Cuando la historiografía tradicional repasa la expansión ultramarina de la Corona española, la atención suele centrarse casi en su totalidad en el virreinato de Nueva España , el virreinato del Perú y el archipiélago de las Filipinas . Sin embargo, la huella geopolítica, comercial y militar hispana se extendió por rincones de África, Asia y Oceanía que la memoria colectiva ha terminado por borrar casi por completo. Desde diminutas islas en el golfo de Guinea hasta fortalezas en el norte de Taiwán , pasando por protectorados efímeros en el Sudeste Asiático , intentos de compra de puertos en el mar Rojo y archipiélagos olvidados en el Pacífico , España intentó tejer una red de enclaves estratégicos y comerciales de dimensiones globales. Representación histórica de la llegada de la expedición marítima española a las costas de Formosa (Taiwán). Los impresionantes galeones españoles surcando las aguas del Pacífico, ruta vital para el co...
La historia de la exploración suele estar dominada por nombres británicos o franceses del siglo XIX, pero mucho antes de que la fiebre por África consumiera a Europa, un jesuita español ya había desentrañado uno de los mayores misterios geográficos de la humanidad. Pedro Páez (1564-1622) no fue solo un misionero, sino un políglota y viajero impenitente que protagonizó una odisea sin retorno, convirtiéndose en el primer hombre blanco en llegar a las fuentes del Nilo Azul y en el primer europeo en cruzar el temible desierto del Rub al-Jali . Recreación del jesuita madrileño Pedro Páez durante sus viajes de exploración. De una aldea de Madrid a los confines de la India Nacido en la pequeña localidad madrileña de Olmeda de las Cebollas (actual Olmeda de las Fuentes) en 1564, Páez creció en la España de Felipe II , una época marcada por la expansión colonial y el auge de la Compañía de Jesús. Tras estudiar en Coímbra y Belmonte, su profundo espíritu espiritual y su...