- El Castillo de Ledesma: Bastión clave para el control de los pasos sobre el río Ulla.
- Las fortalezas de Galegos, Chapa y Férvida: Defensas avanzadas en las parroquias dezanas de Escuadro y aledaños.
- Baluartes en Trasdeza y Carboeiro: Puntos de enlace con los monasterios y rutas comerciales de la meseta.
3. Don Alfonso Suárez de Deza: el caballero frente al Báculo Episcopal
La crisis de la minoría regia y el papel del Adelantado Mayor
A comienzos del siglo XIV, tras el fallecimiento del rey Fernando IV de Castilla en 1312 y la minoría de edad del infante Alfonso XI, los reinos peninsulares quedaron sumidos en un periodo de extrema inestabilidad bajo la regencia compartida de doña María de Molina y el infante don Felipe. En Galicia, los obispos de las distintas diócesis (Lugo, Mondoñedo, Ourense y Tuy) intentaron revocar las libertades que los monarcas anteriores habían concedido a los concejos urbanos, pretendiendo reimponer el dominio feudal pleno sobre las ciudades.
Ante este avance clerical, Alfonso Suárez de Deza asumió el trascendental cargo de Adelantado Mayor de Galicia. Lejos de actuar como un mero ejecutor dócil de la corte central, don Alfonso se erigió en un auténtico líder de los intereses territoriales gallegos. Utilizó su influencia jurídica y militar para respaldar las reivindicaciones de los Concellos frente a las pretensiones de los prelados.
La insurrección comunal en Compostela (1316-1317)
A la muerte del arzobispo compostelano don Rodrigo de Padrón en 1316, estalló una insurrección en la capital de Galicia. Los burgueses, artesanos y clérigos menores de la ciudad se sublevaron contra el cabildo:
- Arrastre del pendón: La multitud amotinada recorrió las rúas de Compostela arrastrando el pendón episcopal y enarbolando el pendón de color morado representativo de las Comunidades y Hermandades.
- Creación del Concejo Revolucionario: Se constituyó un gobierno popular autónomo que negaba expresamente el señorío temporal de la Iglesia sobre la villa.
- Intervención armada de los Deza: Ante la desesperación del cabildo catedralicio, que no hallaba clérigo dispuesto a tomar posesión de la mitra, Alfonso Suárez de Deza se presentó en Compostela en nombre del infante don Felipe y tomó bajo su control la Catedral y todos los castillos del arzobispado para salvaguardar la causa concejil y contener la anarquía.
4. El choque de dos mundos: la llegada de Berenguel de Landoire (1317-1320)
Un dominico francés para someter a los «indómitos gallegos»
In 1317, el papa Juan XXII intervino en el conflicto nombrando como nuevo arzobispo de Santiago a una de las figuras más prominentes de la Iglesia universal: Fray Berenguel de Landoire (Bérenger de Landorre), de origen occitano y a la sazón Maestro General de la Orden de Predicadores (Dominicos).
El nombramiento de un prelado extranjero, desconocedor de la lengua, los fueros y las complejidades de la sociedad gallega, fue recibido en Compostela como una afrenta intolerable. Las ciudades gallegas cerraron filas en torno a sus libertades:
- El Concejo compostelano negó la entrada al arzobispo.
- Los procuradores de la ciudad mantuvieron una resistencia encarnizada en las Cortes de Burgos.
- Berenguel de Landoire se vio forzado a deambular por Galicia sin poder pisar su sede, refugiándose provisionalmente en villas aliadas como Noia y Padrón, y atrincherándose en la imponente fortaleza de A Rocha Forte.
El enfrentamiento con Ruy Soga y las intrigas palaciegas
En su afán por doblegar al Adelantado Mayor, Berenguel selló pactos con clanes rivales de los Deza, encabezados por el caballero compostelano Ruy Soga. Éste llegó a desafiar a duelo en la corte regia a don Alfonso Suárez de Deza acusándolo de traición. Sin embargo, don Alfonso compareció con presteza ante la regente María de Molina, desbaratando las acusaciones y declarando que la Catedral solo se entregaría cuando existiesen garantías formales de respeto a los fueros y a la concordia pública.
