La historia del Sahara Occidental, esa vasta extensión de arena, roca y viento que durante casi un siglo estuvo bajo pabellón español, es una de las crónicas más singulares, complejas y silenciadas del pasado colonial europeo. Lejos de la retórica simplista del imperialismo tradicional, la presencia hispana estuvo marcada por un constante juego de equilibrios políticos, una asombrosa adaptación militar y una convivencia diaria con tribus nómadas que jamás se dejaron someter del todo.
1. El despertar de un desierto olvidado: De Villa Cisneros a Smara (1884-1934)
El interés de España por el litoral sahariano despertó tardíamente en el siglo XIX, espoleado por la proximidad de las Islas Canarias y la necesidad de asegurar las pesquerías de la zona, así como por el empuje colonial de otras potencias europeas. En noviembre de 1884, España tomó posesión oficial de la península de Villa Cisneros (actual Dajla) de manera pacífica, firmando un tratado con los jefes de las tribus locales. Los nativos ponían a trabajar a sus siervos con los españoles recién establecidos y cobraban por ello, en una sintonía comercial exenta de derramamiento de sangre.
Pronto, el empuje de científicos y militares llevó a ensanchar el conocimiento geográfico del interior. En 1886, los exploradores españoles Cervera, Quiroga y Rizzo, acompañados por dos guías rifeños, protagonizaron una audaz expedición que cruzó el Sahara Occidental hasta alcanzar la actual Zuerat (Mauritania). De haber sido comunicado este viaje a nivel internacional, según los preceptos de la Conferencia de Berlín, España habría adquirido derechos históricos sobre ricas cuencas mineras de hierro, una oportunidad dorada que la desidia diplomática madrileña dejó pasar. Un año más tarde, en 1887, el intrépido francés Camille Douls recorrió la región disfrazado de mercader musulmán, dejando testimonio en su obra Voyages dans le Sahara occidental sobre las feroces disputas entre tribus y la pervivencia de mercados de esclavos en enclaves como Tinduf, donde las caravanas procedentes de Tombuctú aún vendían centenares de personas al año.
Durante décadas, la soberanía española se limitó estrictamente a factorías costeras como Villa Cisneros y Cabo Juby (Tarfaya). El interior seguía siendo un territorio inexplorado, un océano de arena donde las tribus nómadas —principalmente los Ergibat y los Ulad Delim— vivían ajenos a los mapas trazados en las cancillerías de Madrid y París. No fue hasta 1934 cuando las columnas militares españolas lograron adentrarse definitivamente en el corazón del desierto, alcanzando la ciudad santa de Smara, fundada por el jeque Ma el-Ainin. Esta penetración tardía obligó a la metrópoli a adoptar una política de absoluto respeto a las costumbres nativas, una estrategia imitada de los franceses para evitar sublevaciones que no habrían podido sofocar debido al exiguo presupuesto colonial.
2. La asombrosa e incómoda realidad social del desierto: Esclavitud y Sharía
Una de las paradojas más notables de la administración del Sahara colonial fue la convivencia directa de una potencia europea del siglo XX con un sistema social de castas que incluía la esclavitud tradicional. La sociedad autóctona sahariana (los bidan o "moros blancos") estaba rígidamente estratificada:
- Los Libres: Árabes y bereberes que ostentaban el poder político, militar y religioso.
- Los Semilibres: Artesanos, pescadores y los harratines (antiguos esclavos negros liberados cuyos derechos, no obstante, seguían estando sumamente restringidos en la práctica).
- Los Esclavos (abid): Población negra traída originalmente del África subsahariana mediante caravanas o reproducida localmente, que pertenecía enteramente a sus amos.
Los nómadas no solo poseían esclavos domésticos para el pastoreo y las tareas de la jaima, sino que capturaban activamente a pescadores canarios cuyos barcos encallaban accidentalmente en el traicionero litoral sahariano. En la década de 1920, la presencia de esclavos en el aeródromo de Cabo Juby —escala crucial para los correos aéreos de la línea Latécoère— era algo cotidiano. Pilotos célebres de la época, como Hidalgo de Cisneros (futuro jefe de la aviación republicana) y el mismísimo escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, llegaron a conmoverse ante esta situación y compraron esclavos con su propio dinero para otorgarles la libertad, pagando una media de 90 duros (unos 2,70 euros de la época) por persona.
Cuando España decidió pacificar el interior en 1935, las tribus impusieron al gobernador militar español cuatro condiciones innegociables para sellar su lealtad:
- Que la Sharía islámica continuara siendo la única ley del territorio.
