Durante la tercera década del siglo XVI, las selvas, llanos y montañas de lo que hoy es Venezuela se convirtieron en el escenario de uno de los experimentos geopolíticos y económicos más insólitos de la historia atlántica: la colonización, administración y exploración mercantil del territorio americano por parte de una poderosa dinastía bancaria germánica.
Entre 1528 y 1556, el territorio denominado en los documentos de la época como la provincia de Venezuela —y bautizado informalmente por los cartógrafos y banqueros germanos como Klein-Venedig ("Pequeña Venecia")— dejó de ser una gobernación bajo la administración directa castellana para transformarse en un feudo privado regentado por los Welser de Augsburgo (conocidos popularmente en las crónicas hispanas como los Belzares).
Esta etapa, caracterizada por la búsqueda obsesiva de la mítica ciudad dorada de El Dorado, la penetración sistemática en las cuencas del Orinoco y el Marañón, el uso de avanzadas técnicas financieras europeas y una crueldad operacional basada en las razias de esclavos indígenas, constituyó un capítulo sangriento y fascinante. La aventura alemana en Tierra Firme representó el choque frontal entre dos modelos irreconciliables: la visión mercantilista de la banca europea y el modelo rural, agrícola y municipal de la colonización castellana.
1. El Imperio financiero de los Welser y la elección imperial de Carlos V
Para comprender por qué un monarca español otorgó la administración de una inmensa provincia americana a banqueros extranjeros, es indispensable analizar la geopolítica europea del primer tercio del siglo XVI. La casa de los Welser era una de las bancas patrimoniales y comerciales más acaudaladas del Sacro Imperio Romano Germánico, cuya fortuna familiar se había cimentado desde el siglo XV en las ciudades mercantiles de Núremberg y Augsburgo. A través de una densa red de factorías distribuidas por las principales plazas financieras del continente —incluidas Venecia, Lisboa, Amberes y Zaragoza—, los Welser dominaban el comercio de las especias, la lana, el fustán, la seda y la explotación de minas de plata en el Tirol.
En 1519, tras el fallecimiento del emperador Maximiliano I de Habsburgo, el joven rey Carlos I de España se postuló al trono del Santo Imperio Romano Germánico bajo el título de Carlos V. La coronación imperial requería cuantiosos sobornos políticos para convencer a los príncipes electores alemanes. Para financiar esta costosa campaña, la Corona española recurrió a multimillonarios préstamos de los grandes consorcios financieros germánicos, principalmente los Fugger y los Welser. En aquel trascendental año de 1519, los Welser prestaron a Carlos V la astronómica cifra de 141.000 ducados, garantizando la victoria diplomática del monarca castellano.
Como forma de cobro, la firma bancaria exigió privilegios comerciales excepcionales dentro de las posesiones de la Monarquía Hispánica. En 1524, los Welser establecieron una gran factoría en Sevilla dedicada al comercio transatlántico con el Nuevo Mundo, obteniendo una licencia especial para despachar barcos desde puertos ibéricos sin necesidad de someterse rigurosamente al registro tradicional de la Casa de Contratación. Dos años más tarde, en 1526, instalaron una subsede comercial en Santo Domingo al mando de sus factores alemanes Jorge Ehinger y Ambrosio Alfinger (Ambrosius Ehinger).
2. La capitulación de Venezuela de 1528: un contrato comercial para el Nuevo Mundo
Antes de la llegada de los alemanes, la presencia hispana en la costa venezolana había sido esporádica y costera. Navegantes como Alonso de Ojeda, Americo Vespucci y Juan de la Cosa habían cartografiado el litoral a finales del siglo XV y principios del XVI, bautizando el Golfo de Venezuela e inspeccionando las palafitos indígenas del Lago de Maracaibo. En 1527, el hidalgo Juan de Ampíes fundó la ciudad de Santa Ana de Coro, estableciendo relaciones pacíficas con los caciques de la región de Coriana e iniciando los primeros conatos de asentamiento agrícola y evangelización.