5. La masacre de A Rocha Forte (1320): la traición del Arzobispo
La embajada de paz en el «Castillo de los Suspiros»
Hacia septiembre de 1320, con la mediación de diversos sectores de la nobleza y ante la aparente voluntad de diálogo manifestada por el prelado extranjero, el Concejo de Santiago y los caballeros dezanos acordaron una cumbre de paz para protocolizar la entrega definitiva de la ciudad.
El 29 de septiembre de 1320 (festividad de San Miguel), una selecta comitiva integrada por los principales prohombres de Galicia acudió al castillo arzobispal de A Rocha Forte (conocido popularmente como el baluarte de la tiranía episcopal):
- Don Alfonso Suárez de Deza: Adelantado Mayor de Galicia y señor de la casa de los Churruchaos.
- Pedro Fernández de Andrade: Noble principal de la comarca de Ferrolterra y las Mariñas.
- Fernán Pérez de Andrade: Hijo del anterior.
- Lorenzo Rodríguez de Barcia: Destacado hidalgo compostelano.
- Juan Varela de Nendos: Representante de las fuerzas concejiles.
- Martín Martínez de Tudela: Regidor y comisionado popular.
- Una representación de magistrados, jurados y ciudadanos de Santiago.
El hachazo traidor y el escarnio en las almenas
La conferencia diplomática se desarrollaba en un clima de aparente cortesía cuando Fray Berenguel de Landoire se excusó de la sala alegando una obligación sagrada: debía ausentarse unos instantes para celebrar la santa misa.
Aquella ausencia fue la señal convenida. Apenas el arzobispo traspasó el umbral, irrumpieron en la estancia hombres de armas extranjeros bajo el mando directo del mayordomo del prelado, el mercenario francés Bertrand Roussignol. Sin mediar aviso ni dar tiempo a desenvainar las espadas:
- Los delegados fueron atacados salvajemente a golpes de hacha y daga.
- Alfonso Suárez de Deza y sus acompañantes fueron degollados en el acto dentro del recinto de la fortaleza.
- Consumado el crimen, los verdugos decapitaron los cadáveres y colgaron sus cabezas de las almenas de A Rocha Forte, a la vista de los vigías de la comarca, en una dantesca demostración de terror feudal.
El mártir de Bonaval: La ejecución de Xan Torum
Aterrorizada por la pérdida simultánea de toda su cúpula política y militar, la ciudad de Santiago claudicó sin condiciones pocos días después, abriendo sus puertas al prelado en octubre de 1320.
Para consumar el castigo ejemplarizante, Berenguel de Landoire ordenó la detención y condena al patíbulo de los cabecillas de los gremios urbanos. Entre ellos figuraba Juan Torum (Xan Torum), un humilde herrero del barrio de Bonaval, tenido por un cristiano intachable y sencillo que se había unido a la Hermandad por pura convicción cívica. La leyenda compostelana consagró su memoria como «o home santo de Bonaval», relatando que la Virgen María le concedió el prodigio de expirar en el trayecto hacia el cadalso, librándolo de la deshonra pública de la horca. Su martirio cimentó en la memoria popular el odio hacia la Mitra y dio origen a la pervivencia antroponímica del apellido gallego Santorum.
6. La guerra de aniquilación contra la tierra de Deza: el asedio con « el Gato»
La sublevación de los sobrinos: juramento de rencor eterno
Alfonso Suárez de Deza falleció sin descendencia directa legítima. Sin embargo, en sus extensos dominios patrimoniales quedaron sus hermanos, primos y un grupo de intrépidos parientes jóvenes a los que las fuentes documentales denominan «os Churruchaos de Deza». Lejos de someterse al terror sembrado desde A Rocha Forte, los deudos del Adelantado proclamaron la guerra a muerte contra Berenguel de Landoire.
El arzobispo movilizó inmediatamente sus mesnadas y tropas mercenarias e invadió la comarca de Deza, ejecutando una campaña de tierra quemada:
- Castillo de Ledesma: Defendido valerosamente por el alcaide García Rodrigo. Tras un violento asalto, la fortaleza fue capturada y derribada hasta los cimientos.
