El enigma de Cristóbal Colón: ¿tuvo el almirante Información privilegiada?
La Guerra de los Seis Días, librada en junio de 1967, no fue solo un enfrentamiento militar; fue un punto de inflexión histórico que transformó la geopolítica mundial. En apenas 144 horas, el Estado de Israel logró una victoria relámpago frente a una coalición de naciones árabes, alterando para siempre el equilibrio de poder en la región.
Para comprender este conflicto, debemos retroceder a la década de 1950. Tras la crisis de Suez en 1956, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser emergió como una figura carismática del panarabismo. Aunque militarmente Egipto había sido derrotado en el Sinaí, Nasser obtuvo una victoria política inmensa, convirtiéndose en el líder indiscutible de la nación árabe.
En los años 60, el conflicto árabe-israelí se convirtió en un escenario de la Guerra Fría. Mientras que Francia e Inglaterra fueron expulsadas del juego de poder en Oriente Medio, las naciones árabes humilladas buscaron el apoyo de la Unión Soviética, recibiendo armamento moderno y entrenamiento. Por su parte, Israel, aunque mantenía vínculos con Estados Unidos, se rearmó inicialmente de manera masiva con tecnología francesa, incluyendo los famosos cazas Mirage III.
En mayo de 1967, la tensión alcanzó un punto crítico. Nasser ordenó la retirada de las fuerzas de paz de la ONU (UNEF) del Sinaí y procedió a bloquear los Estrechos de Tirán, cerrando la salida de Israel al Mar Rojo. Internacionalmente, el cierre de estrechos se considera un acto de hostilidad y guerra económica.
Además, se consolidó una alianza militar amenazante:
La retórica árabe de la época no hablaba solo de victoria, sino de la aniquilación total del Estado de Israel, lo que puso a los líderes israelíes contra la pared en el conflicto árabe-israelí: o atacaban primero o se enfrentaban al exterminio.
En la mañana del 5 de junio de 1967, Israel lanzó la Operación Foco. Gracias a una inteligencia militar excepcional, los israelíes conocían la ubicación exacta de los aeródromos enemigos y hasta los nombres de los pilotos egipcios.
En una sola mañana, la fuerza aérea israelí destruyó 286 de los 420 aviones de caza de Egipto mientras estaban en tierra. Para la tarde del primer día, las fuerzas aéreas de Siria y Jordania también habían sido barridas del mapa. Sin cobertura aérea, los ejércitos árabes quedaron totalmente vulnerables al avance terrestre.
Las divisiones acorazadas israelíes, lideradas por figuras como Ariel Sharón, penetraron profundamente en la península del Sinaí. Gaza cayó en un solo día, aunque fue el escenario donde Israel sufrió la mitad de sus bajas totales debido a la crudeza del combate urbano. En menos de tres días, las tropas israelíes alcanzaron el Canal de Suez.
A pesar de las advertencias israelíes para que Jordania se mantuviera al margen, el Rey Hussein entró en combate. El 7 de junio ocurrió el hecho más simbólico de la guerra: paracaidistas israelíes tomaron la Ciudad Vieja de Jerusalén y el Muro de las Lamentaciones. Israel ocupó también toda Cisjordania, obteniendo una profundidad estratégica de la que carecía anteriormente.
Siria, protegida por los Altos del Golán y una línea defensiva de 15 km de ancho, fue el último frente en caer. Israel lanzó una ofensiva el 9 de junio, capturando estas posiciones estratégicas que eran vitales para controlar los recursos hídricos de la región. Para el 10 de junio, el camino a Damasco estaba abierto y se acordó un alto el fuego.
La guerra duró solo seis días, pero sus efectos perduran hasta hoy:
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