Sin embargo, las urgencias financieras de la hacienda real española interrumpieron bruscamente la labor de Ampíes. El 27 de marzo de 1528, el emperador Carlos V firmó en Madrid las célebres Capitulaciones de Venezuela con los agentes de la Casa Welser, representados por Enrique Ehinger (Heinrich Ehinger) y Hieronymus Sailer.
Mediante este instrumento jurídico, la Corona otorgó a la firma bancaria la gobernación y el usufructo exclusivo de la provincia de Venezuela, un territorio que se extendía desde el cabo de la Vela (en la actual Colombia) hasta el golfo de Maracapana, internándose indefinidamente hacia el sur en la desconocida e impenetrable masa continental.
El contrato imponía a los Welser obligaciones estratégicas y de inversión:
- Fundación de poblados y fortalezas: La compañía debía edificar al menos dos ciudades residenciales y tres fortificaciones militares en el territorio concesionado dentro de un plazo estipulado.
- Introducción de colonos y técnicos: Se exigió el traslado de al menos 300 colonos europeos y la incorporación de mineros y geólogos experimentados (muchos de ellos sajones y tiroleses) para localizar vetas de oro y plata.
- Licencia de trata de esclavos: A cambio de financiar las expediciones de descubrimiento, la Corona otorgó a los Welser el monopolio para importar 4.000 esclavos africanos hacia las Antillas y la Tierra Firme, una concesión comercial enormemente lucrativa para la época.
- Gobierno y justicia: Los Welser obtuvieron el derecho de nombrar a los gobernadores, capitanes generales y oficiales de hacienda de la provincia, supeditados formalmente a la autoridad judicial de la Real Audiencia de Santo Domingo.
3. Ambrosio Alfinger (1529–1533): la cacería de esclavos y el infierno de Maracaibo
El primer gobernador germano enviado por la Casa Welser para ejecutar la capitulación fue Ambrosio Alfinger (Ambrosius Ehinger), un experimentado factor comercial de la compañía que desembarcó en Santa Ana de Coro en febrero de 1529 acompañado de cientos de soldados y mercenarios europeos. Alfinger desplazó de inmediato la autoridad de Juan de Ampíes y convirtió a Coro en la capital administrativa y militar de la gobernación alemana.
Desde sus primeros meses de gestión, Alfinger demostró que su prioridad no era la colonización pacífica, la agricultura o la construcción de infraestructuras permanentes, sino la rápida monetización de la empresa. La vía más expedita para amortizar los elevados costes de transporte e pertrechos fue la captura indiscriminada y la venta masiva de la población indígena local. Alfinger organizó brutales entradas militares —conocidas como cabalgadas o razias— contra los pueblos indígenas del interior y de la cuenca del Lago de Maracaibo.
En agosto de 1529, Alfinger dirigió su primera gran expedición hacia el occidente, explorando el canal de entrada de la gran laguna salobre que los nativos llamaban Maracaibo y fundando un pequeño puesto militar de madera en sus orillas. Durante sus campañas por el golfo de Coquibacoa, las tropas alemanas e hispanas utilizaron perros, cadenas de hierro y el marcado con hierro candente en el rostro de los cautivos nativos. Centenares de indígenas fueron transportados encadenados hacia la costa para ser embarcados y vendidos en los mercados de esclavos de La Española y Cuba.
Las incursiones de Alfinger por los valles del río César y la serranía de Perijá se convirtieron en auténticas marchas del terror. Los soldados alemanes exigían a los caciques locales cantidades desorbitadas de oro bajo amenaza de tortura y devastación. Sin embargo, la geografía hostil y las flechas envenenadas de las tribus caribes pasaron factura a los invasores. En 1533, durante un feroz choque bélico contra los indios chitareros en el valle de Chinácota (en la actual Colombia), Alfinger fue alcanzado en el cuello por una saeta impregnada en hierba ponzoñosa. A pesar de los desesperados intentos por cauterizar la herida, el primer gobernador Welser falleció a los pocos días, dejando tras de sí una provincia devastada, despoblada y sumida en el resentimiento.