- Estancia en Carboeiro: El prelado estableció su cuartel general en el monasterio de San Lorenzo de Carboeiro, intimando a los demás castillos a rendir pleito homenaje.
- Arrasamiento de fortalezas menores: Ante la rebeldía de los hidalgos, las tropas episcopales demolieron sucesivamente los castillos de Galegos, Chapa y Férvida (en la feligresía de Escuadro).
El asedio del Castillo de Deza y el ariete formidable
El epicentro de la resistencia de los Churruchaos se atrincheró en el principal Castillo de Deza, defendido con denuedo por Diego Gómez de Deza (a quien el investigador Armando Vázquez señala como hermano o primo directo del Adelantado mayor asesinado).
Para forzar su capitulación, Berenguel mandó construir una máquina de asalto de gran envergadura conocida como «el gato»: un colosal ariete mecanizado y acorazado que socavaba los cimientos de piedra y desgajaba los muros de sillería. Ante la inminencia del desplome de la fortaleza y la matanza de sus defensores, Diego Gómez aceptó la rendición. El castillo fue inmediatamente desmantelado y demolido. Los restos mortales de este ilustre defensor reposan en el singular sepulcro gótico de la Capilla de los Deza en el Monasterio de San Pedro de Ansemil.
La proscripción civil y eclesiástica
A los jóvenes sobrinos de la estirpe Churruchao que sobrevivieron a la ofensiva, Fray Berenguel de Landoire les conmutó la pena capital, pero aplicó sobre ellos una muerte civil y económica absoluta:
- Confiscación total de todas sus posesiones, cotos y rentas situadas dentro de la jurisdicción de la archidiócesis compostelana.
- Inhabilitación perpetua y desposesión de cualquier oficio público, alcaldía o beneficio judicial.
- Prohibición absoluta de percibir prebendas, canongías o rentas eclesiásticas.
Despojados de sus torres y forzados al desarraigo patrimonial, los caballeros de la estirpe se replegaron a sus posesiones lejanas jurando en secreto un odio generacional e implacable contra la Mitra de Santiago, transmitiendo a sus hijos la obligación sagrada de cobrarse la sangre vertida en A Rocha Forte.
7. La venganza de 1366: el asesinato del Arzobispo Don Suero Gómez de Toledo
La Guerra de los Dos Pedros y la escisión nobiliaria
Debieron transcurrir casi cinco décadas (exactamente 46 años) para que los astros de la política castellana brindaran a los descendientes de los Churruchaos el escenario propicio para la venganza. En la década de 1360, la Península Ibérica se desangraba en la guerra fratricida entre el legítimo rey Pedro I de Castilla y su medio hermano bastardo, Enrique de Trastámara (futuro Enrique II).
Galicia se convirtió en el principal bastión de lealtad a la causa de Pedro I, acaudillada con mano de hierro por el noble Fernán Pérez de Castro, Conde de Trastámara, Lemos y Sarria. Sin embargo, en el bando opuesto, la Mitra Compostelana representaba una constante amenaza para el monarca. Al frente de la sede jacobea se hallaba el arzobispo Don Suero Gómez de Toledo, miembro de una influyente familia castellana y firmemente sospechoso de conspirar en favor del pretendiente Enrique de Trastámara.
En el verano de 1366, Pedro I hizo su entrada en Galicia. Compostela lo recibió con júbilo popular, concediendo el soberano a la urbe el privilegio de incorporar a sus armas el león y la efigie del Apóstol a caballo. Para afianzar su control, era imperativo purgar la cúspide eclesiástica.
Los artífices del magnicidio: Fernán Pérez Churruchao y Gómez Gallinato
Para ejecutar la sentencia regia, la Corona recurrió a dos caballeros que aunaban lealtad política a Don Pedro y un ancestral agravio de sangre con la mitra:
- Fernán Pérez de Deza, apodado «Churruchao»: Heredero directo de la estirpe de Alfonso Suárez de Deza, imbuido del rencor secular transmitido por las matronas de la Casa de Camba y Rodeiro.
