Henry Kissinger, secretario de Estado norteamericano durante la Administración Nixon, vivió una extraña coincidencia histórica: fue la última personalidad extranjera que vio con vida al presidente del Gobierno español, Luis Carrero Blanco, y también se encontraba en Madrid cuando Franco enfermó gravemente.
Kissinger llegó a Madrid el 18 de diciembre de 1973, justo el día inicialmente previsto por ETA para ejecutar el atentado contra Carrero Blanco. El canciller estadounidense se alojó en la Embajada de Estados Unidos, situada a escasos metros de la residencia del almirante, frente a la iglesia de los jesuitas donde este acudiría a su última misa.
Libros para entender el atentado a Carrero Blanco y la España de la Guerra Fría
Si te interesa este episodio clave de la historia de España y su contexto internacional, estos libros te ayudarán a profundizar en los hechos y sus implicaciones:
La presencia de Kissinger y los preparativos del atentado
Según el propio relato de ETA en el libro Operación Ogro, el atentado fue pospuesto inicialmente debido al aumento de la vigilancia en la zona, motivado por la presencia del Secretario de Estado estadounidense y la cercanía de la embajada estadounidense. Sin embargo, los terroristas continuaron con los preparativos.
Tras el asesinato, comenzaron a circular rumores sobre un posible conocimiento previo por parte de la CIA acerca del atentado. Aunque estas teorías han sido recurrentes, su verificación resulta prácticamente imposible.
La reunión entre Kissinger y Carrero Blanco
El 19 de diciembre, Kissinger se reunió con Carrero Blanco en la sede de la Presidencia del Gobierno, en el paseo de la Castellana. La visita oficial tenía como objetivo principal acordar las líneas generales de la futura declaración conjunta hispano-norteamericana.
Durante el encuentro, Carrero expuso su visión estratégica del mundo occidental. En presencia del ministro de Asuntos Exteriores, Laureano López Rodó, el presidente dibujó un mapa para explicar los distintos tipos de guerra que, a su juicio, amenazaban a Occidente.
Especial atención dedicó a la llamada “guerra subversiva”, una combinación de terrorismo y acción política que consideraba la principal arma del comunismo.
Según López Rodó, Carrero advirtió que este tipo de guerra era más peligrosa que la nuclear o la convencional, ya que Occidente no disponía de mecanismos eficaces para combatirla de forma coordinada.
El día del atentado: seguridad y retirada de controles
El 20 de diciembre de 1973, tras la salida de Kissinger de Madrid, la zona quedó menos protegida. Las medidas de seguridad, que habían sido especialmente estrictas durante la visita del secretario de Estado, se relajaron.
Ese mismo día se produjo el atentado que acabó con la vida de Carrero Blanco, en una explosión de gran magnitud en la calle Claudio Coello.
Un atentado “demasiado perfecto”
Para Carmen Pichot, viuda del almirante, el atentado fue “demasiado perfecto”. En declaraciones realizadas meses después al periodista Julio Merino para el libro Los pecados del poder, expresó sus dudas sobre la facilidad con la que se ejecutó la operación.
“Perfecto. Demasiado perfecto. Todavía hay gente que se pregunta cómo pudieron prepararlo todo tan bien…”, afirmaba, señalando que algunos vecinos ya habían advertido movimientos sospechosos en la zona.
También le sorprendió la ausencia de controles posteriores: no se reforzaron carreteras, fronteras ni aeropuertos tras el atentado.
Consecuencias políticas: Arias Navarro y el relevo en el poder
El ministro de la Gobernación en ese momento, responsable de la seguridad, era Carlos Arias Navarro. Pocos días después del atentado, sería nombrado presidente del Gobierno en sustitución de Carrero Blanco.
La coincidencia de la visita de Kissinger, la relajación de las medidas de seguridad y la precisión del atentado han alimentado durante décadas teorías y sospechas que siguen generando debate histórico.
Comentarios
Publicar un comentario