4. Georg von Speyer (Jorge de Espira) y la delirante marcha por El Dorado
Tras la muerte de Alfinger y un breve interregno administrativo, la Casa Welser nombró como nuevo gobernador a Georg von Speyer (conocido en las fuentes hispanas como Jorge de Espira), un aristócrata castellano-germano que arribó a Coro en 1534. Espira llegó acompañado por una brillante corte de jóvenes nobles alemanes, entre los que destacaba el joven caballero bávaro Philipp von Hutten (Felipe de Utre), así como por una numerosa hueste de soldados e hidalgos hispanos.
A su llegada, las noticias sobre la fabulosa conquista del Imperio Inca por parte de Francisco Pizarro y los inmensos botines de oro y plata extraídos en Cajamarca y el Cuzco habían desatado una verdadera fiebre del oro en todo el Caribe. Los informes indígenas sobre cacicazgos fabulosos ubicados al sur de los Andes alimentaron en la mente de los gobernantes germanos la obsesión por hallar el reino encantado de El Dorado o la laguna sagrada de Guatavita.
En mayo de 1535, Jorge de Espira lideró desde Coro una de las expediciones exploratorias más dilatadas y desgarradoras de la conquista de América. Con casi 500 hombres y más de un centenar de caballos, la columna de Espira y Philipp von Hutten avanzó hacia el sur, atravesando la provincia de Barquisimeto y bordeando las estribaciones orientales de la Cordillera de los Andes.
Durante tres agónicos años (1535–1538), la expedición se adentró en las cuencas de los ríos Apure, Meta y Guaviare, penetrando en los calurosos y anegados Llanos orientales. La marcha estuvo dominada por el sufrimiento extremo:
- Hambre desgarradora: Sin cosechas que saquear en las vastas sabanas, los expedicionarios se vieron obligados a comer hierbas desconocidas, raíces, correajes de cuero hervidos y sus propios caballos.
- Enfermedades tropicales: Las fiebres palúdicas, las disenterías y las plagas de insectos mermaron a la tropa, obligando a dejar enfermos en chozas improvisadas.
- Ataques incesantes: Las tribus nómadas de los llanos acosaron ininterrumpidamente a la columna mediante emboscadas con arcos y lanzas.
A pesar de recorrer miles de kilómetros y rozar las cabeceras del río Caquetá, Espira no logró hallar los imperios áureos que buscaba. En mayo de 1538, un escuálido grupo de supervivientes —demacrados, vestidos con pieles de animales y desgastados por los combates— regresó a Coro con las manos vacías. Deshecho físicamente por los padecimientos de la selva, Jorge de Espira falleció en Coro en junio de 1540 sin haber encontrado las fabulosas ciudades de oro.
5. Nicolaus Federmann: La hazaña transandina y el encuentro de Bogotá
Mientras Jorge de Espira se internaba en los Llanos, otro de los hombres clave de la Casa Welser, el teniente de gobernador Nicolaus Federmann (Nicolás de Federmán), preparaba su propia campaña militar. Federmann, un hábil estratega y cronista nativo de Ulm que ya había explorado la cuenca del río Tocuyo en 1530, consideraba que sus superiores estaban ignorando las rutas más prometedoras hacia el interior.
En 1536, sin autorización expresa de Espira y actuando casi como un caudillo independiente, Federmann organizó en Coro una expedición compuesta por unos 300 soldados y se encaminó hacia las sabanas del suroeste. Durante casi tres años de peregrinaje salvaje a través de los llanos venezolanos y colombianos, Federmann bordeó la muralla infranqueable de la Cordillera Oriental de los Andes.
