Esclavos Gallegos en Cuba: La Tragedia de 1854
Urbano Feijóo Sotomayor, un comerciante gallego con experiencia previa en el tráfico de esclavos africanos, vio en esta doble necesidad una oportunidad de negocio. Presentó ante la Corona y la Junta de Población Blanca un proyecto supuestamente "filantrópico". Feijóo se vendió como un "padre" que cuidaría de sus "hijos" gallegos, rescatándolos de la miseria para darles un trabajo digno en el Caribe. Su plan era ambicioso: introducir 6.000 gallegos anuales durante 15 años en régimen de monopolio.
El contrato de la infamia: Datos y cifras
Los contratos firmados por los inmigrantes eran, en la práctica, instrumentos de servidumbre. Estos son los detalles que demuestran el abuso:
- Salarios irrisorios: Se fijó un sueldo de apenas 5 pesos mensuales. Para entender la magnitud del engaño, basta comparar: un trabajador canario libre cobraba entre 10 y 12 pesos semanales, y el trabajo de un esclavo africano se valoraba en 20-25 pesos mensuales.
- Pérdida de libertad individual: Los colonos entregaban su pasaporte al llegar a la isla, siendo sustituido por una cédula de identificación controlada por la empresa.
- Sometimiento legal: El contrato incluía una cláusula donde el trabajador declaraba saber que su sueldo era inferior al del mercado, pero lo aceptaba a cambio de supuestas "ventajas" proporcionadas por el patrono. Además, aceptaban someterse a castigos correccionales según las ordenanzas de la isla.
- Negocio redondo para Feijóo: El empresario no solo recibió subvenciones estatales, sino que cobraba a los hacendados cubanos 119 pesos por cada colono que les "traspasaba".
El horror tropical: De la fragata al barracón
La primera remesa llegó en marzo de 1854 a bordo de la fragata Villa de Neda. Aunque la prensa oficialista de La Habana describió la llegada como un éxito "marcial" y "alegre", la realidad era muy distinta.
Condiciones de vida inhumanas
Al desembarcar, los gallegos no fueron llevados a granjas o colonias agrícolas dignas, sino recluidos en barracones inmundos para un periodo de "aclimatación". Estos lugares eran, en realidad, mercados donde los hacendados acudían a "comprar" el contrato de los inmigrantes como si fueran mercancía.
Una vez en los ingenios azucareros, los colonos se enfrentaron a:
- Jornadas de 16 horas diarias de trabajo físico extremo bajo el sol caribeño, realizando lo que entonces se llamaba peyorativamente "trabajo de negros".
- Mala alimentación: Eran alimentados con carnes descompuestas, batatas y tasajo que incluso los esclavos negros rechazaban.
- Castigos físicos severos: Se utilizaba habitualmente el palo, el azote, grillos y cadenas para mantener la disciplina.
La consecuencia fue una mortalidad masiva. En pocos meses, se estima que murieron cerca de 500 colonos debido al hambre, los malos tratos y epidemias como el cólera y las fiebres tifoideas.
Los "Cimarrones Gallegos": Perseguidos como esclavos
Muchos colonos, desesperados, optaron por huir hacia los montes. La respuesta de las autoridades fue implacable: el general Jacobo de la Pezuela emitió un bando ordenando la persecución de los llamados "cimarrones gallegos". Se utilizaba el mismo término que para los esclavos negros fugitivos, y eran capturados por el ejército y enviados a prisiones militares o naves de depósito.
El Gran Debate en las Cortes de 1855
El escándalo estalló cuando las cartas desesperadas de los colonos llegaron a Galicia. En 1855, el caso llegó a las Cortes Constituyentes en Madrid, donde se produjo un enfrentamiento ideológico histórico:
- La postura de la Mayoría (Bayarri, Arias, Carballo)
La comisión parlamentaria mayoritaria concluyó que el proyecto era un "resultado funesto". Sus argumentos fueron demoledores:
El contrato era vicioso en su origen porque los trabajadores firmaron movidos por una "fuerza mayor": la miseria extrema.
Las condiciones del convenio deprimían la dignidad humana y la de la "raza española" en la isla.
El trato era inferior al de un esclavo, ya que el jornal del gallego no llegaba ni a la mitad de lo que ganaba ordinariamente un obrero esclavo.
- La defensa de la Minoría (Ordax y Alonso)
Diputados como José Ordax Avecilla y Juan Bautista Alonso defendieron que el proyecto era "patriótico" y "humanitario" en su fondo. Atribuyeron el fracaso a la "indisciplina" de los trabajadores y al boicot de los hacendados cubanos, prefiriendo ver en el plan un camino hacia la abolición gradual de la esclavitud mediante la sustitución por obreros libres.
Resolución: Libertad sin indemnización
El 28 de junio de 1855, las Cortes tomaron una decisión trascendental. Se declaró la rescisión de los contratos. Los gallegos quedaron en libertad de permanecer en la isla como jornaleros libres o regresar a España.
Sin embargo, hubo un matiz amargo: para evitar compromisos pecuniarios del Tesoro, no se concedieron indemnizaciones a las víctimas. El Estado priorizó su estabilidad financiera sobre el resarcimiento a los hombres que habían sido tratados como "bestias".
Conclusión: Un legado de lucha y dignidad
El fracaso de Urbano Feijóo demostró que la dignidad humana no puede ser objeto de comercio, como bien defendieron los diputados más progresistas en las Cortes. Los gallegos, a pesar de su pobreza, no aceptaron la degradación a la que se les quiso someter y su lucha forzó al gobierno a anular uno de los capítulos más vergonzosos de la historia colonial española.


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