lunes, 24 de octubre de 2011

Cristina Fernandez de Kirchner las más votada en la historia de la democracia argentina

La victoria de Cristina Kirchner con el 55% de los votos entrará en la historia argentina como la política más votada desde el regreso de la democracia.


Este notable éxito en las últimas elecciones presidenciales celebradas en Argentina es loable si se tiene en cuenta que su índice de popularidad bajó hasta un 20%. El escándalo de la financiación de los partidos, el enfrentamiento con los agricultores, la inflación y la tensa relación con los medios de comunicación erosionó la popularidad de la viuda de Néstor Kirchner que parecía estar condenada al ostracismo.

La muerte de Néstor Kirchner

 

Sin embargo, la repentina muerte de su marido y mentor, devolvió a Cristina Fernández, abogada de 58 años, a un primer plano y sucedió en la presidencia a su marido en 2007.

Cuando Néstor Kirchner falleció, poco a poco la popularidad de Cristina Fernández de Kirchner se disparó abandonando esa postura rígida y distante con la que inició su mandato y mostrándose como una mujer espontánea y vulnerable –comenzó a vestirse de negro en señal de dolor por la muerte de su marido.

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jueves, 20 de octubre de 2011

Reacciones internacionales a la muerte de Gadafi

El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, conminó a ambos bandos a “deponer las armas en paz” y subrayó que “este día marca claramente una transición histórica para Libia”.

La Unión Europea definió la muerte de Gadafi como el fin de una dictadura. “la noticia marca el fin de una era de despotismo y represión”, declararon en un comunicado conjunto el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso y el presidente del Consejo Europeo Herman Van Rompuy.

Asimismo, el primer ministro británico, David Cameron, consideró que el “pueblo libio tiene hoy una buena oportunidad de construir su propio futuro”, mientras que el primer ministro francés Nicolás Sarkozy, definió el suceso como “el inicio de una etapa fundamental” para la libertad y la reconciliación.

Por su parte, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, declaró que la muerte de Muammar el Gadafi marca "el final de un capítulo largo y doloroso" y abre "una oportunidad al pueblo libio para decidir su propio destino".

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La muerte de Gadafi abre una nueva era para el pueblo libio

La muerte del coronel Gadafi en su ciudad natal, Sirte, abre una nueva y esperanzadora etapa para el pueblo libio. 
 
"Anunciamos al mundo que Gaddafi fue abatido a manos de las fuerzas revolucionarias", dijo el portavoz oficial del Consejo Nacional de Transición (CNT), Abdel Hafez Ghoga, en una rueda de prensa en Benghazi. "Es un momento histórico, es el fin de la tiranía y la dictadura. Gadafi se reunió con su destino", subrayó. “El fin de un capítulo largo y doloroso”.

La muerte del dictador que gobernó Libia durante 42 años fue ratificada por el primer ministro del gobierno de transición, Mahmud Jibril, que anunciará “la liberación del país” de forma inminente. “Este es un momento esperado desde hace mucho tiempo. Es el momento de comenzar a construir una nueva Libia, una Libia unida, un futuro.

Según el nuevo gobierno libio, el coronel Gadafi fue herido en ambas piernas y en la cabeza durante un tiroteo entre los rebeldes y su guardia personal muriendo posteriormente cuando trataba de huir.

Desde la agencia Reuters se asegura que un par de horas antes de caer a manos de los rebeldes, el coronel ya había sido herido al tratar de escapar de madrugada cuando aviones de la OTAN atacaron la columna de vehículos en la que viajaba.

La OTAN confirmó oficialmente la operación militar de sus aviones en Sirte informando del ataque a la caravana de madrugada, aunque no confirmaron que Gaddafi y alguno de sus hijos se encontrase en uno de los coches que sufrió el ataque aéreo.


Posteriormente, se anunció también la muerte de uno de sus hijos, Moutassim Gadafi que habría permanecido junto a su padre. Además, fuentes no confirmadas citadas por la televisión Al- Arabiya afirman que su otro hijo y brazo derecho del coronel Saif al-Islam Gadafi también podría haber muerto.