- Que no se obligara a nadie a entregar sus armas de fuego personales.
- Que los esclavos continuaran bajo la absoluta propiedad de sus dueños, quienes dispondrían de ellos a su antojo (vendiéndolos, alquilándolos o heredándolos) .
- Que no se exigiera la entrega de camellas preñadas ni dromedarios castrados para el transporte militar.
El gobierno colonial español, pragmático y temeroso de desatar una revuelta generalizada, aceptó las condiciones. Incluso después de que el Sahara fuese declarado provincia española en 1958 y los saharauis recibieran el Documento Nacional de Identidad (DNI) español, la esclavitud continuó soterrada bajo el lodo de la conveniencia política. Los amos prohibían a los hijos de sus esclavos acudir a las escuelas de El Aaiún o Villa Cisneros, o continuar estudios superiores becados, ya que preferían mantenerlos como pastores o ponerlos a trabajar en las ricas minas de fosfatos de Fos Bucraa, confiscando directamente sus salarios.
3. "La Mili en el Desierto": El hastío, los fuertes y la frontera con el Draa
A partir de finales de la década de 1950, la creciente tensión geopolítica con Marruecos tras su independencia en 1956 obligó a España a incrementar drásticamente el contingente militar en el Sahara. Miles de jóvenes reclutas procedentes de todos los rincones de la Península Ibérica fueron enviados a cumplir el servicio militar obligatorio (la célebre "mili") en las gélidas e inhóspitas tierras saharauis.
La duración de este servicio era de quince meses: tres meses de dura instrucción militar y doce meses de destino en alguna de las unidades desplegadas a lo largo de la provincia . Para la inmensa mayoría de estos jóvenes soldados europeos, el desierto fue un brutal choque psicológico. La vida en los fuertes avanzados del interior, como Mahbes, Smara, Auserd, Guelta Zemmur o La Güera, se definía por el feroz hastío de las horas, el aislamiento extremo y las durísimas tormentas de arena .
Mientras que los soldados españoles de reemplazo se encargaban de los servicios internos de los cuarteles, el mantenimiento y las transmisiones, las patrullas exteriores que recorrían los eriales del desierto eran de composición mixta. El ejército construyó una red de pequeños fuertes y puestos fortificados para cubrir los miles de kilómetros de fronteras con Marruecos, Argelia y Mauritania, convirtiendo estos enclaves en precarios oasis de soberanía. La escasez de carreteras y caminos hacía de cada patrulla una expedición de supervivencia. Cualquier avería mecánica en un vehículo o un extravío en la navegación astronómica —que los oficiales debían calcular minuciosamente para no perderse en la inmensidad de las dunas— podía resultar mortal.
4. La mítica Agrupación de Tropas Nómadas (ATN): Caballos del desierto y Land Rovers
Para patrullar eficazmente un territorio tan inmenso y hostil, el Ministerio del Ejército español comprendió que no bastaba con soldados de reemplazo europeos desprovistos de experiencia en el desierto. Así, en diciembre de 1959, tras una reorganización decretada por el ministro de Defensa, el teniente general Antonio Barroso, se disolvió la antigua Policía del Sahara y nació la Agrupación de Tropas Nómadas (ATN), una unidad militar de élite encuadrada directamente en el Ejército de Tierra.
La misión de la ATN era clara: vigilar las fronteras, recabar información de inteligencia sobre las cabilas, proteger a los pastores nómadas y perseguir a las bandas armadas del Ejército de Liberación marroquí que se infiltraban en territorio español. Las Tropas Nómadas se organizaban en unidades llamadas Mías (equivalentes a compañías). En sus inicios en 1963, estas Mías combinaban secciones motorizadas dotadas de vehículos Land Rover con secciones a dromedario. Posteriormente, para ganar velocidad y operatividad, las Mías se motorizaron por completo y se creó una unidad especial llamada ferga, que agrupaba exclusivamente a todos los dromedarios de combate.
El alma de la ATN la constituían los áscaris, soldados nativos voluntarios que se alistaban atraídos por un sueldo sumamente apetecible, que llegaba a ser hasta cinco veces superior al de un soldado de reemplazo español. El reclutamiento se hacía directamente por parte de los oficiales españoles en las agrupaciones de jaimas (frigs), seleccionando a los guerreros más experimentados de las tribus Ergibat y Ulad Delim por su asombrosa destreza para sobrevivir y combatir en el erial sahariano.