- Gonzalo Gómez Gallinato: Valeroso hidalgo gallego, descendiente de Lorenzo Suárez Gallinato (a quien el infante don Juan Manuel retrató en El Conde Lucanor como el hombre más valiente de su tiempo) y pariente colateral de la propia estirpe de los Suárez de Deza.
Las discrepancias entre las crónicas: versiones del crimen
El asesinato del arzobispo Don Suero Gómez de Toledo y de su Deán constituye uno de los sucesos más controvertidos de la historiografía medieval hispana. Las fuentes ofrecen tres escenarios documentales principales:
A. La Crónica de Pedro López de Ayala (Perspectiva Trastámara)
El gran canciller y cronista Pero López de Ayala narra en la Crónica del Rey Don Pedro que el monarca citó al arzobispo en la propia Catedral de Santiago bajo fingidas promesas de conciliación. Don Suero acudió custodiado por una guardia armada. Sin embargo, en el interior del templo, Churruchao y Gallinato acometieron al prelado y al Deán, dándoles muerte violenta al pie del mismísimo altar mayor, mientras el rey Don Pedro contemplaba impertérrito la carnicería acompañado por el anciano padre de Fernán Pérez Churruchao.
B. La Crónica de Vasco da Ponte (Tradición nobiliaria gallega)
El cronista gallego Vasco da Ponte sintetiza el suceso de forma lapidaria en su Relación de algunas cosas sucedidas en Galicia:
«Un caballero que se llamaba Fernán Pérez Churruchao en la Porta Faxeira mató un Arzobispo y un Deán por mandato del Rey don Pedro».
En esta versión, la emboscada tuvo lugar en la histórica Porta Faxeira, una de las principales puertas de la muralla compostelana por donde la comitiva episcopal pretendía ingresar a la ciudad o escapar hacia las fortalezas exteriores.
C. La tradición popular de la Rúa da Balconada y la Cantiga Popular
La memoria oral y legendaria de Compostela sitúa los hechos durante la solemne procesión del Corpus Christi de 1366. Según esta narración, el arzobispo Don Suero portaba la Sagrada Custodia a través de un estrecho callejón medieval que comunicaba la Rúa do Vilar con la Rúa Nova.
Oculto en una celada, un ballestero —vinculado a los Churruchaos— disparó un proyectil certero que hirió de muerte al prelado. El arzobispo expiró minutos después sobre el presbiterio catedralicio, mientras sus atacantes ultimaban al Deán en las dependencias anexas. La memoria popular inmortalizó el suceso en una célebre copla lírica recogida por Neira Mosquera:
«Pretiño da Rúa Nova / na Rúa da Balconada / mataron o Arcebispo / por celos dunha madama.»
Aunque la cuarteta introduce el tópico trovadoresco de los «celos de una madama» (referida por autores románticos a una dama cortejada a la par por el arzobispo y el caballero Churruchao), historiadores modernos como Neira Mosquera demuestran que la expresión encubría la intervención de la Marquesa viuda de Camba y Rodeiro, quien durante medio siglo coordinó pleitos en la Chancillería y educó a sus descendientes en el imperativo moral de castigar a la mitra episcopal.
8. La Maldición Urbana: El Destino de la Rúa da Balconada y la Galería de Platerías
El magnicidio en sagrado desató un trauma social sin precedentes en la cristiandad compostelana:
- Entredicho eclesiástico: Todas las iglesias de intramuros clausuraron sus portones en señal de duelo y anatema. Durante meses quedó prohibido celebrar misa o administrar sacramentos dentro de la ciudad, debiendo acudir el pueblo a los oficios extramuros en el monasterio de Santa María de Conxo.
- Siembra de sal y tapiado perpetuo: Considerada un espacio maldito y profanado, la Rúa da Balconada fue tapiada por ambos extremos. Conforme al ritual de las ejecuciones sacrílegas, el suelo de la rúa fue sembrado de sal para garantizar que «ni las hierbas naciesen en ella jamás». El punto exacto donde cayó la sagrada forma fue clausurado con una reja de hierro forjado que permaneció visible durante centurias.