A principios de 1539, acosado por la falta de bastimentos y guiado por las informaciones de los indígenas que hablaban de una civilización próspera en las alturas, Federmann tomó una decisión militar audaz y desesperada: ascender la vertiginosa Cordillera de los Andes a través del mortífero páramo de Sumapaz. Los soldados alemanes e hispanos, acostumbrados al clima tórrido de los llanos y desnutridos, sufrieron un martirio helado. Decenas de hombres y caballos murieron congelados en los pasos montañosos, pero los supervivientes lograron descender victoriosos sobre el sabanero altiplano cundiboyacense en febrero de 1539.
Allí se produjo uno de los episodios más asombrosos y diplomáticamente complejos de la conquista de América. Federmann y sus hambrientos soldados se toparon en el valle de los Chibchas con dos expediciones rivales que habían llegado al mismo lugar por rutas completamente distintas:
- La hueste del licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, quien había ascendido desde Santa Marta siguiendo el curso del río Magdalena.
- El ejército del adelantado Sebastián de Belalcázar, quien venía remontando los Andes desde el Reino de Quito y Popayán.
Tres ejércitos pertenecientes a tres gobernaciones distintas se encontraron frente a frente reclamando la soberanía sobre el rico territorio muisca. Demostrando una notable prudencia jurídica para evitar una guerra civil entre españoles y alemanes, los tres capitanes acordaron someter sus disputas al fallo de la Corte e itinerar juntos hacia España. En abril de 1539, respaldaron la fundación formal de Santa Fe de Bogotá, repartieron el botín de oro y esmeraldas, y viajaron hacia Europa para presentar sus alegatos ante el Consejo de Indias.
[Casa Welser de Augsburgo]
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(Préstamo de 141.000 ducados a Carlos V - 1519)
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[Capitulación de Venezuela - 1528]
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[Ambrosio Alfinger (1529-1533)] [Jorge de Espira (1534-1540)]
(Razias y Maracaibo) (Búsqueda de El Dorado en Llanos)
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[Nicolaus Federmann (1536-1539)]
(Paso de los Andes & Bogotá)
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[Philipp von Hutten (1541-1546)]
(Entrada a los Uspias & Vacío de Poder)
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[Rebelión Criolla & Juan de Carvajal - 1545]
(Fundación de El Tocuyo & Decapitación)
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[Fin de Concesión Welser & Juicio de Residencia - 1556]
6. Philipp von Hutten y el ocaso de las expediciones germanas
Tras la partida de Federmann y el fallecimiento de Espira, la jefatura militar de la Casa Welser en Venezuela recayó en el joven noble bávaro Philipp von Hutten (Felipe de Utre), quien fue nombrado capitán general de la provincia. En 1541, Hutten organizó la última y más ambiciosa de las expediciones germánicas hacia el interior profundo de Sudamérica.
Acompañado por el joven Bartolomé Welser "el Joven" (hijo de uno de los principales socios patriarcas de la firma bancaria de Augsburgo), Hutten partió desde Coro al frente de una nutrida fuerza a caballo. Durante cinco años continuados (1541–1546), Hutten recorrió las cuencas del Meta, el Guaviare y el Caquetá, internándose en territorios jamás pisados por europeos.
En el punto más lejano de su avance, cerca del ecuador terrestre, Hutten se topó con la poderosa tribu de los Uspias, quienes habitaban poblados extensos y bien organizados. Durante un violento enfrentamiento bélico, Hutten fue gravemente herido en la axila por una lanza nativa. Aunque la vida del capitán bávaro fue salvada mediante operaciones quirúrgicas de emergencia en plena selva, la encarnizada resistencia de los indios y el agotamiento físico de la tropa obligaron a Hutten a ordenar el repliegue hacia la costa venezolana a principios de 1546.