Sin embargo, esta broad/simbiosis militar reflejó las complejas tensiones de la sociedad saharaui:
- El conflicto de castas: En el ejército español, algunos soldados negros o de origen mestizo (harratines) ascendían a cabos por sus méritos militares. No obstante, los áscaris de origen "moro blanco" se negaban en redondo a obedecer sus órdenes, considerando un insulto ser mandados por antiguos siervos. Para evitar insubordinaciones, los oficiales españoles optaron muchas veces por la injusta solución de no ascender a los harratines aunque lo merecieran.
- El salario confiscado: El día de paga en los cuarteles de Nómadas de Smara o Auserd, los oficiales españoles asistían con impotencia a una escena desoladora: los amos tradicionales de los soldados que aún eran formalmente esclavos se personaban puntualmente en las oficinas para arrebatarles de las manos la soldada (muna) recién cobrada. Aunque los oficiales más jóvenes e idealistas intentaban rebelarse contra esta flagrante injusticia, los mandos veteranos y los responsables políticos del territorio les obligaban a callar para no enemistarse con los influyentes jefes tribales (chiuj) .
5. El amargo epílogo: La "Marcha Verde" y la geopolítica de una traición
El final del Sahara español no se escribió en las dunas del desierto, sino en los despachos presidenciales de Washington, Rabat y Madrid, coincidiendo con la agonía del general Francisco Franco a finales de 1975. Aunque las Naciones Unidas habían instado a España a descolonizar el territorio desde 1965, la parálisis política de un régimen en descomposición y el temor de Juan Carlos I (entonces Príncipe de España y heredero del poder) a comenzar su reinado con una guerra abierta con Marruecos precipitaron una salida apresurada.
El rey marroquí Hassan II aprovechó magistralmente la coyuntura y el 6 de noviembre de 1975 lanzó la "Marcha Verde", movilizando a 350.000 ciudadanos civiles y a más de 20.000 soldados reales para cruzar la frontera y ocupar pacíficamente el territorio. Los campos de minas y las líneas defensivas españolas, guarnecidas por la Legión y las Tropas Nómadas, recibieron la orden estricta de no disparar y retirarse.
Hoy en día, la desclasificación de documentos de la CIA ha demostrado el papel determinante que jugaron el presidente estadounidense Richard Nixon, su sucesor Gerald Ford y el célebre "fontanero" de la inteligencia norteamericana, Vernon Walters. Washington presionó a España para que entregara el valioso Sahara a su gran aliado en el norte de África, Hassan II, a cambio de asegurar la permanencia de las bases militares estadounidenses en suelo español (como Morón de la Frontera y Rota) y la futura integración de España en la OTAN.
En febrero de 1976, tras los polémicos Acuerdos de Madrid, los últimos soldados españoles arriaron la bandera de Villa Cisneros y El Aaiún, abandonando un territorio que pasó a ser administrado con mano de hierro por Marruecos. El pueblo saharaui, que durante casi dos décadas había portado el DNI español como ciudadanos de pleno derecho, quedó sumido en el exilio de los campamentos de Tinduf o bajo la ocupación marroquí.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo fue el Sahara Occidental una provincia de España?
El Sahara Occidental dejó de ser formalmente una colonia y pasó a ser considerada una provincia oficial de España el 10 de enero de 1958. A partir de esa fecha, todos los habitantes autóctonos recibieron el DNI español.
¿Qué fue la Agrupación de Tropas Nómadas (ATN)?
La Agrupación de Tropas Nómadas (ATN) fue una unidad de élite del Ejército de Tierra español creada a finales de 1959. Estaba integrada por oficiales españoles, reclutas de reemplazo y soldados nativos voluntarios (áscaris) que patrullaban el interior del desierto a lomos de dromedarios y en vehículos motorizados Land Rover.
¿Existía esclavitud en el Sahara español durante el siglo XX?
Sí. A pesar de ser territorio administrado por España, la esclavitud tradicional continuó existiendo de forma tolerada por las autoridades coloniales para evitar tensiones con los jefes tribales de las cabilas nómadas, quienes consideraban a los esclavos parte de sus propiedades legítimas según sus costumbres y la ley local.
¿Qué fue la "Marcha Verde" de 1975?
La "Marcha Verde" fue la ocupación pacífica del Sahara Occidental iniciada el 6 de noviembre de 1975 por orden del rey Hassan II de Marruecos. Aprovechando la agonía de Franco, más de 350.000 civiles marroquíes cruzaron la frontera española, forzando la retirada militar y la posterior entrega del territorio en 1976.
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