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miércoles, 19 de octubre de 2011

La miseria del antiamericanismo

Por Jaques Julliard

Me pregunto a qué se debe que desde comienzos de siglo, una vez pasado el glorioso episodio del caso Dreyfuss, los intelectuales franceses hayan optado sistemáticamente por el campo de los enemigos de la libertad.

Con la irrupción del hiperterrorismo, el día 11 de Septiembre, la cuestión se vuelve a plantear de nuevo con toda crudeza. Tal empecinamiento en el error con algunas excepciones exige una explicación. Pero antes, permítanme que me instale un momento en la perplejidad, por miedo a perder de vista demasiado pronto estos comportamientos tan obscenos.

Examinemos el asunto. Tras la tragedia del World Trade Center, no pasan ni tres días sin que resuenen por todas las esquinas del universo una segunda serie de explosiones: las del antiamericanismo intelectual. Algo que, a decir verdad, no me sorprendió. Hace ya tiempo definí el antiamericanismo como el socialismo de los imbéciles. Y no me equivocaba. O mejor dicho, la definición que me parecía demasiado amplia, se había quedado demasiado corta y restrictiva. Le faltaba la gran cantera de la frustración.

Con el hundimiento del marxismo, esta vieja cantinela del antiamericanismo que, durante siglos, había acunado el corazón de los intelectuales, se convirtió en el valor refugio de casi toda la clase ilustrada, el negativo de todas las esperanzas pasadas y ¿quién sabe? el ancla de nuevas ilusiones.

Miseria. Miseria de la causa única. Miseria de los anti. Miseria del ir siempre a la contra por sistema. Cabría pensar que ante la barbarie de la agresión y ante la desgracia americana, se iba a poner en sordina la gran charanga antimodernista. Tanto más que para las personas que se perciben a sí mismas como las hijas de la Ilustración, el fanatismo islámico les proporcionaba una coartada perfecta. ¡Pues no! La reacción que se produjo fue la contraria. La desgracia de los americanos se convirtió en gozo para los polemistas.

Siempre habrá en las orillas del mar saqueadores de náufragos y, en los furgones de cola de los ejércitos, unidades de intendencia transformadas en salteadores de cadáveres.¡Canallas americanos! Si fueron atacados de esa forma es porque sus crímenes son realmente abominables. Allí donde el hombre de la calle se contentaba con bailar sobre las ruinas, los intelectuales, como hombres del saber, introducían una regla de proporcionalidad. Y con su razonamiento refinado aseguraban: «El castigo de los americanos responde exactamente a los crímenes por ellos cometidos. El cataclismo urbano del día 11 en vez de suscitar la piedad de los intelectuales hacia los americanos, suscita su condena».

Se trata de una vieja historia. Tan vieja como el Antiguo Testamento. Cuando Job, el hombre próspero y temeroso de Dios, es injustamente golpeado por el propio Dios, sus amigos, los que le quieren bien, se agolpan a su alrededor, para aliviarle de esta forma: «Amigo Job, tu historia no está nada clara. Sumérgete en ti mismo, hermano mío. Y busca bien. Confiesa la verdad. Y dínosla. Si Dios te castiga tanto es porque has pecado mucho». Con amigos como éstos

¿Creen quizás que estoy exagerando, que estoy ironizando o utilizando una alegoría? Para su verificación personal, les reenvío, de una vez por todas, a las enormes rapsodias publicadas en Le Monde por la famosa novelista india Arundhati Roy [El álgebra de la «justicia infinita», EL MUNDO, 7 de octubre de 2001; La guerra es paz, EL MUNDO, 26 de octubre de 2001;] el ilustre filósofo francés Jean Baudrillard y por John Le Carré, que no necesita presentación. Revisen también el manifiesto firmado por 113 intelectuales franceses de extrema izquierda, entre los que figuraba Pierre Vidal-Naquet. Todos ellos proclamaban al unísono: Norteamérica es omnipotente. Por lo tanto, Norteamérica es culpable y Bin Laden no es más que el látigo de Dios. Esto mismo es, por otra parte, lo que proclama ese gran fantasma, de ojos enfebrecidos y barba blanca, tan mediático con su larga túnica de inocencia.