7. La rebelión de El Tocuyo y la decapitación de los Welser (1546)
Durante los cinco largos años en los que Philipp von Hutten y Bartolomé Welser permanecieron desaparecidos en la selva, la provincia de Venezuela cayó en una parálisis absoluta. La capital costera, Santa Ana de Coro, se hallaba sumida en el desabastecimiento, la miseria y el abandono. Los colonos e hidalgos españoles, cansados de la tiranía comercial de los factores germanos —quienes cobraban precios abusivos por los productos importados y se negaban a repartir encomiendas agrícolas duraderas—, decidieron tomar cartas en el asunto.
En 1545, la Real Audiencia de Santo Domingo envió como escribano y procurador al conquistador español Juan de Carvajal para imponer orden en la provincia. Carvajal, constatando la inviabilidad de Coro debido a sus suelos áridos y la obsesión exclusiva de los alemanes por la esclavitud, tomó una decisión trascendental: marchó hacia el interior de la provincia con la población civil castellana y fundó en el fértil valle del río Tocuyo la ciudad de Nuestra Señora de la Pura Concepción del Tocuyo (1545).
El Tocuyo se convirtió de inmediato en la primera capital agrícola y urbana estable de Venezuela, un centro donde los colonos hispanos distribuyeron tierras, sembraron trigo, crearon dehesas para el ganado e instauraron un Cabildo municipal democrático al estilo castellano.
En abril de 1546, Philipp von Hutten y Bartolomé Welser el Joven regresaron finalmente de su expedición y se dirigieron hacia El Tocuyo. Al enterarse de que Carvajal había cambiado la capital de la provincia y desmantelado la estructura de gobierno impuesta por la Casa Welser, Hutten se indignó profundamente y exigió la inmediata restitución de la autoridad germana sobre el territorio.
Se desató entonces un violento altercado político y personal en el campamento. Durante la disputa, los acompañantes de Hutten llegaron a derribar de su caballo a Carvajal. Lleno de ira y considerando que la restitución del gobierno alepán significaría el retorno a las razias, la miseria y el abandono de las granjas, Juan de Carvajal organizó una celada militar.
El 18 de abril de 1546, Carvajal capturó a Philipp von Hutten, a Bartolomé Welser el Joven y a sus oficiales más cercanos. Sometiéndolos a un veloz y despiadado juicio sumario por traición a los intereses de la Corona y abusos contra la provincia, Carvajal ordenó su ejecución inmediata. Los dos jóvenes aristócratas germanos fueron decapitados con un machete o maza mella en la plaza principal de El Tocuyo, un acto de fuerza que puso fin de facto al dominio político militar de la Casa Welser en suelo sudamericano.
8. Juicio y el fin de la concesión
El sangriento desenlace de El Tocuyo conmovió a la Corte de Carlos V y a las plazas bancarias de Alemania. La Real Audiencia de Santo Domingo reaccionó con rapidez enviando a un experimentado magistrado castellano, el licenciado Juan Pérez de Tolosa, para asumir la gobernación de Venezuela y tomar el juicio de residencia a todos los implicados.
En 1546, Pérez de Tolosa arrestó a Juan de Carvajal en El Tocuyo. Tras hallarlo culpable del asesinato sumario de Hutten y Welser, Carvajal fue condenado a la pena de muerte y ejecutado en el mismo lugar donde había ordenado las decapitar a los líderes germanos.
Sin embargo, el fin de Carvajal no significó la restitución del poder a los alemanes. Pérez de Tolosa asumió plenamente las riendas de la administración colonial, reorientando la política provincial hacia el modelo hispano:
- Fomento agrícola y ganadero: Se consolidó El Tocuyo como centro de expansión agrícola, desde donde saldrían las expediciones para fundar ciudades clave como Barquisimeto (1552), Valencia (1555) y Trujillo (1557).
- Supresión del monopolio comercial: Se abolió el control exclusivo de la factoría Welser sobre las importaciones de grano, textiles y manufacturas en Coro.