- Clausura de la galería catedralicia: La arcada superior que comunicaba con la fachada sur de la Catedral (sobre la Puerta de Platerías), desde la cual se afirmaba que los cómplices del rey habían seguido el atentado, fue tapiada e incomunicada permanentemente, impidiendo que ningún dignatario o peregrino volviese a asomarse a ella.
9. Consecuencias históricas y el ocaso del linaje
La derrota de Montiel (1369) y el exilio a Portugal
El triunfo de Enrique II de Trastámara tras apuñalar a su hermano Pedro I en los campos de Montiel en 1369 selló la ruina de los caballeros que habían ejecutado el magnicidio. Las mercedes enriqueñas reorganizaron el mapa nobiliario gallego, recompensando con señoríos y prebendas a los linajes fieles (Andrade, Sarmiento, Osorio).
Los Churruchaos se convirtieron en fugitivos políticos y reos eclesiásticos. El clérigo historiador Padre Gándara, en su obra monumental Armas y Triunfos de Galicia, documenta la diáspora familiar:
«Siguió el partido de Don Pedro, también Alonso Gómez de Deza, como su padre Fernán Pérez Turrichao y, prevaleciendo el partido de Don Enrique, no le pareció quedaba seguro en sus reinos y así pasó a Portugal como Alonso Gómez Turrichau y su hijo Fernán Gómez de Deza...»
En el reino lusitano, los exiliados encontraron amparo entre la nobleza fronteriza, participando en las contiendas dinásticas lusas e integrándose en la aristocracia de allende el Miño.
El abandono del apellido y la refundación nobiliaria
Para las ramas del linaje que lograron permanecer en Galicia o regresar amparadas en posteriores amnistías regias, el apellido y apelativo «Churruchao» / «Torrechano» se convirtió en un estigma insostenible, cargado con el peso de la excomunión perpetua dictada por la Santa Sede.
Siguiendo el testimonio del Licenciado Molina, los supervivientes «dejaron aqueste apellido después que hicieron el hecho atrevido», abandonando las referencias a la torre en el llano para reivindicar exclusivamente sus antiguos nombres de cuna: Deza, Suárez, Camba o Taboada.
Sin embargo, las tensiones con la Iglesia no concluyeron allí. En el siglo XV, bajo el báculo del autoritario arzobispo don Lope de Mendoza, nuevos choques territoriales culminaron con la ejecución armada de Lope Hernando y Alonso de Camba, nietos y herederos de la misma estirpe dezana, cerrando definitivamente la era de los infanzones armados de la Tierra de Deza frente a la sede jacobea.
11. Preguntas Frecuentes
¿Quiénes eran los Churruchaos en la historia de Galicia?
Eran miembros de una destacada estirpe nobiliaria medieval perteneciente a la casa de los Suárez de Deza y a los señores de Camba y Rodeiro. Se caracterizaron por su ferocidad bélica y su liderazgo en las luchas de los concejos urbanos gallegos contra el señorío feudal de los arzobipos de Santiago.
¿Por qué se les llamaba «Churruchaos» o «Torrechanos»?
El nombre procede de sus armas heráldicas y de su emplazamiento urbano: ostentaban en su escudo una torre sobre una llanura o suelo llano (chao), y su palacio señorial se ubicaba en el plano principal de Santiago (frente a la Catedral). De Torre-chao derivó popularmente la voz Torrechano y, posteriormente, Churruchao.
¿Qué ocurrió en el castillo de A Rocha Forte en 1320?
El arzobispo francés Fray Berenguel de Landoire convocó a una conferencia de paz al Adelantado Mayor Alfonso Suárez de Deza y a otros líderes nobles y burgueses. Durante la reunión, el prelado se retiró con el pretexto de celebrar misa y sus mercenarios asesinaron a hachazos a los emisarios, colgando sus cabezas de las almenas.
¿Cómo se vengaron los Churruchaos en 1366?
Cuarenta y seis años después, durante la guerra civil castellana, Fernán Pérez Churruchao y Gonzalo Gómez Gallinato, actuando bajo el mandato del rey Pedro I el Cruel, emboscaron y asesinaron al arzobispo Don Suero Gómez de Toledo y a su Deán en Santiago de Compostela (según las fuentes, en la Porta Faxeira o en la Rúa da Balconada).
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