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Apaches, Comanches y españoles: pactos, guerras y el origen de la frontera norte

Mucho antes de que el cine de Hollywood mitificara la "conquista del Oeste", las enseñas hispanas ya ondeaban sobre las praderas, pantanos y bosques de los actuales Estados Unidos, habiendo combatido o pactado con casi todas las legendarias tribus indias como los apaches, comanches, cherokees, navajos y sioux . Durante más de tres siglos (1513-1821), España exploró y defendió un territorio inmenso que se extendía desde el Río Grande hasta las gélidas costas de Alaska, forjando una relación compleja de luces y sombras con los nativos que dista mucho de la narrativa tradicional anglosajona. Representación histórica del primer encuentro entre las expediciones hispanas y las tribus de las Grandes Praderas. 1. Hernando de Soto: los cherokees En mayo de 1539, Hernando de Soto desembarcó en la bahía de Tampa (Espíritu Santo) con una fuerza sin precedentes: 9 navíos, cientos de caballos y una piara de cerdos que serviría como despensa móvil. A diferenc...

Alonso de Salazar: El inquisidor que usó la lógica para vencer al fanatismo

La historia de la Inquisición española suele estar teñida de sombras, hogueras y persecuciones implacables. Sin embargo, entre sus legajos surge la figura excepcional de Alonso de Salazar y Frías, un hombre cuya defensa de la razón y la lógica en pleno siglo XVII marcó un hito en la justicia europea. Durante el proceso de las brujas de Zugarramurdi, Salazar no solo se enfrentó a una histeria colectiva, sino que realizó una investigación personal sin precedentes que terminó por salvar a miles de personas de la muerte.

Representación histórica de condenados por la Inquisición española
El miedo a la Inquisición alimentó la histeria colectiva en Navarra.

El origen del terror: El pánico llega a Zugarramurdi

Para entender la importancia de Salazar, debemos situarnos en 1610, cuando más de cincuenta aldeanos fueron arrestados en Zugarramurdi a instancias de la Inquisición de Logroño. Todo había comenzado años antes al otro lado de la frontera, en Labort, Francia, donde el juez Pierre de Lancre desató una carnicería quemando a ochenta personas bajo la acusación de servir al demonio.

El miedo se filtró a Navarra a través de María, una joven de veinte años que regresaba de Francia cargada de relatos sobre aquelarres. Su confesión, motivada por la necesidad de protección, desencadenó una reacción en cadena. En un clima de paranoia exacerbada, los vecinos comenzaron a delatarse unos a otros para salvar su propio pellejo; ver a una supuesta bruja en sueños tenía en aquel entonces la misma validez que verla en la realidad. Se llegó al extremo de señalar a un pastor, Miguel de Goyburu, como el "Rey de los Brujos" y a su esposa como la "Reina de los Aquelarres".

Sello oficial histórico de la Inquisición española
Salazar y Frías representó la voz de la razón frente al fanatismo del tribunal de Logroño.

El tribunal de Logroño: Fanatismo frente a Razón

El tribunal encargado del caso estaba presidido por los inquisidores Alonso de Becerra y Juan del Valle, hombres conocidos por su fanatismo que creían ciegamente en la necesidad de castigos ejemplares para erradicar la brujería. Frente a ellos apareció Alonso de Salazar y Frías, una de las máximas autoridades en derecho canónico de la época, enviado por el arzobispo de Toledo para estudiar el caso.

Salazar fue el único que, desde un primer momento, aplicó la "sana razón" al proceso. Cuestionó públicamente la veracidad de las confesiones con preguntas que hoy nos parecen lógicas pero que en 1610 eran revolucionarias: ¿Cómo documentar que alguien vuela 700 kilómetros en una hora? ¿Cómo es posible que una mujer salga por un agujero donde no cabe una mosca?. Para Salazar, estos supuestos prodigios eran contrarios a la lógica y sobrepasaban incluso los límites del poder que se le atribuía al propio demonio.

Pintura Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, obra de Pedro Berruguete
Los dramáticos autos de fe eran el castigo público para los acusados por el Santo Oficio.

La investigación personal: 11.000 páginas de verdad

A pesar de que no pudo evitar que en noviembre de 1610 se quemara a once personas en Logroño, Salazar no se dio por vencido. En 1611, inició una investigación personal que duró un año entero, recorriendo los valles de Navarra en busca de pruebas objetivas de brujería. No encontró ninguna.

A su regreso a Logroño en 1612, se encontró con que las denuncias habían ascendido a cinco mil. Salazar fue tajante en sus conclusiones: "no hubo brujos ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y escribir de ello". Afirmó que las confesiones eran únicamente el resultado de las torturas y amenazas sufridas por los reos.

Presentó un informe monumental de 11.000 páginas ante el Consejo General, solicitando formalmente el perdón para los encausados ante la falta de pruebas fidedignas. Su lucha no fue fácil; sus propios colegas, Becerra y Valle, llegaron a acusarlo de estar influenciado por el demonio para intentar desacreditar su racionalidad.

Pintura El Aquelarre o El Gran Cabrón de Francisco de Goya
El mito del aquelarre alimentó delaciones falsas y confesiones bajo tortura.

El legado de Salazar: El fin de la quema de brujas

Finalmente, en 1614, el Consejo General estudió minuciosamente el informe de Salazar y decidió indultar a los encausados. Gracias a su valentía y al uso sistemático de la lógica, miles de personas se libraron de la hoguera y España se convirtió en uno de los primeros países en detener de facto la persecución por brujería mediante el uso de la razón judicial.

Alonso de Salazar y Frías demostró que, incluso en las instituciones más oscuras, un hombre con principios y una mente analítica puede cambiar el curso de la historia y proteger la vida humana frente al fanatismo de su tiempo.

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