Todos conceden que un atentado de ese tipo nunca es simpático y que Bin Laden y sus hombres quizás encontrasen cierto placer perverso, exagerado, en el cumplimiento de su misión «sacrificial» (sic). Pero, a fin de cuentas razonaban la política es la forma moderna de la tragedia y la Historia no es un paseo por el campo. Con un gran despliegue semiológico, los intelectuales nos conducían a una interpretación de los signos, de las figuras, de los prodigios y de las catástrofes. Bien pensado, se trata de un extraordinario delirio lógico en medio del cual no hay víctima inocente alguna y en el que toda víctima siempre es «en el fondo» culpable y todo asesino, un justiciero.

Cuando se plantea una relación de identidad entre toda la miseria del mundo y la omnipotencia americana no sólo se está planteando una imbecilidad. El que hace tal cosa se está colocando en una pendiente peligrosa, cuyos antecedentes son el comunismo y el fascismo. Cuando Jean Baudrillard, al que no me resisto a citar, escribe que «es ella (la superpotencia americana) la que fomentó, con su insoportable poder, toda esta violencia extendida por todo el mundo y, por lo tanto, esta imaginación terrorista que (sin saberlo) nos habita a todos», quiere decir en román paladino que los americanos no sólo son responsables del terrorismo que los golpea, sino también de esta connivencia con el terrorismo que anida en todos nosotros.

Tales afirmaciones, una vez desembarazadas de este furor helado que las habita y que se supone que las exonera de su exageración, se muestran procedentes no sólo de la demonización más detestable, sino que tienden también a acreditar una idea indefendible y simplemente falsa: que Norteamérica ejerce su omnipotencia sobre todo el mundo. Cuando la verdad es que la hegemonía estadounidense sobre el mundo de hoy es muy inferior a la de los ingleses del siglo XIX o a la de Roma de comienzos de nuestra era.

Más aun, atribuir a Estados Unidos la responsabilidad de la miseria de Mozambique o de Afganistán procede de una lógica delirante. La persistencia de la miseria se explica por el subdesarrollo, no por la industrialización. A los que ven en la modernización no sé qué tipo de peste bubónica que está arruinando el Tercer Mundo, les aconsejo que mediten el siguiente hecho, que ha pasado un tanto desapercibido. China ha oficializado su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero dejemos esto. Todos somos conscientes que cualquier nuevo progreso de los intercambios en el mundo provoca, al mismo tiempo que una serie de consecuencias benéficas, tremendos cambios e injusticias nuevas que ocupan el sitio de las antiguas. Lo que me parece curioso es que algunos sólo vean la solución de este problema en la destrucción de los instrumentos de regulación, cuando lo que haría falta sería reforzar y democratizar dichos instrumentos.

domingo, 9 de octubre de 2011

España vuelve a ser un país de emigrantes


Más de 500 000 españoles dejarán el país este año. Es la primera vez desde hace muchos años que la emigración supera a la inmigración
 
Por primera vez, pesa más que la emigración de inmigración. Más de medio millón de personas saldrán del país y la explicación es simple: la crisis económica y el desempleo.

Durante este año 580.850 personas han abandonando el país en busca de trabajo, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es más del doble que la registrada en 2008.

Causas de la emigración: crisis económica y paro

Para los analistas, la causa es clara: la crisis económica y el paro. España se convirtió hace unos años en el país de la Unión Europea que recibía  más extranjeros. De hecho en el mundo sólo era superada por los Estados Unidos. Estos datos, apoyaban la previsión de que la población llegaría a 49 millones en 2018. Ahora, por primera vez, las perspectivas son pesimistas: en diez años, el número de habitantes es el 2% menor que el actual, 46,1 millones. Cataluña es la región donde el número se reducirá aún más.

Emigración cualificada

"Los Estados desarrollados quieren inmigración cualificada. Y nosotros tenemos mucha que ofrecer por la falta de expectativas de aquí". afirmo al diario El País el demógrafo Antonio Izquierdo, de la Universidad de La Coruña.

Baja tasa de natalidad

La tasa de natalidad tampoco tiene visos de  aumentar. La tasa actual es del 4,7%, inferior a la década anterior. La edad media de las mujeres que tienen hijos es de más de 31 años.

"Las mujeres retrasan el momento de tener hijos, con lo que acortan el calendario de maternidad, y en momentos de crisis posponen la decisión de tenerlos. Si la crisis dura mucho, se puede perder una generación de natalidad"