- Litigio judicial prolongado: La familia Welser entabló un complejo pleito legal contra la Corona española ante el Consejo de Indias exigiendo millonarias indemnizaciones por la pérdida de su concesión y la muerte de Bartolomé Welser. El extenso litigio se prolongó durante una década hasta que, en 1556, tras el ascenso al trono de Felipe II, la Monarquía Hispánica declaró oficialmente rescindidas y anuladas las Capitulaciones de Venezuela, reintegrando la provincia de forma definitiva a la administración directa de la Corona.
9. Análisis historiográfico: ¿Por qué fracasó la Casa Welser en Venezuela?
El fracaso de la Casa Welser en la provincia de Venezuela es un caso de estudio fundamental para la historia económica y colonial de la Edad Moderna. Las causas de su colapso pueden resumirse en los siguientes factores estructurales:
I. Incompatibilidad de modelos coloniales
Como señala perspicazmente el cronista Antonio de Herrera y Tordesillas, "esta gobernacion quedó destruyda durante el tiempo de los Alemanes, porque no quisieron poblar sino atender a hazer esclavos, y desfrutar la tierra".
La empresa privada de la Casa Welser era una sociedad mercantil por acciones cuya prioridad absoluta era generar dividendos a corto plazo para pagar los intereses bancarios en Europa. Esto chocaba directamente con la filosofía institucional de la Corona de Castilla, que buscaba fundar villas, afianzar el derecho municipal, asentar colonos con familias, evangelizar a las comunidades nativas e integrar los territorios en la administración del Imperio.
II. Geografía inhóspita y la ilusión áurea
A diferencia de Hernán Cortés en México o Francisco Pizarro en el Perú, los gobernadores alemanes no encontraron en Venezuela grandes imperios mineros centralizados provistos de acumulaciones de metales preciosos. La búsqueda febril de El Dorado consumió los mejores recursos financieros y humanos de los Welser en travesías suicidas por los llanos y las selvas, descuidando la economía real basada en la ganadería, la harina y el cuero, que más tarde darían prosperidad a la región.
III. Resistencia e insurrección de los colonos
La población civil hispana asentada en la provincia jamás aceptó de buen grado ser gobernada por factores e inversionistas extranjeros. Las tensiones religiosas (en una época marcada por el estallido de la Reforma Protestante en Alemania), unidas a las acusaciones de tiranía y usura contra los administradores germanos, crearon un clima de resentimiento criollo que culminó en la fundación revolucionaria de El Tocuyo por Juan de Carvajal y la posterior ejecución de los Welser.
| Modelo Casa Welser (Germano) | Modelo Poblacional Castellano |
|---|---|
| Factoría mercantil mercantilista. | Fundación de ciudades y villas. |
| Captura y venta de esclavos. | Repartimiento de encomiendas. |
| Búsqueda febril de botín áureo. | Agricultura, trigo y ganado. |
| Rentabilidad bancaria a corto plazo. | Institucionalidad a largo plazo. |
Bibliografía Consultada:
- Canales Torres, Carlos. 0 El oro de America. Madrid: Editorial EDAF, 2016.
- Canales Torres, Carlos. Naves negras: la ruta de las especias. Madrid: Editorial EDAF, 2015.
- Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú. Sevilla, 1553.
- Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias. Madrid: Real Academia de la Historia, 1952.
- Herrera y Tordesillas, Antonio de. Descripción de las Indias Occidentales. Madrid, 1601.
- Martínez Laínez, Fernando y Canales Torres, Carlos. Banderas Lejanas. Madrid: Editorial EDAF, 2009.
- Sallmann, Jean-Michel. Indios y conquistadores españoles en América del Norte. Madrid: Alianza Editorial, 2018.
- Thomas, Hugh. Quién es quién de los conquistadores. Barcelona: Salvat Editores.
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